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Víctor Font y Joan Laporta en un montaje

Víctor Font y Joan Laporta en un montaje Culemanía

Hablemos del Barça

Laporta y Font, dos estilos muy diferentes

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Una campaña electoral debería ser una confrontación constructiva de propuestas, ideas y modelos de club. Pero con Joan Laporta ya sabemos que será imposible. El expresidente, cuyo programa electoral brilla por su ausencia hasta el momento, prefiere el ataque personal, la gresca y la trifulca. Que se prepare Víctor Font para recibir una embestida diaria, una emboscada del expresidente. O conmigo o contra mí. De verdad, ¿alguien cree que actuando así, el expresidente conseguirá la unión del barcelonismo?. O es que, en realidad, lo prefiere dividido. Hay miedo. Si no, no se explica que los
37 directivos y ejecutivos que han dimitido cuenten en privado las múltiples irregularidades que se están cometiendo, pero no se atrevan a denunciarlo en público porque saben que, inmediatamente, pasarían a sufrir una campaña de desprestigio por antibarcelonistas.

Laporta se siente imbatible en la descalificación. Y por ahí es por donde llevará esta campaña. No quiere debatir si el socio merece volver al centro de las decisiones del club ni si el abonado, mayoritariamente en excedencia, se siente menospreciado o si las peñas, muchas a punto de cerrar, están abandonadas. Eso solo le interesa al socio y a Font, que se ha dedicado a hacer promesas electorales muy interesantes. Laporta prefiere atacar, atacar y atacar a la persona. Y si le atacan, se hace la víctima con el manido “contra todo y contra todos” y vuelve a atacar.

Laporta es especialista en hacer piruetas. Font dijo que el socio quiere un Barça moderno, con una imagen pública intachable, y que no esté en los juzgados por temas como el caso Negreira. Una reflexión que podría firmar cualquier socio mínimamente decente. Pues Laporta, uno de los causantes de la mayor crisis reputacional que ha sufrido el Barça, contratando y cuadriplicando una millonada al vicepresidente de los árbitros que ningún socio entiende todavía, se ha presentado como la víctima y ha acusado a Font de unirse a la caverna de Madrid, de la que por cierto, Laporta es tan
amigo. Increíble.

En todas las elecciones, Laporta ha utilizado una mentira para ganar. En 2003, prometió el fichaje de Beckham. Acabó en el Madrid. En 2021, dijo que él era el único candidato que aseguraba la renovación de Messi. Llegó y le despidió por la puerta de atrás. Una patada en el culo al mejor jugador de la historia del club. Y en estas elecciones, el bulo es que Flick solo seguirá con él. Otro embuste. Flick estará encantado con un presidente que enderece la economía y consiga Fair Play financiero para fichar, e inscribir jugadores, cosa que Laporta no ha logrado después de cinco años. Acaso, ¿el alemán fichó
por el Barça o por el FC Laporta? Igual es que el expresidente se cree que si no sale él se acaba el Barça. Está utilizando burdamente al entrenador del FC Barcelona y Flick se está dejando usar. Como socio, puede votar discretamente a quién quiera, pero ir a un acto electoral de Laporta y tomar tanto partido públicamente es muy poco elegante. Ni Guardiola ni Luis Enrique lo hicieron. Si Laporta no gana, ¿se podrá decir que Flick ha perdido las elecciones? Es innecesario y está feo. No es su papel.

Los jugadores han recibido el mensaje de que deben apoyar públicamente a Laporta si se quieren ver recompensados. Es una maniobra mezquina. De ahí que Lewandowski, que acaba contrato en junio, haya salido a elogiar a Laporta, y el expresiente haya pedido la renovación del polaco, a pesar de que ya no está para jugar, pero cuyo representante es Pini Zahavi, su amigo íntimo y socio. Un apoyo electoral bien vale un retiro dorado pagado por el club, que por mucho que Laporta diga que ha salvado económicamente, la realidad es que ha aumentado la deuda hasta los 2.500 millones y los fondos propios siguen siendo negativos de 150 millones. Presumir de ingresos cuando los gastos son superiores y has perdido 230 millones en cinco años, habiendo quemado 1000 millones de ingresos futuros en palancas no es, precisamente, salvar al Barça, es comprometerlo.