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Un sanitario realiza una prueba PCR contra el Covid / EP

Una mujer pierde el cartílago de la nariz tras realizarse una PCR

La víctima hace un llamamiento para poder someterse a una operación para reconstruir sus fosas nasales

3 min

Pese a que los médicos están acostumbrados a hacer pruebas PCR, Claudia Serran, está pasando momentos muy duros a causa de una de ellas.

Esta mujer de Santa Cruz (Argentina) acudió en agosto de 2021 a una clínica privada a hacerse el test, lo que menos se esperaba es lo que vino después. Se le infectó la nariz y perdió el cartílago.

Primeras molestias

La joven que es asistenta terapéutica se hacía pruebas de forma habitual. Tras conseguir un nuevo trabajo se sometió a una más que además se la pagó la hija de la mujer a la que iba a cuidar.

Tras salir del centro privado en el que se realizó la PCR le picaba un poco la nariz. Lo vio normal al salir, pero la molestia persistía. El médico afirmaba que era algo que podía pasar.

Primeros problemas

El problema fue a más. “Me salía una especie de sangre gelatinosa constantemente”, detalla a una entrevista a un medio local, por lo que decidió ir al hospital. La nariz se le llegó a poner roja.

Tras realizarle las pruebas correspondientes los médicos descubrieron que tenía aproximadamente “cuatro o cinco centímetros” de dilatación en la fosa nasal. Los medicamentos recetados además le dieron más problemas.

Complicaciones de salud

La mujer se quedó sin cartílago y llegó a sufrir anemia debido a la pérdida constante de sangre. “Se me habían reventado todas las venas y soy alérgica a la penicilina, ya no recibía más antibióticos porque me lastimaron muchísimo los brazos”, detalla. Al final le cortaron el cartílago que separa las dos fosas nasales.

Por si eso fuera poco Claudia contrajo Covid antes de que le realizar la operación para reconstruirle el cartílago. Le comunicaron que debía hacerse de forma urgente, pero hay varios problemas.

Petición de ayuda

La operación cuesta 1.600 euros y además debe desplazarse a otra localidad para ser intervenida. Asegura que gracias a su trabajo puede costearse una parte, aunque no toda.

La salud es lo que más le preocupa. Asevera que su médico le dijo que la infección puede “subir al cerebro y morir”. Serran está aterrada y lanza un llamamiento para recaudar dinero para pagar la intervención.