A mediados de la década de los 90, un anuncio de automóviles hizo popular el término JASP como acrónimo de Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados. El concepto tuvo tal éxito que se llegó a etiquetar a toda una generación, que ahora es más conocida como generación X. Una generación que, pese a tener un expediente académico impoluto, tuvo muchos problemas para incorporarse al mercado de trabajo y que acabó sufriendo el síndrome del mileurista. Para muchos, la generación JASP fue la mejor formada en todos los sentidos.
Treinta años después, una nueva generación JASP ha eclosionado. Y lo ha hecho de una forma tan volcánica como repentina. El sentido del acrónimo además ha cambiado radicalmente, siendo el significado actual Jóvenes Ambiciosos Sin Prejuicios. Nos estamos refiriendo a la hornada de adolescentes que han salido en los últimos años en La Masía, portadores de un optimismo insólito por estos lares, con una precocidad casi insultante y capaces de desbordar ilusión y admiración allá donde juegan. 
Lamine Yamal es el máximo estandarte de una generación que parece no tener miedo a nada y nadie. Chavales de 17 años que miran cara a cara a profesionales de 30 años sin apenas inmutarse. Adolescentes que antes de saltar al campo están jugando a la Playstation o escuchando reggaeton, que después de los partidos cuelgan en las redes sociales sus logros y dibujan 'bailes prohibidos' ante la algarabía de sus millones de seguidores.
Y lo más increíble es que no les tiembla el pulso ni parecen sentir la presión. Tanto es así que han dejado atrás la patina de sufrimiento culé para destilar una sensación de máxima euforia. Todos, sin excepción, hablan abiertamente de la posibilidad de ganar el triplete. "Lo queremos todo", es la frase que más se repite entre ellos. Ni falsa modestia, ni unas dosis de prudencia, ni tampoco frases comedidas, el relato que sale de la boca de estos chavales es que van a por el triplete como si no hubiera mañana.
Y, para rizar el rizo, quieren vérselas con el Real Madrid en Múnich en la final de la Champions. Una posibilidad que seguramente producirá más de un sudor frío y temblores a la mayoría de culés, es asumida con toda naturalidad por este puñado de chavales que no le tienen miedo a nada. Y es que ahora mismo contemplar un Clásico en una final de Champions -nunca se ha producido en la historia- sería un acontecimiento tan vertiginoso como desquiciante, capaz de dejar secuelas insondables para las próximas décadas para aquel que acabe muriendo en la orilla. 
Lo que está claro es que esta nueva generación JASP blaugrana no tiene memoria histórica, no ha vivido los sinsabores de Sevilla ni Atenas, desconoce el significado de la palabra sufrimiento y ya no digamos el concepto fracaso. Y la verdad es que uno empieza a creer seriamente en esta hornada de chavales, que llevan más de una década jugando juntos, a pensar, sin esconderse, que el triplete es posible y a soñar abiertamente con ganar al Real Madrid en una final de la Champions
¿Por qué no? Una nueva era está a punto de amanecer y, con un poco suerte, vamos a ser unos testigos privilegiados desde una atalaya única. Como dijo en su día el bueno de Pep Guardiola en su primera rueda de prensa como entrenador: "Abróchense los cinturones, que lo vamos a pasar bien".