Una imagen de Gonzalo Cortázar de archivo
Una vez más, el consejo de Caixabank ha podido presentarse ante los accionistas del banco respaldado por un balance más que notable, resultado de una gestión solvente y de haberse ganado el favor de los inversores. Las juntas no dejan de ser un examen exigente para los gestores de las compañías cotizadas, aunque raramente emiten esa sensación.
Uno de los "culpables" de que eso suceda, esto es, que las juntas parezcan paseos militares, es Gonzalo Gortázar. Su condición de ser uno de los consejeros delegados más longevos de la banca española ha contribuido a hacer habitual algo que, en realidad, es excepcional.
Al margen del siempre silencioso y poco agradecido día a día (clave, al fin y al cabo), la labor de Gortázar fue clave en el proceso de fusión con Bankia. Una de las operaciones que figurarán en los libros de historia como ejemplar. En todos los sentidos. Y que cuando está a punto de cumplirse el quinto aniversario de su ejecución efectiva, aun se nombra en las juntas de Caixabank, especialmente para hacer hincapié en la eficacia a la hora de realizarla en tiempo récord.
La historia y experiencias posteriores han demostrado que no se trata de maniobras precisamente sencillas. Y que si da esa apariencia es porque detrás hay mucho trabajo y muy bien hecho. De ello, pueden dar fe los accionistas de Caixabank. Son los que hoy día disfrutan de un retorno acumulado del 565% en esos cinco años. Un motivo más que sobrado para que Gortázar y el resto del consejo puedan presentarse cada año ante sus verdaderos jefes con la cabeza alta.