El presidente del Barça, Joan Laporta, y el vicepresidente deportivo, Rafa Yuste, durante el Inter-Bar (1) EFE
Desde un tiempo a esta parte, la figura del vicepresidente Rafa Yuste ha ido difuminándose de cualquier imagen relacionada con el primer equipo. Ni en los viajes ni en los entrenamientos, el directivo se acerca donde en principio tendría que ser su hábitat natural: el vestuario del FC Barcelona. Esta ausencia, seguramente más forzada de lo que la gente se piensa, se ha visto reforzada por una serie de rumores que han debilitado aún más su figura en los últimos tiempos. Desde una posible marcha el pasado verano a Arabia para ejercer de CEO, que finalmente acabó en aguas de borrajas, hasta un relevo en la dirección deportiva, por no decir directamente golpe de Estado, que iba a liderar Joan Soler, otro de los hijos predilectos de Joan Laporta.
Tantos obstáculos han acabado por minar sustancialmente la figura de Rafa Yuste. Una persona dialogante y agradable de trato, leal hasta la médula, que busca siempre el consenso y que se siente incómodo conviviendo entre conflictos. Posiblemente, su defensa a ultranza hacia Xavi Hernández, en los últimos estertores del técnico en el banquillo, debilitaron sustancialmente su figura en el seno del club. Muchos recuerdan aún su discurso en las horas previas al partido contra el Sevilla, lamentando la decisión de prescindir del técnico egarense, asegurando que se trataba de un error injustificable. Estas palabras llegaron al presidente, sintiéndose zaherido y traicionado: Laporta era uno de los principales valedores de la salida del entrenador.
Desde ese día, Yuste ha ido trampeando como ha podido por los recovecos del club. Sin perder nunca las formas, pero con un rostro cada día más taciturno y resignado, el vicepresidente deportivo ha ido sorteando obstáculos, con la cabeza alta y sin apenas hacer ruido. Ya no entra en el vestuario, ya no espera a la salida del campo Tito Vilanova para saludar uno a uno a todos los jugadores antes de empezar el entrenamiento, ya no hay complicidad con los responsables de la Comisión Deportiva... Su figura se ha ido diluyendo de manera tan alarmante como preocupante.
Rafa Yuste, en todo caso, se podrá desquitar, más pronto que tarde, de su aparente estado letárgico. Y es que todo apunta que durante la campaña electoral, que podría celebrarse de aquí a unos dos meses, será el presidente interino de la entidad. Un cargo que al menos hará justicia a todos los sapos y carretas que ha tenido que tragar estos últimos años. Rafa es, al fin y al cabo, un Quijote caballeroso y noble que le ha tocado luchar contra unos gigantes terribles y no contra unos simples molinos de viento. Un caballero de la triste figura, como bien definió el gran Cervantes al ilustre hidalgo en sus azarosas aventuras.