Víctor Font en el debate electoral de TV3 EFE
Víctor Font lo tiene tan crudo, tanto, que derrotar a Joan Laporta en las elecciones del domingo sería “la mayor sorpresa desde que Pujol ganó las elecciones a presidir la Generalitat de 1980 a Joan Reventós”. Recordado por un veterano y voluntarioso militante de aquella Convergència, lo sucedido hace 46 años (el 20 de marzo) significó un golpe durísimo para el PSC y un resultado inaudito. Nadie lo podía sospechar. Ni en el propio seno de CiU…
Viene a ocurrir algo parecido en estas elecciones a presidir el Barça, el club que quiso dominar Pujol desde la Plaça Sant Jaume impulsando la candidatura de Sixte Cambra para acabar con el mando de Josep Lluís Núñez en 1989. Pero Núñez fue, como Pasqual Maragall en el Ayuntamiento de Barcelona, una roca imposible de mover para Pujol.
Absolutamente irónica la comparación, el Laporta de 2026 que este domingo lo tiene todo a favor para renovar su mando en el Barça no es, para el imaginario popular culé, tan distinto a aquel Núñez de hace tantos años. Domina el escenario como pocos (quizá como ninguno en el entorno del club), no existe directivo o ejecutivo que se atreva a llevarle la contraria y tiene ganado el relato ante cualquier disidencia.
Font, como Cambra en 1989, se enfrenta a una empresa monumental, casi a una quimera, porque a pesar de presentar un proyecto sólido, amplio, variado, consistente y que debería ser ilusionante para cualquier socio/socia y abonado/abonada, choca contra la figura de un Laporta que se basta con repetir que su proyecto es la obra que ha salvado al Barça… Y con eso se basta. Y añadiendo el nombre de Flick, pues ya le sobra.
Los atrasos y sobrecostes en la remodelación del Camp Nou, la invisibilidad del nuevo Palau Blaugrana, las comisiones pagadas a Darren Dein por su ‘mediación’ en los contratos de Spotify y Nike, las palancas, los problemas con las inscripciones de futbolistas, el fiasco audiovisual y/o las pérdidas que han aumentado (se asegura) durante sus años de mandato quedan en un segundo o hasta tercer plano. Nada, parece, puede evitar una tercera victoria de Laporta en las urnas.
Pero, inasequible al desaliento, Víctor Font ha mantenido en las últimas semanas y los últimos días, el semblante del ganador, del convencido de su triunfo porque, sostiene, es la única salida que tiene el Barça para salir adelante. Empresario de indudable éxito, a pesar de las sombras que se han vislumbrado en las últimas horas, se niega a dar por perdida la carrera y, en primera persona, arrastra a los suyos.
“Y tú, ¿cómo lo ves?”, se ha repetido una, otra y otra vez en los actos del candidato. Una pregunta entre retórica y temerosa de la respuesta, intentando dar por hecho la existencia de opciones, reales, para vencer a un rival cuyo entorno descuenta los días para regresar a las oficinas del Camp Nou.
Pero ni la aparición en escena de Xavi Hernández dejando en mal lugar a Laporta, ni los mensajes desde el entorno de Leo Messi dando todo el crédito a las palabras del egarense han sido el golpe esperado.
Ni lo fueron las denuncias de mala praxis ni, tampoco, las rebajas prometidas a los abonados. Ni ese programa de 142 puntos. Ni la especulación de un regreso de Mateu Alemany o la insinuación del alejamiento de Jordi Cruyff del expresidente.
Con el apoyo público (y para muchos fuera de lugar) de Hansi Flick se sostiene que Laporta dio ese golpe de gracia al que siguió su discurso desacomplejado y hasta provocativo dirigido a un rival que enfoca este esprint final pendiente de un milagro.
Joan Laporta proclama que ha salvado al Barça y Víctor Font pregona que el Barça necesita más y mejor gestión y menos salvadores. Con ya 62.000 espectadores en las gradas para el partido frente al Sevilla, se considera que por encima de 40.000 socios y socias decidirán el camino.
Entre la lógica y el campanazo. Sin medias tintas, así serán las votaciones del domingo. Por cierto, en la historia del Barça, a diferencia del Real Madrid (Florentino-Sanz en 2000), nunca el presidente perdió unas elecciones…