Joan Laporta, durante un acto en precampaña electoral REDES
Nada de lo que sucede en esta campaña hacia las elecciones presidenciales del Barça es nuevo. Las denuncias, las insinuaciones, las dudas sobre la transparencia de la gestión de la junta saliente, los ataques personales. Ya lo hemos vivido. Joan Laporta ha escrito un libro titulado Aixi hem salvat al Barça. Habrá que leerlo para saber cómo ha sido esa salvación porque las protestas sobre una gestión poco clara, las sospechas creadas sobre las salidas de algunos ejecutivos de alto valor y la afirmación de que el club está en riesgo, y alejado de los socios aparecen diariamente. No es el primer libro que Laporta escribe. Ya escribió uno hace años, cuando hizo su incursión en la política, llamado Un sueño para mis hijos. En este planteaba el compromiso de trabajar para que Cataluña fuera una nación libre y soberana con Estado propio. Apostaba fuerte. El desafío no duró mucho. Se rindió pronto.
El mejor Laporta, sin duda, es el que vimos en su primera etapa como presidente del Barça. Siempre mantendremos la duda de si lo logró porque estaba apoyado por un gran equipo, personas con objetivos concretos que querían lo mejor para el barcelonismo. Especialmente hablaban de transparencia. Y ese mismo Joan Laporta prometió muchas cosas que luego no se cumplieron.
Y el Laporta de hoy, el que llegó para dedicar los mejores años de su vida, tendría que recordar cómo alcanzó la presidencia. Hablando mal de Josep Lluís Núñez, acusándolo de intentar convertir el club en una sociedad anónima e incluso alegando que en las elecciones votaban los muertos. Que es feo y de mal gusto, y poco ejemplarizante. Por supuesto. Pero es lo que hay.