El actor Jordi Martínez en 'El diablo cojuelo' / DAVID RUANO

El actor Jordi Martínez en 'El diablo cojuelo' / DAVID RUANO

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Jordi Martínez: "Si no se revitaliza la manera de enseñar el teatro clásico, se perderá"

El actor en su versión más payasa como miembro de Rhum & Cia presenta una versión muy especial de 'El diablo cojuelo'

18 mayo, 2022 00:00

A Jordi Martínez se le conoce principalmente por su faceta de actor. Lleva décadas dedicado a ello y sigue allí, pero desde 2014 y por una tragedia familiar empezó en el mundo del clown y creó su propia compañía, Rhum & Cia.

Él y sus compañeros, procedentes de diferentes disciplinas, tienen muy claro cuál es su objetivo: “Dignificar el oficio de payaso”. Para ello, hacen varias cosas de las que destacan dos: concebir sus espectáculos para un público adulto y representarlos en el teatro. Lo han conseguido y de qué manera.

Payasos y diablos cojuelos

Estos payasos “canallas” y “gamberros” han okupado la sede de la Compañía Nacional del Teatro Clásico (CNTC) para montar ni más ni menos que El diablo cojuelo, la obra de Luis Vélez de Guevara. Además, con el mismísimo Juan Mayorga como encargado del texto al que ellos dan forma y lo llevan a su terreno.

El espectáculo, que tiene parada en el Teatre Condal de Barcelona este julio, provoca risas, aplausos y conquista a un público joven, que suele estar alejado de los textos clásicos. También hay quien se indigna, obvio, pero entra en sus planes. Sea como sea, Jordi Martínez y los suyos convencieron a Lluís Homar y a muchos otros directores del teatro, entre ellos el responsable del festival Grec, Frances Casadesús, que los ha incorporado en la programación de 2022.

--Pregunta: Para los que no conocen al Jordi Martínez payaso, ¿cómo llegó a crear este proyecto llamado Rhum & Cia?

--Respuesta: Nosotros somos una compañía que empezamos en 2014 con Rhum, que era un homenaje a Joan Montanyès Martínez, más conocido como el payaso Monti, que preparaba un espectáculo con ese mismo nombre, pero el cáncer se lo llevó antes de tiempo y no lo pudo hacer. Era mi sobrino y un payaso grandísimo. Y quisimos hacerle un homenaje con esa obra que, finalmente, poco tenía que ver con el original, era más versiones de números clásicos. El espectáculo funcionó tan bien, que estuvimos dos temporadas en el Teatre Lliure e hicimos muchos bolos y gira. Esto nos llevó a hacer otros con la compañía. Luego hicimos Rhumia en 2016, Rhumans en 2018 y el último fue Gran reserva, que era la recopilación de la trilogía. Pero nos lo fuimos encontrando, fuimos recibiendo premios y nos sorprendió mucho todo. Y llegó el momento del Cojuelo.

--Exacto. Aterrizan con el 'El diablo cojuelo' en el Teatro de la Comedia.

--Sí. Esto fue porque Juan Mayorga es superfan de Rhum & Cia, nos venía a ver siempre que íbamos a Madrid. Nos dijo que le gustaría hacer algo con nosotros, algo de teatro clásico. Nosotros nos quedamos estupefactos, porque, obviamente, no era nuestro universo, pero con él vamos al fin del mundo. Nos propuso Coloquio de perros de Cervantes y El diablo cojuelo de Luis Vélez de Guevara. Tras leerlos, nos pareció que el primero nos iría mejor y él dijo que vale, pero que quería hacer la segunda. Entonces, como estábamos dispuestos a trabajar con él como fuera, aceptamos y fuimos con el proyecto a la CNTC, dirigida por Lluís Homar, a quien conozco desde hace tiempo. Somos del mismo barrio, jugábamos al fútbol sala juntos, empezamos a la vez en teatro... Y le propusimos esto y a él le encajaba dentro de la filosofía de lo que quería hacer en la institución, que un clásico se puede hacer desde muchos lugares. Y salió la coproducción y así estamos, con esta pequeña joya entre las manos intentado explicarle a la gente que los payasos también pueden hacer un Diablo cojuelo.

--Puede resultar chocante, ¿no? ¿Cómo lo recibe el espectador?

--Es curioso. En los bolos iniciales nos sorprendimos con la respuesta, fue extraordinaria, brutal. Y al llegar a la sala de la CNTC pensamos que nos encontraríamos muchas reticencias. Y no. Cierto que hay gente que las tiene y piensa que no es un clásico. La primera reacción es de sorpresa, si no han mirado lo que vienen a ver, pero incluso los seducimos poco a poco, tenemos gente de pie, bravos, aunque entendemos que haya gente a la que no le guste. Nosotros hemos tirado por nuestro estilo y esta mezcla de gente puede explotar la mente de alguien, aunque la respuesta es muy buena.

--¿Pero no cree que, a la vez, puede ser una manera de acercar los clásicos a los jóvenes?

--Evidentemente. A la gente joven le encanta el espectáculo de forma incondicional. En una ocasión vino un grupo de un instituto en el que vimos, entre otros, a tres personas en primera fila que se levantaron. Eran unos profesores que nos esperaron a la salida para decir que, si bien hacen esta salida con los alumnos de forma regular, estos suelen contarles después que se aburrieron muchísimo y que esta vez los alumnos se lo pasaron en grande. El clásico es un tesoro que tenemos, pero vemos que si no se revitaliza la manera de enseñar este teatro se convertirá en una cosa que solo atraerá a cierta gente y se perderá. Para hacer llegar estos textos, tan preciosos y que son clásicos por algo, se debe hacer algo para que llegue a los jóvenes porque, si no, poco a poco, morirá. Y creo que lo estamos consiguiendo.

Escena de 'El diablo cojuelo' / DAVID RUANO

Escena de 'El diablo cojuelo' / DAVID RUANO

--¿Cree que ustedes con su compañía, además, están logrando que los payasos tengan su espacio en el teatro, lugar del que se los ha apartado en muchas ocasiones?

--Es una de nuestras filosofías: okupar los teatros, en el buen sentido de la palabra. El payaso está infravalorado, incluso se usa la palabra como insulto, y queremos demostrar que esto no se sostiene por ningún lado. El universo del payaso es de una riqueza brutal, quiere que la gente sonría desde el alma. Siempre quisimos reivindicar su espacio, dignificar este oficio y una manera de hacerlo era hacer que nuestros espectáculos fueran siempre a teatros. Hemos hecho algún bolo en una carpa de circo, pero perseguimos otro objetivo: que el mundo del payaso entre con normalidad al de los teatros, dentro de una función normal. Los payasos no son solo para niños, nuestros espectáculos son para adultos, los pensamos para ellos. Somos unos payasos canallas en su concepción. Por eso, nuestro objetivo es llevar lo que hacemos al teatro y esta vez lo llevamos a uno de primera división en el Teatro de la Comedia, centro de la CNTC en Madrid y estar durante dos meses es una gran apuesta. Estamos muy contentos y seguiremos siempre en esta lucha para que nuestros espectáculos se vean siempre en espacios en los que el payaso sea dignificado.

--De hecho, esta es una palabra que se usa en la obra. La voluntad de dar "dignidad, cultura y futuro", algo que para muchos no es sinónimo de payaso.

--Así es. De las cuatro veces que hemos venido anteriormente a Madrid, solo en una ocasión estuvimos en el Teatro de la Abadía, con el resto fuimos al Circo Price y dentro del Cojuelo lo hablamos, que pedimos ir al Price. Nosotros queremos hacerlo, pero a la vez queremos irnos. Hay mucha realidad y Mayorga nos conoce muy bien con nuestras virtudes y carencias. Es un universo que nos permite reírnos de nosotros mismos, del clásico y no hacerlo gratuitamente. Esto nos abre unas puertas cojonudas y viendo cómo lo vive el público y cómo nos sentimos con ello nos ha hecho entender que podemos atrevernos con otros universos en los que, probablemente, nos meteremos en ello.

--No hace falta que jure que se meten con todos, porque se meten con ustedes, con Mayorga y hasta con Homar.

--Evidentemente. No tenemos tabús. Como nos reímos de nosotros, no hay nadie que se sienta ofendido, al contrario, se han meado de risa. Es lo que les enamora de nosotros, este universo canalla, nuestra lectura de la vida malévola, moderna y ser gamberros nos gusta y es lo que enamora de Rhum & Cia. Y ambos estaban encantados de que los metamos en nuestra verborrea.

--¿Cuesta más ser canalla en los tiempos que corren? Esta obra, ya de base, también se mete con el Rey, el de la época, claro. ¿Tiene problemas con ello?

--Nosotros ninguno, si eso lo tiene quien lo escucha. Nunca nos obcecamos con ello, no obligamos a nadie a ser republicano y si nos apetece ser críticos con el Rey o quién sea lo haremos, porque el bufón, el payaso es el que tiene capacidad para reírse de todo sin nada que lo frene. Nosotros no tenemos nada que nos frene más que nosotros mismos. Estamos muy orgullosos de ello.

El actor Jordi Martínez en 'El diablo cojuelo' / DAVID RUANO

El actor Jordi Martínez en 'El diablo cojuelo' / DAVID RUANO

--Y tras el clásico van al Grec.

--Estamos dos semanas en el Teatre Condal. Casadesús vino a vernos en las previas tras los ensayos que hicimos en Santa Coloma y estaba encantado. Y el festival Grec siempre se ha mojado el culo con Rhum & Cia.

--Por último, queríamos hablar de su faceta de actor más allá de la del payaso. Imagino que ahora está inmerso en la obra, pero ¿tiene algún otro proyecto?

--Sí. Es cierto, que doy prioridad a nuestra compañía que queremos seguir con más espectáculos, pero todos nos damos paréntesis en medio, para hacer otras cosas, enriquecernos de otras maneras de hacer, es un gran aprendizaje. Tengo dos cositas por allí. Uno sería un proyecto que saldría probablemente por Navidad en la Beckett y negociamos con el Goya para algo en 2023. Así que sí, hago mis cosas, como también mis compañeros. En Rhum & Cia. hay desde músicos, payasos, gente de actuación en la calle y todos nos damos estos paréntesis para crecer paralelamente y juntarnos para el próximo proyecto. Por ejemplo, Joan Arqué, que es miembro de la compañía, está nominado a mejor director y mejor montaje, entre otros. Todos tenemos nuestros universos y hacemos cosas cuando podemos conseguir. Ahora me llamaron para una serie que se rueda en Barcelona, pero me pillaron con el Cojuelo. Todo tienen un precio, lo sabemos en nuestra profesión también, pero ya vendrán otras. Pero no por Rhum & Cia. dejo de hacer otras cosas.

--Está bien decirlo, que muchas veces uno cree que porque un actor igual cambia de disciplina es que se ha apartado de otras.

--Y, además, muchos actores y actrices deberían pasar por esta fase del mundo del clown, porque te abre la mente de forma maravillosa. Cuando vengo de hacer espectáculos con Rhum y luego regreso al teatro, te das cuenta de que has crecido un palmo como profesional, te obliga a conocer sensibilidades que desconocías que tenías. Aconsejaría a mis compañeros que pasasen por esta fase porque un mundo hace crecer al otro y viceversa, por lo que no es contradictorio, sino compatible y prolonga al otro.