Frenkie de Jong, el fichaje estrella del Barça en 2019, llegó del Ajax como una de las promesas más ilusionantes del panorama futbolístico mundial. Casi seis años después, su rendimiento no ha acabado de cumplir con las expectativas y ha generado todo tipo de dudas sobre su continuidad. Ahora, con los rumores de una posible renovación, se vuelve a abrir el debate sobre si debe seguir o no.
Con una de las fichas más altas de la plantilla, el neerlandés supone un lastre económicamente hablando, al que se suma su rendimiento irregular en el campo. De Jong ha demostrado en momentos puntuales su calidad técnica, visión de juego y capacidad para superar líneas de presión, pero estas actuaciones han sido demasiado esporádicas. El Barça, en una situación financiera delicada, no puede permitirse lujos innecesarios, y el coste de De Jong sigue siendo una carga importante.

No obstante, parece que Flick ya ha encontrado su rol y podría tener un papel importante en su proyecto. Renovarlo podría suponer una oportunidad para renegociar su contrato a la baja, adaptándolo a la nueva realidad del club y evitando que pueda marcharse gratis el próximo verano. De Jong aún tiene tiempo de demostrar de lo que es capaz y de probar que puede ser ese centrocampista total que un día deslumbró a todo el planeta fútbol.

En polos opuestos 

El Barça cerraba la fase regular de la Champions con un empate contra el Atalanta que le permitió asegurar la segunda posición del grupo y esquivar al Liverpool hasta una hipotética final. A lo largo de esta primera fase, los azulgranas han cumplido con solvencia, evitando caer en la trampa de afrontar con necesidades una última jornada no apta para cardíacos. El equipo de Flick sigue recuperando el prestigio perdido en Europa y, por ahora, el primer objetivo ya lo han cumplido con creces.

En cambio, la clasificación del Real Madrid es bastante más preocupante. A pesar de vencer al Brest, la carambola de resultados no se produjo y los blancos se quedaron fuera del top-8. Esto les obliga a jugar los dieciseisavos de final, donde podrían encontrarse con el Manchester City de Pep Guardiola, un rival temible que podría dejarles fuera de la competición antes de tiempo. Por si fuera poco, si superan esta ronda, en octavos les esperaría un Bayer Leverkusen en estado de gracia a las órdenes de su futurible Xabi Alonso o un Atlético de Madrid siempre incómodo con el inconfundible sello del Cholo Simeone. Ay, ay, ay...

Esta Champions se presenta más dura que nunca y mientras el Barça avanza con paso firme, el Madrid tendrá que sufrir si quiere seguir vivo. Las eliminatorias dictarán sentencia, pero por ahora, la realidad es clara: los caminos de los dos grandes del fútbol español están siendo muy diferentes.

Fermín puso la música

El Barça necesitaba una goleada como la del Valencia para recuperar la confianza y disipar las dudas que se han generado en los últimos meses en la Liga. No podemos olvidar que el Valencia es uno de los peores equipos de la competición, pero tampoco podemos pasar por alto que ya es la segunda vez que el Barça marca 7 goles en un partido esta temporada y que el pasado domingo lo hizo con la segunda unidad.

Éric, Ferran, De Jong y Fermín aprovecharon su oportunidad pero, por encima de todos, me quedo con la actuación de Fermín. El futbolista andaluz es una debilidad personal mía y, esta temporada, le estaba costando. Fermín está pagando el desgaste de la Eurocopa y los JJOO, la elevada competencia que hay en su posición y el hecho de que en muchos partidos también haya pasado desapercibido jugando en banda.

Fermín, Gavi y Olmo se disputan una plaza que está muy cara y en la que también puede jugar Pedri. Es cierto que Fermín no es muy mediático ni tiene la magia de un 10 convencional pero tiene otras virtudes. Tiene el gol de un 9, la verticalidad de un 8 y el trabajo de un 6. Fermín me parece un jugadorazo y espero que siga triunfando durante muchos años en el Barça. Ojalá esta exhibición de goles, asistencias, trabajo y carácter contra el Valencia sea un punto de inflexión para un chico que también es más culé que la bandera.