Spencer Tunick

Spencer Tunick

Examen a los protagonistas

Spencer Tunick

Por una transgresión conformista

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El fotógrafo norteamericano Spencer Tunick (Middletown, Nueva York, 1967) organiza hoy en Canarias una de sus célebres sesiones fotográficas de gente desnuda en un entorno no playero. Cuanta más, mejor. Ya conocemos el modus operandi de nuestro hombre: llega a algún sitio, convoca a las masas a despelotarse (¡gratis!) en un sitio mono, las retrata y, ¡zás!, ya tiene otra iniciativa cultural transgresora en el zurrón que será reproducida en diarios de todo el mundo. Luego se va a casa a contar los billetes cual tío Gilito, a disfrutar de su muy rentable transgresión y a preparar la siguiente, que consistirá, ¡oh, sorpresa!, en volver a reunir a un montón de gente en pelotas para monetizarlos convenientemente. Y así sucesivamente.

Para triunfar en el mundo del arte basta con una sola idea. Fíjense en Piet Mondrian, que se le ocurrió lo de los cuadraditos de colorines y se pasó toda la vida dibujándolos. De hecho, la evolución creativa suele trabajar en contra de quien la experimenta, pues los críticos y los coleccionistas no la entienden y preferirían que siguiera pintando como al principio, cuando se hizo famoso: lo más rentable, amigos, es pintar el mismo cuadro hasta el día del juicio (o rodar la misma película, o escribir el mismo libro).

El señor Tunick empezó su discutible carrera fotografiando a personas desnudas por las calles de Nueva York (probablemente, perturbados mentales) y, poco a poco, fue incrementando el número de personas, que se prestaban eufóricas a servirle de modelos, ¡y sin cobrar ni un duro! Y muchas de ellas declaraban, tras cumplir con su misión, que se encontraban mejor que antes, que se habían quitado un peso de encima y que su autoestima había subido de manera notable.

Puede que haya quien vea en las fotos del señor Tunick una manera de ligar (“Ya que estamos desnudos, follemos, ¿no”), pero me temo que quedarse en pelotas en Times Square a mitades del mes de enero no debe ser una experiencia tremendamente sensual. Puede que a gente como Íñigo Errejón y Juan Carlos Monedero, que se metieron en política para darle al cuerpo un poco de alegría macarena, la propuesta del tío Spencer les parezca interesante, pero su problema es que los reconocerían y las mujeres ya están avisadas de sus tendencias depredadoras tirando a cutres.

Aunque me cueste entender para qué se va uno a apuntar al foto-nudismo del señor Tunick (sobre todo, sin cobrar) lo cierto es que el hombre tiene donde seleccionar, ya que ahí donde va, salen nudistas transgresores de debajo de las piedras dispuestos a cambiar el mundo con el culo (o con la punta de la…). Tampoco entiendo muy bien por qué la sociedad se toma tan en serio a un cantamañanas como Spencer Tunick, que lleva treinta años tirando la misma foto para no llegar, en el fondo, a ninguna parte. Ya nadie (o casi nadie) se escandaliza ante la desnudez. Puede que su ideaca hubiese servido para algo en los años 40, pero, ¿ahora?

Su falsa transgresión, eso sí, ayuda a los alcaldes de las ciudades en que actúa a sentirse más progresistas de lo que realmente son, algo que suelen agradecer y que les sale (casi) gratis (por no hablar de la promoción turística de cada ciudad). De esta manera, el (presunto) transgresor y el político que podría prohibir sus, digamos, instalaciones, se montan una performance que a ambos beneficia y que, además, es completamente inofensiva. Y así, todos contentos.