Cuatro meses después de ganar, arrasando, las elecciones a la presidencia del Barcelona se abrió, inesperadamente, el melón de la sucesión. Joan Laporta, lo muestran los estatutos del club, no puede enlazar un tercer mandato consecutivo y a cinco años vista, que se dice pronto, Rafa Yuste se ha postulado ya como su delfín.
Sucesor designado o, de momento, simple aspirante, el amigo de la infancia sueña (y lo proclama abiertamente) con ser el heredero. Y este paso al frente en este preciso momento ha provocado sorpresa en la junta. En el acto de la toma de posesión del primero de julio Laporta sostuvo que no contempla la opción de cambiar los estatutos y que 2031 marcará su final. Y es por eso que la proclama de Yuste motivó estupor.
“No es momento para hablar de esto” se desliza en el club, mientras entre la directiva el silencio es tan sepulcral como, se sospecha, incómodo. Lo es porque, entre otras cosas, se sabe de otras personas con lícitas aspiraciones a ser presidenciables y que han callado estos meses.
Se sabe, principalmente, de Elena Fort, apoyo incondicional de Laporta y que a finales de 2023 ya admitió su ilusión por convertirse en la primera mujer presidente del Barça… Algo que fue, curiosamente, apoyado entonces personal y públicamente por el mandatario.
“Como a todos los socios y socias del club, me gustaría algún día ser lapresidenta, claro. Y la reivindicación de que pueda haber una presidenta en el Barça la mantendré siempre” explicó Fort en momentos especialmente difíciles a nivel público, con los atrasos del regreso al Camp Nou en el primer plano y el evidente desgaste personal que eso le provocó.
Laporta, siempre tan cariñoso como cercano a su vicepresidenta, valora especialmente la gestión de Fort en los proyectos más complejos y problemáticos, al margen de considerar que es la mejor voz de la entidad por su valentía a la hora de aparecer en público, a riesgo de recibir severas críticas y hasta ataques personales.
Yuste y Fort forman parte del núcleo duro y más cercano al presidente. Del primero, vicepresidente deportivo, no se sabe con claridad su incidencia en las decisiones, precisamente, deportivas, en manos de Deco y del mismo Laporta. Cara amable de la Junta, entró como directivo en 2008, a la vez que lo hizo la hoy vicepresidenta institucional, siempre volcada en un área social que le ha dado más disgustos que alegrías… pero le ha servido para hacerse valer y mostrar su potencial.
Habrá que ver cómo se desarrolla este culebrón inesperado pero ya se sabe que el paso al frente de Yuste ha disgustado en la Junta, provocando extrañeza que Joan Laporta no haya intervenido. Lo que está claro es que este asunto de la sucesión del presidente, de la elección del o la aspirante que salga de la Junta deberá ser tratado con tiempo…
Pero, desde luego, no aún.