Jeff Bezos, fundador de Amazon
Nada como un buen soborno
Hace falta ser pelotillero y servil para gastarse 60 millones de dólares en un documental (que nadie estaba esperando con ansia) sobre la parienta del actual presidente de los Estados Unidos, con la evidente intención de congraciarse (aún más) con éste y beneficiarse de la riqueza y los privilegios que lo envuelven.
¿O es que alguien puede creer que el todopoderoso patrón de Amazon (y propietario de Metro Goldwyn Mayer), Jeff Bezos (Albuquerque, Nuevo México, 1964), está convencido de que Melania es la película que los espectadores de todo el orbe civilizado anhelaban ver en la gran pantalla?
Y es que el hombre no da puntada sin hilo. Podría haber colgado el documental (dirigido por Brett Ratner, responsable de algunas películas de acción tirando a ramplonas, y que almacena algunos problemillas derivados de tener las manos muy largas, como el marido de Melania) en su plataforma de streaming, directamente, pero igual pensó que el Hombre Anaranjado no se daría por satisfecho con eso.
De ahí que se haya dejado una fortuna en promoción y alquiler de salas para exhibir la obra maestra del señor Ratner, que igual sale un día de éstos en los archivos de Epstein.
Para más inri, mientras el pelota de Bezos se gasta una pasta gansa en la distribución de su servil documental, nos enteramos de que está despidiendo empleados a cascoporro, pues parece que no llega a fin de mes, el pobre.
Venimos de su ridículo, oneroso, provinciano y nuevo rico casorio con Lauren Sánchez, esa señora tan mal operada para la que cerró la ciudad de Venecia para disfrutar de ella como decorado privilegiado de su bodorrio (igual le sirvió para deslumbrarla y así convencerla de que firmara un acuerdo prenupcial de esos que no pillas nada si te divorcias del ricachón de turno, pero, ante esa actitud de la señora Sánchez consistente en abrirse paso por la vida con las tetas falsas, lo dudo).
Y tras la boda del siglo, el soborno del siglo, para congraciarse aún más con el abyecto Donald Trump mientras éste califica de terroristas a los muertos de Minneapolis.
A muchos nos caía bien Bezos cuando solo era un súper tendero que nos enviaba libros, discos y películas en DVD, pero desde que se ha convertido (en feroz pugna con Elon Musk) en el villano de una aventura de James Bond, el tipo ha dejado de hacernos gracia.
Sí, le seguimos comprando cosas sin molestarnos en saber lo que cobran sus repartidores, pero lo hacemos con cierto complejo de culpabilidad.
Y a todo esto, no sabemos lo que piensa la homenajeada Melania, esa chica que llegó a Nueva York desde un pueblo de Eslovenia para ganarse la vida de modelo (y lo que surja), y acabó adquirida por Trump en condición de trophy wife.
Parece que ha optado por dejarse adular y mirar hacia otro lado, aunque la cámara se centre en ella. Hay que reconocer que aplomo no le falta.