La actriz Leonor Watling

La actriz Leonor Watling

Examen a los protagonistas

Leonor Watling

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¿Pegatina?: no, gracias

El cine español parece haberse propuesto ejercer de voz de la conciencia de toda la sociedad, como demuestra cada año en la ceremonia de los premios Goya, donde todos los participantes compiten en pogresismo y en la reivindicación de causas indudablemente nobles, teniendo mucho cuidado, eso sí, a la hora de poder ofender al gobierno (si dice ser de izquierdas) y acabar en alguna lista negra de gente a la que nunca le caerá una subvención. Actores y directores podrían limitarse a agradecer los galardones (sin tener que soltar una retahíla de agradecimientos en la que no falte ni la abuelita, sobre todo si perdió la guerra) y a intentar ser amenos y hasta chisposos. Es decir, que nos podrían ahorrar los sermones.

La ceremonia de los Goya suele ser un ladrillo interminable, hagas lo que hagas por evitarlo. El año que me tocó escribir el guion, (junto a Isabel Coixet y nuestro difunto amigo Juan Potau, hicimos lo que pudimos para que la ceremonia de marras fuese más amena, pero no lo conseguimos: nos salió un truño, como el del año anterior y el siguiente. Es como si rigiera una maldición sobre las ceremonias de premios (la de los Gaudí es de risa, de acuerdo, pero los BAFTA y los Oscar también son sendos peñazos). ¿Es necesario empeorarlas con ampulosas declaraciones políticas que no sirven para nada más que para que actores y directores crean estar en el lado correcto de la historia?

Hay causas y causas. Las hay de primera, de segunda y de tercera regional. En este podio, el número uno lo sigue ocupando Palestina. De ahí que todo el mundo apareciera en el acto con su pegatina palestina, empezando por los presentadores, Rigoberta Bandini y ese actor tan tronchante y divertido que es Luís Tossar. ¿Todo el mundo? No exactamente. Leonor Watling (Madrid, 1975) dijo que ella no se ponía la chapa solidaria. Y no porque fuese un infra ser de la fachosfera, ni una feroz sionista partidaria de la destrucción de Gaza, sino porque, según dijo, la tragedia palestina no es la única a la que asistimos en estos momentos y que, si le diera por las pegatinas, llenaría todo el vestido con banderitas de gente que las está pasando canutas.

Fue la suya una llamada a la cordura que dudo mucho que sea escuchada. Hay que sumarse a la masa, y si la única causa de primera clase que hay es Palestina, no se admiten intromisiones de gente que nos haga recordar que lo de Ucrania sigue adelante, que los ayatolas iraníes se cargaron a 50.000 personas en la represión de disidentes o que el extraído Nicolás Maduro era una rata inmunda. Todo eso son, al parecer, desgracias de segunda. O de tercera regional. O Palestina o nada.

Así pues, nada. Esa fue la decisión de la señora Watling (muy graciosa, por cierto, en la serie de Pantomima Full Entrepreneurs, interpretando a una marquesona absurda), que desde aquí aplaudo enfervorizado. Ojalá hubiese más gente en el oficio que le dijera a sus colegas que a ver si dejan de hacer el pamplinas cada año en la ceremonia de los Goya.