El delantero brasileño está siendo una de las grandes sensaciones de la temporada. Su voracidad goleadora, 28 tantos, y generosidad en el juego, 22 asistencias, le han llevado a colarse por derecho propio como uno de los firmes candidatos al próximo Balón de Oro. Raphinha viene refrendado además por una capacidad de sacrificio y trabajo impropia en un delantero top, que le han convertido en una pieza indiscutible en la pizarra de Flick.

Sin embargo, en los últimos días una serie de sucesos han levantado alguna ampolla dentro del club y entre los aficionados. Su reacción airada contra el colegiado Gil Manzano el pasado fin de semana ante el Betis en Montjuïc, con la intervención infructuosa de Hansi Flick y el empujón posterior al capitán Marc André ter Stegen, cuando intentaba calmarlo e instarle a dirigirse al túnel de vestuario, demuestran que Raphinha ha llegado a este tramo de la temporada con un exceso de ansiedad.

Muchos achacan esta situación por el partido que jugó en Buenos Aires contra Argentina hace dos semanas, donde se vio envuelta en una polémica innecesaria por unas declaraciones del todo injustificadas en las que daba por hecho que iban a pasar por encima de la albiceleste. Como no podía ser de otra manera, Raphinha vivió un auténtico infierno, siendo perseguido y acosado por todo el campo, y vilipendiado en las gradas.

Tras aterrizar en Barcelona, el brasileño estuvo algunos partidos en el banquillo, alimentando el relato que el jugador había recibido tal manta de golpes y palos que no estaba para vestirse de corto. Su primer partido como titular fue la vuelta de semifinales en Copa contra el Atlético, plagado de argentinos, que volvieron a darle de lo lindo, seguramente para que no olvidara el repaso que vivió contra Argentina. En todo caso, en esta ocasión, el brasileño se llevó el gato al agua, pasando a la final de Copa.

Y, ante el Borussia, se vivió otro episodio preocupante, aunque afortunadamente quedará como una mera anécdota. Y es que Raphinha le arrebató un gol a Pau Cubarsí, con el riesgo añadido que su acción estuvo al borde del fuera de juego y el VAR tuvo que revisar si estaba habilitado o no. Finalmente, unos milímetros dieron la razón al brasileño y evitaron males mayores. Este gesto de Raphinha, que posteriormente completó un partido extraordinario, con dos asistencias, es un claro reflejo de la ansiedad que está viviendo el brasileño. Su ambición por ser el máximo goleador de esta edición de la Champions, suma 12, pudo acabar metiendo en un atolladero al equipo, ya que el gol abría la lata y ponía el 1-0 en el luminoso. Y es que anteponer el interés personal al colectivo no suele ser el mejor camino. Aunque en esta ocasión, se lo perdonamos a Raphinha. Primero, porque al final acabó siendo gol, y segundo, porque a día de hoy no hay mejor jugador en el mercado que el brasileño.