Pila roja a Miquel Argelich
Tecnotramit atraviesa probablemente su momento más delicado desde la fundación de la compañía.
Lo que durante años se presentó como un modelo eficiente de gestión de activos vinculados al sector inmobiliario ha terminado derivando en una preocupante combinación de desorden financiero, decisiones cuestionables y una pérdida de confianza que amenaza con ser irreversible, de la mano de su presidente, Miquel Argelich.
Los números, por sí solos, ya dibujan un panorama preocupante. Una deuda a corto plazo que supera los 60 millones de euros frente a unos exiguos 2,7 millones de fondos propios no es simplemente una señal de alerta: es una evidencia de gestión profundamente desequilibrada.
A ello se suma un fondo de maniobra negativo desde hace años, agravado hasta los -9,9 millones en 2024, y una ratio de liquidez de apenas 0,04. Traducido: Tecnotramit apenas dispone de recursos inmediatos para afrontar sus compromisos más urgentes.
Pero el problema no es únicamente contable. Lo verdaderamente grave es el impacto que esta gestión ha tenido sobre terceros. Las acusaciones de retención de fondos de clientes —dinero que debía destinarse a la Agencia Tributaria— sitúan a la compañía en un terreno especialmente resbaladizo.
Estos importes habrían sido utilizados para sostener la tesorería de la empresa, dejando a particulares expuestos a sanciones, recargos e incluso embargos. Una práctica que, de confirmarse, traspasa la frontera de la mala gestión.
Argelich ha intentado restar hierro al asunto, hablando de “retrasos regularizados” y negando cualquier irregularidad estructural. Sin embargo, el daño está hecho.
La banca ha reaccionado, las colaboraciones se enfrían y los clientes empiezan a marcharse. En un sector donde la confianza es el principal activo, perderla equivale a dinamitar el propio negocio.
La situación interna tampoco invita al optimismo. La elevada rotación de personal y el volumen de salidas reflejan un clima laboral tensionado, posiblemente consecuencia directa de la incertidumbre financiera.
Mientras tanto, la empresa sobrevive aplazando pagos y dependiendo de financiación externa, una estrategia que difícilmente puede sostenerse indefinidamente.