El Camp Nou indultó a Dembelé. El francés fue el gran protagonista del partido gracias a sus fintas, velocidad y verticalidad, para desquicio de Pedraza. Se llevó la primera ovación del partido. El delantero empezó con ganas, muy enchufado, y a los pocos minutos deleitó a la grada con cuatro regates consecutivos por la banda que levantaron los aplausos de la afición. Fue el inicio de la reconciliación.

Hubo unanimidad para ovacionar a Dembelé. El francés cambió los silbidos de hace unas semanas ante el Sevilla por aplausos. Sus cabalgadas ante el Villarreal maravillaron a la afición culé y pusieron los cimientos del triunfo de los azulgranas. Aunque no marcó, completó una gran actuación y asistió a Piqué en el 1-0. Dembelé fue quien más peligro generó durante el partido. Por eso el Camp Nou acabó coreando su nombre.

El regate de la insistencia

Lo cierto es que siempre se podrá hablar de los altibajos de Dembelé, o incluso de su falta de actitud en algunos momentos, pero jamás se podrá poner en duda su extraordinario talento. El francés lo volvió a demostrar este domingo con sus regates y, sobre todo, con una jugada que dejó sentado a Pedraza.

Dembelé regatea a Pedraza, del Villarreal / EFE

Dembelé regatea a Pedraza, del Villarreal / EFE

Dembelé recibió la pelota en el costado derecho del campo, bajo la marca de Pedraza. Tenía le determinación de desbordarlo para ganar la línea de fondo, pero el defensor del Villarreal ofreció resistencia. De este modo, el francés amagó una y otra vez, hasta marear a su marcador, y se sacó el centro para deleite de la grada.

Redención

Denostado no hace tanto por su comportamiento, Dembelé se sacudió las críticas sobre el terreno de juego. A base de fútbol. Poco a poco se van imponiendo los goles y el juego del francés, demasiado acosado por sus rarezas. Y el Barça lo celebra.

El conjunto azulgrana descubrió una nueva pareja de baile ante el Villarreal. Semedo y Dembelé conectaron a la perfección por el carril derecho del ataque del Barça. El francés leyó muy bien el partido y se asoció con el luso para desequilibrar el juego. Lo logró, a diferencia de Coutinho, quien tuvo más problemas para entenderse con Jordi Alba y superar a Mario Gaspar.

Dembelé parece otro futbolista en las últimas semanas. Mucho más maduro. Cada vez está más cerca de la versión que se esperaba de él a principios de temporada. Y de los más de cien millones de euros que costó.