Josep Oliu

Josep Oliu

Examen a los protagonistas

Josep Oliu

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El Banco Sabadell está de enhorabuena. Sus acciones cotizan a los precios más elevados en casi dos décadas. Habría que remontarse a los inicios de la pasada crisis financiera para encontrar los títulos de la entidad por encima de 3,48 euros. Su capitalización bursátil supera ya los 17.500 millones de euros. Hecho, éste sí, inédito.

No es casual el impulso de la entidad en los últimos días. Para el final de la semana está previsto un hito histórico en su dilatada trayectoria de casi 150 años: el reparto de nada menos que 2.500 millones de euros, en forma de dividendo extraordinario por la exitosa venta del británico TSB. Como si de una superproducción cinematográfica se tratara, nadie se lo ha querido perder.

Muy lejos han estado de cumplirse los augurios que hablaban de un desplome del banco en el caso de que la OPA del BBVA no saliera adelante. El tiempo no ha tardado en demostrar que la brillante trayectoria en bolsa del Sabadell no se sostenía en una oferta, por lo demás hostil y que incluso el mercado acabó dando por superada hasta el arreón final del potencial comprador en forma de mejora.

El valor bursátil del Sabadell, contando con la reinversión de los dividendos, se ha multiplicado por 12 en poco más de cinco años. Justamente el doble que la media de los bancos españoles. Y cuatro veces más que el promedio de los títulos que integran el Ibex 35. Cifras muy gruesas para ser atribuidas a un episodio concreto, a una ocasión puntual. Más bien parecen ser el fruto de una acertada gestión, una política de riesgos adecuada… y, no menos importante, un especial cuidado por el cliente y el accionista. Figuras que, en el caso del Sabadell, son especialmente coincidentes.