La consejera delegada de Carrefour España, Elodie Perthuisot
Presumir de apoyo al producto local exige algo más que campañas de márketing. Exige rigor. Y bajo la dirección de Elodie Perthuisot, Carrefour España vuelve a verse envuelta en una polémica que pone en duda si ese compromiso se traslada realmente a la información que recibe el consumidor.
La cadena ha promocionado la horchata Chufi como si estuviera amparada por la Denominación de Origen Chufa de Valencia, pese a que la propia DO confirma que la marca ya no forma parte de ella.
Carrefour puede alegar que se trata de un error, de un folleto desactualizado o de un simple descuido. El problema es que no se trata de un caso aislado, sino de un nuevo episodio que se suma a una larga lista de polémicas relacionadas con el origen y el etiquetado de los alimentos.
Hace apenas unas semanas, Consumidor Global destapó cómo la compañía comercializaba boniato procedente de Estados Unidos presentándolo de una forma que inducía a pensar que era español. Antes, organizaciones como Cecu y Coag ya habían denunciado a la cadena por el supuesto incumplimiento de la normativa de etiquetado en unos tomates cherry. Cuando los mismos errores se repiten una y otra vez, la explicación del despiste empieza a perder fuerza.
El consumidor actual paga cada vez más por el origen de los alimentos. Quiere apoyar a los agricultores españoles, proteger las denominaciones de origen y saber exactamente qué está comprando. Aprovechar esa confianza —aunque sea por negligencia— erosiona uno de los activos más valiosos de cualquier gran distribuidor: la credibilidad.
Carrefour dispone de recursos, equipos especializados y capacidad suficiente para verificar la información que publica en sus lineales, folletos y campañas promocionales. Precisamente por eso resulta difícil aceptar que este tipo de equivocaciones sigan produciéndose. Una multinacional de su tamaño no puede permitirse fallar en cuestiones tan básicas como trasladar información exacta sobre un sello de calidad oficial.
Elodie Perthuisot ha insistido en numerosas ocasiones en que Carrefour quiere diferenciarse por su cercanía al productor y por su apuesta por los alimentos locales. Sin embargo, esa estrategia pierde fuerza cuando la realidad contradice el discurso. No basta con llenar los anuncios de referencias al campo español; también hay que garantizar que cada mensaje comercial sea preciso, verificable y respetuoso con el consumidor.
Porque la transparencia no consiste en reaccionar cuando estalla una polémica. Consiste en evitar que llegue a producirse. Y, por ahora, Carrefour sigue suspendiendo un examen que debería tener aprobado desde hace mucho tiempo.