Pila verde: Chris Isaak EFE
Cuando se dio a conocer en 1984 con su primer disco, Silvertone, el mundo del pop se dividió en dos (exagero, tampoco fue tan brutal el éxito): los que consideraban a Chris Isaak (Stockton, California, 1956) un cantautor rancio con una voz a medio camino entre la de Elvis y la de Roy Orbison cuyas canciones sonaban a algo grabado a finales de los 50 y los que, admitiendo esas tendencias, lo encontrábamos interesante y capaz de mantener la nostalgia dentro de unos límites razonables (hubo una época en la que mi amigo Loquillo bebía los vientos por él).
Con su gran estatura, tupé en ristre y trajes de cowboy de ciudad (de otro planeta, probablemente), el hombre dejaba bien a las claras qué música era la que le gustaba: la de los inicios del rock & roll. Pero los resultados, afortunadamente, iban bastante más allá de la nostalgia y el homenaje permanente a los good old days.
Las mujeres lo encontraban muy guapo, los hombres hallaban consuelo en sus baladas de amor no correspondido y todos contentos. O, por lo menos, los que nos molestábamos en tomárnoslo en serio (tongue in cheek) y nos interesábamos por sus cosas rancias y bellas a más no poder.
La mayoría de la gente ni se enteró de su existencia, ni aquí ni en el mercado anglosajón: el hombre siempre ha tenido una base de fans internacional lo suficientemente amplia como para vivir decentemente, pero no para poder disponer de un avión propio, para entendernos.
Chris Isaak actuó anoche en Barcelona y, dos días antes, en Bilbao. Y en ambos sitios lo estaban esperando sus fans, que no sirven para llenar un estadio durante diez días, pero se comportan bien con él. Nuestro hombre vivió un largo instante de gloria gracias a una canción, 'Wicked game', joyita incluida en su tercer álbum, 'Heart shaped world' (1988).
David Lynch incluyó una versión orquestal del tema en su película Corazón salvaje, y de ahí surgió una buena amistad que llevó al señor Isaak a aparecer haciendo de agente del FBI (junto a David Bowie) en el largometraje 'Twin Peaks: Fire walk with me'. Ya metido en el audiovisual, tuvo dos programas en televisión, aunque no duraron mucho.
Sin prisa, sin pausa y sin prestar mucha atención a la evolución de la música popular, Chris Isaak ha ido facturando sus discos con tranquilidad, rozando la perfección especialmente en 'San Francisco Days' (1993), 'Baja Sessions' (1995) y, ya en el siglo XXI (aunque él siga viviendo a finales del XX), 'Mr. Lucky' (2009), su secuela en directo, grabada en nuestro país, 'Mr. Lucky in Spain' (2017) y 'Beyond the sun' (2011, un doble disco de versiones de clásicos grabados inicialmente por el gran Sam Philips para su sello musical, Sun Records).
Más americano que la mantequilla de cacahuete, nuestro hombre grabó también dos álbumes de villancicos, 'Christmas' (2004) y 'Everybody knows it´s Christmas' (2022), uniéndose así a la larga lista de cantantes que han contribuido a que a la gente nunca se le quite de la cabeza la melodía de Blanca Navidad y que va de Bing Crosby a M. Ward pasando por el mismísimo Bob Dylan, cuyo disco de villancicos era de lo más deprimente jamás grabado.
Chris Isaak acaba de cumplir 70 años. Yo también. Y me es muy útil su presencia para esquivar la sensación de decrepitud: le echo un vistazo a su tupé y les aseguro que me vengo arriba.