José Mourinho dirige un entrenamiento del Real Madrid en el Estadio Alfredo Di Stéfano EFE
La campaña que están promoviendo, desde hace unos días, los altavoces y voceros de la caverna mediática para reivindicar el Balón de Oro hacia algún jugador del Real Madrid, léase Kylian Mbappé o Jude Bellingham, va camino en acabar en un desastre comparable a Waterloo para Napoleón o Stalingrado para Hitler. Por mucho que salga José Mourinho a proclamar a los cuatros vientos la idoneidad de sus pupilos para levantar el trofeo a mejor jugador del mundo, lo cierto es que pocos le dan cuerda y aún menos credibilidad. Tanto es así, que parecen más actos propios de una persona acorralada, que asume casi su derrota e intenta dar un último y desesperado zarpazo, en un acto de amor y fidelidad al club que le paga.
Si Mourinho hubiera tenido el mínimo interés de conocer los tres postulados que argumentan los organizadores del premio para conceder los votos ya se daría cuenta que sus jugadores parten con una desventaja insalvable.
Vamos por partes: el primer factor que se recomienda tener en cuenta son los méritos y rendimiento individual. Aquí ya entraríamos a valorar muchos inputs, porque si bien Mbappé fue el pichichi, no conquistó la Bota de Oro, que fue a parar a Harry Kane. Tampoco Bellingham cuajó una temporada para tirar cohetes precisamente, afectado por su operación en el hombro. En el Mundial, ambos jugadores ofrecieron una versión notable, pero tampoco diríamos que estuvieron a la altura de Messi o Rodri, por poner un ejemplo. En todo caso, se trataría de un postulado donde tanto Mbappé como Bellingham podrían aspirar a estar en el podio, en el mejor de los casos.
El segundo argumento es el que deja a ambos jugadores del Real Madrid fuera de cualquier ecuación, a no ser que a partir de hoy el trofeo Teresa Herrera se considere un premio a la altura de LaLiga, el Mundial o la Champions. Estamos hablando de los logros colectivos, es decir, del papel que ha tenido el futbolista en cuestión en los títulos conquistados. Y claro, si mi memoria no me falla, el Real Madrid hizo honor al color de su camiseta, quedándose en blanco. Y en el Mundial ninguno pudo llegar a la final, cayendo en las semifinales. Vamos, como diría un expresidente español que últimamente ha renacido cual ave Fénix: 'cero patatero'.
El tercer postulado que se valora en las votaciones es el Fair Play o actitud del futbolista dentro del terreno de juego. Un argumento polémico, que acabó con Vinicius destronado, cuando todo el mundo le daba como claro ganador en el 2024, a favor de Rodri, entonces jugador del City. Se trata, sin duda, del más arbitrario y subjetivo de los contenidos para votar, pero no es menos cierto que en aquella época el brasileño estaba inmerso en todos los fregados y polémicas habidas y por haber, siendo un mal ejemplo para muchos jóvenes.
Así pues, descartado de forma categórica cualquier jugador del Real Madrid, nos encontramos con dos reales posibles candidatos en la Liga y, cómo no, ambos jugadores del FC Barcelona. Estamos hablando de Lamine Yamal y Rodri. Ambos, junto a Harry Kane --lo ganó todo con el Bayern, excepto la Champions, y conquistó el trofeo a mejor goleador de Europa-- y posiblemente Erling Haaland, que fue capaz de llevar a Noruega a cuartos de final de un Mundial por primera vez en su historia y ganador de la FA Cup y la Copa de la Liga con los citizen, son los que acabarán por llevarse el gato al agua.
No hay duda que Lamine parte como mejor posicionado: no en vano, el año pasado quedó segundo, sólo superado por un pletórico Ousmane Dembélé. Ahora, el de Rocafonda llega con más opciones incluso, tras ganar el Mundial, si bien es cierto que su participación no fue estratosférica, por culpa una lesión en los isquiotibiales que le impidió brillar del todo. De ahí que su compañero Rodri, que no tuvo un gran año en el City, también se postule como un firme candidato, sobre todo tras ser proclamado mejor jugador del Mundial.
Sea como fuere, lo que está claro es que este Balón de Oro, que se entregará a finales de octubre en París, pinta a blaugrana, se mire por dónde se mire, para mayor inquina y frustración de Mourinho y todos sus acólitos, que no son pocos.