Lluís Llach, presidente de la ANC
El presidente de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), Lluís Llach, sigue la estela de Oriol Junqueras y Carles Puigdemont.
No se retira. Y, encima, sigue aferrado a la polémica, empeñado en dividir a la sociedad y en inyectar su veneno independentista a todo lo que puede. En este caso, al caos de Rodalies.
El veterano cantautor está ahora molesto con los usuarios de los trenes porque han convocado una manifestación --que ha contado con el apoyo de diversas entidades y organizaciones-- el mismo día que la ANC.
La ANC que preside, según dice, la montó primero. Y, pese a que una sea por la mañana del próximo 7 de febrero y la otra por la tarde, Llach quiere que la plataforma de usuarios cambie la suya de día. Y todo, para no eclipsar su intento de vincular el legítimo malestar con el servicio de Cercanías con la "dependencia de España".
Es absurdo, cansino y alejado de la realidad catalana actual. Que, como muestran todos los sondeos, cada vez pasa más del secesionismo y sus soluciones mágicas. Y busca respuestas reales a sus problemas, que son muchos.
Y también pasa de la confrontación. Aunque ya no es ninguna sorpresa que entidades como la ANC o el Consell de la República, aliado de Llach en esta empresa, sólo puedan vivir del conflicto y la división.