Pásate al MODO AHORRO
Raphinha conduce el balón en el partido Australia-Brasil

Raphinha conduce el balón en el partido Australia-Brasil EUROPA PRESS

Hablemos del Barça

La bola negra

Publicada
Actualizada

En la obra inacabada del poeta Federico García Lorca, La bola negra, que gracias a los Javis (Calvo y Ambrossi) se ha recreado y encumbrado hasta las últimas consecuencias en un film tan portentoso visualmente como arriesgado en su temática, nos adentramos en lo más profundo de este genio granadino, al introducir por primera y única vez un protagonista homosexual. En las pocas páginas del manuscrito que se salvaron de la Guerra Civil, se cuenta la historia de Carlos, un joven de 20 años, que en su intento de entrar como socio en un Casino es rechazado en una votación donde el 'sí' atiende a una bola blanca y el 'no' a una negra. Carlos se encuentra en la tesitura de ser rechazado por una mayoría de bolas negras por culpa de su condición de homosexual. Y a partir de aquí, no se sabe nada más de la historia, sólo que la estructura estaba integrada por un total de 29 personajes.

Desconociendo cuál era el futuro que tenía asignado Lorca para Carlos, aunque su aliento vital en los últimos años de su vida presagiaba a un desenlace trágico, lo cierto es que la bola negra es una metáfora que se puede emplear en muchas facetas y situaciones de la vida, como advenimiento del infortunio y del rechazo.

Extrapolando a nuestro ecosistema más cercano y reconocido, cada vez que hay un parón de selecciones en el calendario, el bombo de las bolas negras empieza a rodar de forma cruel e inexorable. Pocas bolas blancas aparecen por el camino, mientras que las negras se ciernen en el horizonte con consecuencias imprevisibles.

En este último parón, que aún no ha finalizado, ya hemos sacado dos bolas negras. Una ha sido benévola para los intereses del club, ya que las molestias de Eric García en su rodilla han acabado siendo una leve sobrecarga. La otra sigue acechando como una sombra mefistofélica, ya que Raphinha se retiró por culpa de una molestias en el muslo derecho. El caso del brasileño es más grave, si cabe, porque es la tercera vez consecutiva que el jugador tiene una incidencia cuando juega con su selección. Le pasó en marzo en un amistoso con Francia, volvió a reincidir en el Mundial, jugando contra Haití, y ahora ha vuelto a dejar sin aliento a los culés, tras no salir en la segunda parte del amistoso contra Australia.

Con el diagnóstico y el pronóstico aún en el aire, lo cierto es que el Barcelona haría bien de reclamar daños y perjuicios de una puñetera vez ante un situación del todo insostenible. Si bien su lesión en el Mundial era comprensible: el jugador estaba obligarlo a darlo todo y más, mientras que Carlo Ancelotti debía asumir riesgos a tutti pleni, los otros dos casos -amistosos con Francia y Australia- son del todo imperdonables. El bueno de Carletto tendría que hacer una seria reflexión sobre si su egoísmo ha de pasar por encima de la salud de los jugadores.

Lo peor de todo es que las bolas negras siguen amenazando en el horizonte blaugrana. Ahora mismo solo Karim Adeyemi y pocos más se han exonerado de esta estulticia de calendario para los internacionales. Por poner un ejemplo, a España, donde el Barcelona cuenta con hasta seis futbolistas, aún le restan dos partidos más (Chequia y Croacia) por el camino para poner fin a esta tortura. Dos ocasiones más que el destino nos puede dejar caer la fatídica bola negra.