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El actor Joaquin Climent / Cedida

Joaquín Climent: “El actor de teatro ha perdido ese peso social que tenía antes”

El intérprete se pone en la piel de Tejadas en 'El cuidador' de Harold Pinter antes de ponerse a rodar una nueva película

10 min

Joaquín Climent (Requena, 1956) se atreve con todo: cine, teatro, televisión. Ahora mismo se encuentra en el Teatro Bellas Artes de Madrid con una obra de Harold Pinter, El cuidador.

Pese a la dificultad de enfrentarse a un personaje del teatro del absurdo, que retrata la imposibilidad de cuidar, de hacer sacrificios por los demás y, en definitiva, un ser poco social, el actor está encantado con el reto.

Apasionado del teatro desde que lo veía en el mítico Estudio 1 de TVE, se puso a actuar hasta que la interpretación lo atrapó y ya no puede escapar, como él mismo afirma. Imparable y con otro proyecto de cine ya en cartera para cuando acabe la obra, habla con Crónica Directo sobre las dificultades de Pinter y del teatro en general.

Cartel de 'El cuidador'
Cartel de 'El cuidador'

--Pregunta: Para quien no conoce la obra, ¿de qué le diría que va ‘El cuidador’?

--Respuesta: No deja de ser un reflejo de ese teatro de Pinter, donde se lleva a unos personajes a extremos. Personajes que rozan el límite de la normalidad. Están la exclusión social, en un espacio cerrado, opresivo, con desequilibrios y se crean unas situaciones extremas y no exentas de comedia. Hay algo del teatro del absurdo, de Beckett, que convierte a sus personajes en clásicos.

--¿Cómo definirá al que usted interpreta, Tejadas?

--En mi caso es el del excluido social, un ser de la calle, un superviviente, que vive un día a día sin muchas complicaciones. Con saber que duerme a cobijo y come cada día no tiene más problemas. En ese sentido, tiene mucho extremo y mucha comedia. Es un pícaro, un Falstaff, un personaje muy reconocido en toda la literatura y el teatro.

--A Pinter se le considera un autor difícil para el público general. ¿Es también difícil para un actor?

--Sí, es complicado, la verdad que sí. No puedes obviar que Pinter escribe con un naturalismo tan grande en los balbuceos, en los bucles, el lenguaje y en los temas recurrentes que debes respetarlos para que los personajes se entiendan. Debes reproducirlo para que suenen con una naturalidad extrema, sino no colaría. Es complicado de desentrañar y reproducir.

--¿Y en este precioso ha descubierto más cosas de su personaje o de Pinter? ¿O se hace más pesado?

--Pesado no es. Estos personajes me resultan muy atractivos. Una vez que los entiendes son muy agradecidos con los encarnas. Te exigen mucho. Yo creo que lo hacemos bien (sonríe), pero llevarlos al punto donde quieres llegar exige un recorrido que es difícil. Y luego está la propuesta del director y el tono que lo quiera dar que añade complicación a la propuesta. En este caso era llegar a la comedia, sin que fuera una farsa… Es complejo pero muy atractivo.

--Además que trata de temas universales y tan importantes como la confianza.

--La obra se llama El cuidador porque habla de las relaciones humanas y la necesidad de cuidar y ser cuidado. Y a la vez, de esa imposibilidad y dificultad de entenderse. Los personajes se llevan a un extremo, pero si tú quieres te quedaras con cosas reconocibles, porque todos tenemos dentro este tipo de conflictos. Aquí los lleva un limite de imposibilidad, pero en la cotidianeidad esa imposibilidad de entenderos y aguantarnos también se da.

--¿Qué les diría entonces a los que piensan que Pinter es difícil?

--Como a todos los clásicos contemporáneos, uno ha de venir abierto, no esperar un desarrollo, una trama o una historia convencional. Uno ha de dejarse sorprender y reaccionar con el primer impulso que le venga. Si a uno le viene la risa, que no se prive, porque, aunque lo que suceda es algo crudo, incluso poco correcto o asumible, uno puede reírse. Hay que venir libre, abierto y saber que uno se puede reír.

--Una recomendación saludable en tiempos de lo políticamente correcto.

--El humor son dos vueltas de tuerca del drama. Es un punto de vista externo y distanciado de cosas fuertes y doloras que puede ser sano.

El actor Joaquín Climent / EP
El actor Joaquin Climent EP

--Se da el caso, además, que usted empezó haciendo no sé si teatro absurdo, pero sí un Pirandello como ‘Seis personajes en busca de actor’. ¿Le gusta?

--Lo que te da es una posibilidad de jugar más, es más libre a la hora de proponer cosas por hacer. Uno se ha de ceñir al texto y a la propuesta, pero como actor te da libertad, compones el personaje. Me pasó también con La cantante calva. Yo disfruto mucho con esto.

--¿Y qué le atrajo de la actuación?

--Es algo que sucede sin darte cuenta. Yo veía los Estudio 1 en mi pueblo, Requena, e iba al teatro cuando venía gente como Mari Carrillo, a quien fui a conocer, y otras compañeras. Y cuando terminé la universidad, hice teatro y me apunté a la escuela de Valencia. Fue en camino casi natural e inconsciente, hasta que uno dice: es lo que quiero ser. Y me quedé atrapado en esto, no pude salir (bromea).

--Y hablando de 'Estudio 1', ¿echa de menos que se haga teatro televisado?

--Yo, sí. En una época más bien oscura de este país, en puro franquismo, el teatro existía de forma habitual en las dos cadenas que había. ¡Y se hacían unos títulos! Alucinas. Doce hombres sin cadenas, Calígula,… títulos de gran teatro y la gente conocía a los actores. Ahora, el actor del teatro ha perdido ese peso social que antes sí tenía y hacía que los teatros se llenaran, había giras por toda España… La televisión hizo tantísimo por el teatro… Yo llegué hacer dos Estudio 1, y hace 10 años en un proyecto de la televisión valenciana.

--Ahora existen las plataformas. ¿Cómo ve estos cambios?

--Se ha creado una industria, una continuidad, una infraestructura que se ha consolidado. Eso es bueno para todos. Al teatro, en principio, no le repercutió. Tira también de caras de la televisión, sí, pero yo mismo hice televisión. Lo que pasa es que la gente joven cuando quería ser actor era por televisión y eso ha cambiado, ahora la gente joven quiere empezar por el teatro, se toma como el camino que hay que recorrer para ser serio. Eso le hace bien en el teatro.

--Es cierto que hay mucho actor joven que apuesta por el teatro, pero ¿se refleja en el público? ¿Hay más público joven en las salas o falta?

--Allí todavía falta. Hay un espacio por cubrir. En teatros públicos la media de edad no es especialmente joven, hubo intentos como el Teatro Kamikaze que ya no está, por desgracia. Falta un nexo con el público joven. La edad media es alta en el teatro, falta público joven.

--¿Y un Pinter ayuda a acercar público joven?

--¡Claro! Primero, porque es transgresor, hay mucha libertad. Se reconocen gente cercana. Porque además están los hermanos jóvenes que uno es un macarra y otro un personaje con problemas psíquicos y son reconocibles.

--¿Va a girar?

--Estamos hasta el 24 de abril en el Bellas Artes y en mayo empezamos gira. Compaginaré con otra cosa audiovisual y en verano iremos.

--¿Cuál es ese proyecto audiovisual?

--Una película de Jaime Chávarri que se rueda en Galicia.