Iolanda Segura, portavoz del sindicato de docentes Ustec / EP
Las reivindicaciones del sector docente sobre sus condiciones salariales se han convertido en un asunto especialmente delicado para la Generalitat. El ambiente se ha encrespado hasta límites que pocos podrían pensar al principio. A esto se une la cercanía del final del curso y las consecuencias que para la vida cotidiana está teniendo la intensa actividad de los trabajadores, en forma de cortes de carreteras y manifestaciones.
De ahí que sea un conflicto que requiera una diplomacia prácticamente quirúrgica para abordarlo. Como representante del colectivo docente, el sindicato Ustec está perfectamente legitimado para manifestarse, expresar con vehemencia sus reivindicaciones y extender entre los ciudadanos mensajes que les hagan tomar conciencia de la necesidad de mejorar la situación laboral.
Sin embargo, lo que se muestra especialmente inoportuno es emplear instrumentos como el ultimátum, como ha hecho en las últimas horas la portavoz de Ustec, Iolanda Segura. Amenazar al Govern con levantarse de la mesa definitivamente si en el próximo encuentro no se alcanza una solución no aporta nada positivo a la negociación. Y, en cambio, añade aun más tensión y crispación, que no son ingredientes que suelan fomentar la claridad de ideas con vistas a encontrar salidas a los conflictos.
Si la situación no fuera especialmente grave no se hubiera llegado al punto actual. Pero incluso así, todo puede ir a peor. Y cuanto más pequeño sea el margen para llegar a un acuerdo, peor va a ser el que finalmente se alcance. Eso, en el caso de que se consiga. Como en la inmensa mayoría de estos conflictos, a la solución se llega mediante cesiones de ambas partes. Y las posturas extremas cierran las puertas a esta solución, prácticamente natural.