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Xabi Alonso tenía las horas contadas. El entrenador de 44 años nunca terminó de agradar a Florentino Pérez. El presidente del Real Madrid siempre soñó con Jürgen Klopp, director global del grupo Red Bull. Sin embargo, le dio la oportunidad al exjugador merengue, que había ganado la Bundesliga con un estilo más propio de la escuela de Pep Guardiola que de la mourinhista.

Alonso quiso aplicar sus métodos nada más llegar. Sin embargo, con el paso del tiempo fue perdiendo la confianza de un presidente que nunca estuvo convencido al 100% y de la plantilla. Sobre todo, de los pesos pesados de la plantilla. Que la relación entre las vacas sagradas y el técnico ya se sabía, pero quedó expuesto ante el mundo en Arabia.

Xabi Alonso y Hansi Flick EFE

El Madrid perdió la final de la Supercopa de España ante el eterno rival, el Barça (3-2). Eso sí, compitiendo hasta el último pitido de Munuera Montero, aunque con un Xabi Alonso rechistando de su propio estilo. El elenco merengue se encerró atrás, esperando a su oportunidad para salir al contragolpe. La estrategia, que ya la aplicó el míster como discípulo de José Mourinho, casi le sale. Y parecía que había esquivado el despido.

Relación rota

No obstante, el verdadero problema se expuso durante la celebración de la Supercopa. El Barça hizo el pasillo de honor al Madrid. Alonso, que había seguido las directrices de Mourinho en su planteamiento, siguió las buenas maneras de Pep Guardiola, otro mentor, con la intención de saludar al equipo campeón. Kylian Mbappé decidió que no tocaba.

Alonso pidió a la plantilla, después de recoger la medalla de plata, que se acercara al escenario y a la alfombra roja colocada sobre el verde. El delantero francés contradijo a su entrenador. Primero, con los brazos en jarra, desoyéndolo. Después, pidiéndole que se marchara de ahí. El vestuario hizo caso a Mbappé. A Alonso no le quedó más remedio. No podía quedarse solo.

Los días contados

El míster de Tolosa cambió su estilo propositivo por uno mucho más pragmático. El clásico que el Madrid ganó en octubre (2-1) en el Bernabéu tenía que ser un punto de inflexión. Al final, el que salió reforzado fue el Barça, que cambió totalmente su dinámica negativa. El madridismo ya alzaba las campanas al vuelo, pero a la semana veía como un mal Liverpool vencía en Anfield.

Kylian Mbappé, molesto con la medalla de subcampeón tras la final de la Supercopa EFE

Después llegaron tres empates consecutivos en Liga ante Rayo Vallecano, Elche y Girona. También una victoria demasiado sufrida contra el Olympiacos (3-4). Entonces, a Alonso se le puso una fecha límite: el duelo contra el Manchester City. El míster español, a pesar de perder, algo que había hecho su equipo justo antes contra el Celta de Vigo (0-2), siguió en el cargo. Puso a los citizens contra las cuerdas.

Desde entonces, todo fueron victorias y mejores sensaciones. La única derrota en este tiempo fue la de final de la Supercopa, donde el Madrid convenció e incluso se afirmó que salía reforzado del fracaso en Yeda. Para Florentino, la caída por la mínima no fue suficiente. El presidente tenía ganas de cargarse al técnico tolosarra. Guardiola le recomendó a su homólogo que meara con su propia colonia. Alonso le desdijo en el clásico y no ha esquivado un destino final que ya llevaba semanas escrito.

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