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La payasa Pepa Plana / Cedida

Pepa Plana: “Los payasos somos poetas en acción”

La 'clown' y actriz regresa con un nuevo espectáculo que mezcla humor y reflexión, sello inconfundible de su compañía

16 min

Pepa Plana (Valls, 1965) lleva cerca de 30 años como payasa. Una clown para adultos, que refleja problemáticas como las migraciones, como hizo en Exilis, e incluso las de la guerra, como su última obra Si tu te’n vas, que se presenta en el Centre de les Arts Lliures de la Fundació Joan Brossa de Barcelona.

La actriz, formada en el Institut del Teatre y que se enroló allí para hacer personajes dramáticos, ha descubierto en el clown una manera más directa acercarse al espectador y plantearle ciertas preguntas y reflexiones, sin dejar de lado el humor. “El arte decorativo no me interesa”, asegura en esta entrevista con Crónica Directo.

--Pregunta: ¿Cuándo surgió la idea de ‘Si tu te’n vas’ y cómo definiría?

--Respuesta: Esta es una historia de tres vecinas que están encerradas en sus casas y discuten desde su ventana. El espectáculo ha estado creado en este momento tan particular, este momento pandémico y todas las creaciones van teñidas de lo que a una le pasa en el cotidiano. Y a estas vecinas les pasa esto y todo cambia cuando el mundo se viene abajo. La guerra es el pretexto para hablar sobre qué pasa cuando todo cae y todo cambia. Es una manera de delirar y jugar para ver lo absurda que es la guerra. Y es un camino de payasas, de juego con el espectador en el que se le dice, “esto no pasa, pero si pasase tú qué harías”. Nuestra propuesta es mostrar el absurdo de la guerra, de la batalla y cómo se repiten en la historia y no se acaban. Además, recuperamos números clásicos hechos por antiguos payasos con la diferencia de que somos payasas y vemos qué pasa cuando estos números clásicos se revisan y se hacen en femenino.

--¿Es una reivindicación feminista y revisión de un humor machista?

--No, es una revisión de números clásicos. Por aquel entonces no había sitio para las payasas y vemos qué habría pasado si en ese momento histórico hubiera payasas que pudiesen hacer estos números. Aunque sí es una manera de reivindicar que las mujeres también somos cómicas, sólo que es una relectura desde nuestra mirada de mujer.

--¿Ser mujer ha sido un hándicap, lo ha puesto todo más difícil?

--Primero piensas que no. A mí me ha tocado ser mujer, hago teatro y tiras adelante con tu satélite. Evidentemente, ahora que soy una mujer que va a mayor (sonríe) ves que sí, que nos cuesta tener esas oportunidades, el famoso techo de cristal existe. Y yo, pese a disfrutar de tener eco y sala para presentar mis espectáculos sí me doy cuenta de que compañeros masculinos han tenido mejores oportunidades. En el humor todavía has de demostrar que eres la supercómica-payasa. Nos cuesta más.

--¿Y cree como se dice que hay un humor masculino y femenino?

--Yo creo que sí. El humor es muy caprichoso no hay una barita mágica que te dice qué hace reír y qué no. Sí existe un código. Y uno escribe de lo que conoce y en lo que te reconoces. En el momento en que escribo mis tramas y épicas, mi universo es femenino. Yo hago reír a todos, hombres y mujeres, pero desde mi perspectiva femenina. Cuando la pluma es masculina caemos en los estereotipos y la mujer es objeto de risa: la tonta, la gorda… ¡Pues no! Cuando las mujeres creamos nuestros argumentos lo hacemos con nuestros códigos. Por lo que sí, hay un humor masculino, escrito desde la pluma de un hombre, y un humor escrito desde el código femenino, pero para hacer reír a todos.

La actriz y payasa Pepa Plana / IRENE ROÉ
La actriz y payasa Pepa Plana / IRENE ROÉ

--Desde la perspectiva actual y con la experiencia. ¿Se esperaba acabar en el 'clown' cuando empezó en el Institut del Teatre?

--¡No, yo quería ser actriz dramática! ¡Nunca en la vida payasa, ni mucho menos! ¡No había ni referentes! Sí me decían que yo tenía fascinación por lo parateatral ¡y yo ni tan sólo sabía a qué se referían! Sí me fascinaba el mundo de la creación, la máscara, el universo de Brossa… La payasa llegó más tarde y yo la negué. Hasta tres veces la payasa se me puso enfrente y dije: no, yo quiero ser actriz. Yo no elegir ser payasa, la payasa me eligió a mí. Al final vi que no había marcha atrás. ¡Y qué acierto! Me auguraban los peores pronósticos. ¿Payasa? ¿Mujer? ¿Sola? ¿Para adultos? ¿Qué quieres hacer? ¡Si no hay circuito! Y yo pensé: pues se tendrá que inventar. Y ya llevo casi 30 años disfrutándolo. He podido estar por todo el mundo e ir a muchos países, cuando el mundo estaba abierto. Ya volverá.

--¿Cree que abrió puertas?

--De manera inconsciente. Yo no tengo madre o abuela payasa, sí hermanas mayores, payasas que tienen 10 años más y en el extranjero. Y ahora que llevo horas de nariz, horas de vuelo, sí me encuentro payasas que me dicen que las inspiré. Organizar el Festival Internacional de Payasas de Andorra era para hacer eso, para demostrar éramos muchos, con trabajos preciosos y queríamos ser visibles. ¡Y ojalá hubiera más! La competencia yo la vivo a favor, más es más. Ojalá hubiera más payasos y payasas ocupando los teatros y las programaciones estables. Eso sería una visión de la realidad de los trabajos preciosos que se están haciendo.

--¿La decisión de hacer el festival en Andorra fue por eso, por falta de espacios?

--Yo tenía la idea de este festival internacional y hacerlo a lo grande con 80-90 profesionales y ¿y quién iba a apostar? Fue Andorra y fue un regalo de la vida. A veces, uno tiene una idea y alguien te la tiene que comprar y mimarla.

--¿Esa falta de espacios de la que habla persiste? ¿Se entiende por fin qué es el 'clown'?

--Cada uno en su sector sabe que no estamos en un momento de gloria. Todo se mantiene en una precariedad que ya viene de lejos. La gente de circo, del mundo parateatral estamos acostumbradas y este golpe nos ha pillado fuertes porque estamos acostumbradas a aguantarlos. No sé qué pasa, pero ahora, estos trabajos más particulares, el mundo del payaso teatral cuesta más ahora que hace 20 años, ¿quién lo diría? Y en femenino aún cuesta más. Toda una serie de iniciativas se han quedado cortadas por falta de presupuestos. La crisis es la gran excusa para cortar estos árboles, estos bosques que plantamos. Pero estamos rebrotando. No tenemos plan B. Eso me pasa: al no tener plan B no queda otra que luchar y pensar que no podrán. La cultura es imprescindible, sabemos que somos animales sociales y que estos dos años pasan cosas extrañas. Consumir cultura te hace sentir mejor y es más barato que invertir en cultura que luego en tu salud mental, en pastis, porque vienen tiempos oscuros.

--¿Y en los presupuestos de cultura los ubican en un lugar concreto?

--No saben dónde ubicarnos. Para los del teatro dicen que hacemos circo, los del circo que hacemos teatro, unos dicen que son espectáculos infantiles, otros para adultos… (sonríe) Al final siempre estamos en los márgenes y eso nos complica mucho la existencia. Hacemos payaso teatral para adultos. Más complicado lo tenemos en el circo. Es muy difícil ser payasa en un circo. Antes de entrar en el Cirque du Soleil no había mujeres haciendo de payasas eran sólo un personaje y yo soy payasa. Son muros que aún hemos de romper, incluso en los grandes circos internacionales. Somos payasas teatrales porque si quisiéramos hacer circo todavía no hubiéramos tenido la oportunidad.

--Por cierto, ¿qué tal la experiencia con el Cirque du Soleil?

--Fue un regalo de la vida y un tren al que me subí porque me apetecía mucho hacerlo. Nunca pensé en entrar, ni hice ningún casting, me llamaron directamente y acepté. Tuve la oportunidad de hacer creación con esos presupuestos titánicos y ahora lo destilo pasados los años. Actuar para 2.000 espectadores en cada función, hacer temporada, cambiar de ciudad cada dos meses… ¡Y no sufrir! (ríe). Y cuando vuelves piensas: ostras, fuera hace frío. Pero en mi barquito pequeño estoy muy a gusto, eso es una multinacional en el que yo era una pequeña pieza.

--Y con este pequeño barco que le llama ¿ha sufrido mucho?

--Yo he probado la gloria con grandes premios, reconocimientos, teatros nacionales… y luego he estado en el infierno: suspender la función porque no hay público, por ejemplo. Por eso sé que ni el cielo ni el infierno son de verdad, son efímeros. Hay un camino del medio que es el de la carrera de fondo y es el camino correcto, simplemente vas sin buscar la gloria ni el infierno. Se debe disfrutar cuando viene la gloria y pringar y aprender del infierno para cuando la cagues otra vez hacerlo mejor.

Lola González y Pepa Plana en 'Si tu te'n vas' / CATHY LOUGRAN
Lola González y Pepa Plana en 'Si tu te'n vas' / CATHY LOUGRAN

--Sus espectáculos hablan de la guerra, de la migración… ¿se puede hablar de todo desde el 'clown'?

--El payaso se ríe de todo sin límites, sin miedo, se hace preguntas impertinentes porque son pertinentes y se plantea las cosas que comparte con un público adulto para que también se las hagas. Si no es así no me interesa. Estamos aquí para hacer este trabajo, para poner el dedo en la llaga. Cada uno puede hacer lo que quiera y cómo quiera porque creas desde tu universo, pero a mí el arte decorativo me interesa muy poco, ese que no se cuestiona, no se plantea, no te conmueve, no me dice nada. Yo quiero hacer humor de aquello que me preocupa y me barrunta.

--¿Cuáles son esas cosas que preocupan a una payasa como Pepa Plana?

--A mí me preocupa la micro y lo macro. Ahora, aunque no quiera hacer obra de ella es la conciencia de que nos vamos a la autodestrucción con optimismo. Sabemos que no hemos evolucionado bien y nos vamos a la mierda. Es una manera de conciencia de que lo que uno hace afecta a nivel global. Lo macro es eso. Lo micro es la fragilidad que uno puede tener, las angustias de uno. Yo que vivo en el pueblo me preocupa la gente que se descuelga de las grandes ciudades, un mundo de gente que lo pasa mal y que se convierten en personas invisibles. Eso son algunas cosas que me preocupan, pero también hay cosas que me alegran, no vivo en la oscuridad.

--Precisamente por esos pensamientos oscuros que imperan ¿es más necesario que nunca el 'clown'?

--Sí, estamos en un momento de la vida en que la válvula de la vida que es la risa y que nos permite soportar todo la hemos de activar. Por suerte nos ha puesto esta válvula y debemos aprovecharla e ir a ver espectáculos para reír y reflexionar y los payasos podemos ajustar esta válvula que viene de serie.

--¿Y hará gira?

--Sí, somos una compañía de bolos y nos encanta. Además, somos una compañía de repertorio, llevamos Si tú te’n vas, Veus que no veus, Penèlope. Y tenemos ganas de girar y de ir donde nos contraten. Barcelona es un regalo, el escaparate y la difusión, pero nos encanta ir a pueblos y ciudades.

--¿Se siente un oasis de la escena catalana?

--Soy más bien un charquito pero que hace falta. Los payasos somos poetas en acción, unas personitas muy frágiles, pero ahí andamos.