Sabemos sobradamente que la plantilla actual del Barcelona ha nacido más de la necesidad que de la voluntad. Pero con esta premisa, la actual junta directiva de Joan Laporta ha conseguido grandes logros. Consolidar a un Lamine Yamal que va camino de ser Balón de Oro o bien descubrir el talento, todavía por pulir, de Pau Cubarsí o llorar entre todos por la pérdida de Marc Bernal en el debut de su primera temporada completa a la máxima competición. Por todo ello, la necesidad es una actitud vital para los negocios, los equipos e, incluso, las personas.
Seguro que si me estáis leyendo y habéis pasado por un periodo negativo laboralmente hablando, la maldita necesidad de encontrar trabajo os ha hecho más fuertes e, incluso, habéis acabado obteniendo logros inimaginables antes desde vuestra zona de confort.
Pero las necesidades también tienen una cara B. Es evidente que a Ronald Araujo ya no lo quería el club el pasado verano. Pero tampoco lo querían desperdiciar a coste cero o sacándoselo de encima como si fuera un saldo de ropa.
Es evidente que la categoría de este jugador no es proporcional a dicha definición. Pero también es evidente que su categoría no llega a las expectativas azulgranas y tampoco del resto de sus compañeros. Es evidente: puedes ser un jugador excelente, pero no ser un jugador apto para estar en el Barça o el Real Madrid. Jugar en estos dos equipos va más allá de ciertas cualidades.
Pero volvamos al principio: la necesidad, las lesiones y mirar a un lado u otro y no encontrar absolutamente nada hizo que se quedara en el último momento dentro del equipo. Pero cuando hay un error defensivo de peso, su marca siempre está presente. De la Champions contra el PSG la pasada temporada hasta el Girona en Liga del pasado domingo. Más allá de que entienda, de una vez por todas, cómo sacar la pelota o en qué consiste un fuera de juego, el problema de Araujo nace en la actitud. Debería ser más humilde en sus aptitudes, escuchar y reconocer sus limitaciones. Solo a partir de este punto vital, podrá seguir 'disimulando' el hecho de estar en un gran equipo.