Menú Buscar
Pásate al modo ahorro
El actor Carlos Hipólito / JOSÉ ALBERTO PUERTAS

Carlos Hipólito: “El escenario es donde el actor es más dueño de su trabajo, donde somos los reyes”

El intérprete hace su primer monólogo en el teatro tras 42 años de carrera para dar voz a su amigo Gerardo Vera

15 min

Carlos Hipólito (Madrid, 1956) lleva 42 años sobre los escenarios y, sin embargo, hasta este 2022 no ha hecho ningún monólogo. Lo ha hecho por una sola razón, porque se lo propuso el director y actor Gerardo Vera, amigo suyo fallecido el 20 de marzo de 2020 por Covid.

El también escenógrafo dejaba tras de sí una novela autobiográfica que se tornó en el soliloquio Oceanía, y que Hipólito representa en el Teatro Español hasta el 24 de abril. Una obra que, si bien repasa la infancia y juventud de Vera, se convierte en el retrato de una época muy oscura de la historia española y que habla de las relaciones familiares, odios y amores.

--Pregunta: ¿Por qué ese título, Oceanía?

--Respuesta: Gerardo de pequeño tenía una pasión enorme por los países exóticos, porque su padre le regalaba sellos de esos lugares y le hizo aficionarse a los mapas y a los atlas. Y le atrajo Oceanía especialmente porque estaba al otro lado del mapa y soñaba desde siempre viajar allí. Luego hay que ver la función para ver más cosas.

--¿Cómo es meterse en la piel de Gerardo Vera, si es que realmente lo considera así?

--Oceanía es un monólogo en el que Gerardo Vera puso muchas cosas autobiográficas, y cuenta muchas cosas de su infancia, adolescencia y juventud. Entonces, es muy especial para mí porque, sobre todo, era un amigo. Lo que me llena más de orgullo es que, cuando empezó a escribirlo hace tres o cuatro años, él tenía claro que quería que lo hiciera. Eso es un motivo de alegría enorme. Es doblemente emotivo, porque ya no está con nosotros y recordarle cada día es un poquito duro.

--Debe ser muy doloroso. ¿La herida sigue abierta?

--Yo a Gerardo lo quise mucho, compartimos muchos buenos momentos. Oceanía ya de por sí es un monólogo muy emocional, te exige mucho, porque tiene momentos muy divertidos y otros muy dramáticos. Para protegerme un poco intento pensar que es un personaje. De hecho, es un Gerardo que yo no conocí personalmente, porque es el Gerardo de niño y de joven al que no conocí. Lo que sí que, cada día, al terminar el espectáculo, le mando un beso hacía arriba.

--¿Ha conocido muchas cosas que no conocía de Vera?

--Sí, muchas cosas, porque es el Gerardo que prácticamente nadie conocía. La mayoría lo conocemos ya como escenógrafo, director, un creador, un hombre de ideas, de éxito. Aquí nos habla de un niño y un joven peculiar. Un tipo muy sorprendente con cosas que le han pasado y que no imaginaba en su vida. Lo que más me ha sorprendido, quizás, es que haya escrito este monólogo como una puesta al día con el niño que fue y no haya hecho un ejercicio de autobombo para hablar de sus grandes éxitos. Es muy bonito que comparta todo esto con nosotros sin que resulte un ejercicio de autocomplacencia. Me ha parecido muy generoso por su parte.

--Su infancia además no fue fácil. ¿Cómo definiría a ese niño que fue Gerardo Vera? Incluso esa España.

--Todo transcurre en los 50 y los 60 en los alrededores de Madrid e, inevitablemente, es el recuerdo y el retrato de una sociedad en la que todavía coleaban temas de posguerra, había enfrentamientos políticos, con una represión muy dura del franquismo, y nos recuerda cosas a todos. El niño de Oceanía es peculiar, especial, tuvo que buscar su lugar en un entorno complicado. Él fue hijo de una familia muy bien posicionada políticamente, su padre era jefe de Falange, muy tradicional y franquista. Él fue distinto, porque sus inquietudes no iban por el mismo sitio que las de su familia. Para empezar, fue un hombre homosexual, y esconder su sexualidad no debió ser fácil para él y asumirla. Tuvo una relación muy complicada con su padre a lo largo de su vida, desde la admiración absoluta cuando era un niño al odio incontrolable hacia su padre de adolescente, por una serie de cosas que ocurrieron, y de nuevo el acercamiento y el amor a través de la compresión y del perdón cuando su padre estaba muy enfermo al final de su vida. Es una historia muy bonita en la que vemos lo que son tantas familias, los problemas que se crean en ellas, las dependencias, los amores, los odios, los rencores, los perdones, y eso lo hace un retrato muy universal.

--Eso imagino que lleva al espectador a poder relacionarse con la obra aun sin conocer a Gerardo Vera, ¿no?

--Por supuesto. El personaje es Gerardo Vera y son sus recuerdos, pero el personaje podría llamarse Juan Martínez. Es una historia conmovedora por sí misma y tiene un valor enorme. Además, es un Gerardo Vera desconocido.

El director Gerardo Vera / DAVID RUANO
El director Gerardo Vera / DAVID RUANO

--Aparte del reto de ponerse en la piel de su amigo en cada función, es su primer monólogo. ¿Es así?

--Sí, sí. Alguna vez me habían invitado a hacer monólogos y siempre los rechacé amablemente porque lo que más me gusta de estar en los escenarios es hacerlo con los compañeros, mirarnos a la cara, que nos pasen cosas. Por eso, el monólogo siempre me ha dado un poco de pereza. Pero, entre la insistencia de Gerardo y su capacidad de persuasión y la belleza de texto, me pareció que lo tenía que hacer. Así que está siendo un reto y una experiencia maravillosa, porque es un monólogo muy contado al público y cada día éste es diferente, me alimenta y me siento muy feliz.

--¿Cuál fue su primer contacto con Gerardo?

--Mi primer contacto con Gerardo no te sabría decir, porque me da la sensación de que lo conozco de toda la vida. Sí me acuerdo de la primera vez que trabajé con él, fue en 1992 me parece, con la primera película que él dirigió, Una mujer bajo la lluvia, donde hacía un personaje. Nos conocíamos de antes, por eso. Nos hicimos más amigos desde que hicimos El crédito, por 2013. Allí ya empezó a pensar que teníamos que hacer muchas cosas juntos.

--¿Y su primer contacto con el teatro?

--¡Uf! Se remonta a tiempos inmemoriales (ríe) porque yo he ido mucho al teatro desde pequeño, porque mis padres iban mucho, y recuerdo esa magia que sentía al entrar en una sala, se levantaba el telón, se encendían las luces y se creaba esa magia cuando tenía cinco o seis años.

--¿Pasado el tiempo y con sus años en la profesión, se mantiene esa magia?

--La magia siempre está intacta, otra cosa es que unas veces te sorprenda más o menos. Yo cada vez que estoy en un espectáculo como espectador siento una sensación… y ya ni te digo cuando estoy como actor, que se multiplica por 1.000.

--Gerardo Vera, obviamente, contribuyó a esa magia. ¿Ha dejado poso en el teatro? ¿Qué queda de esa forma de hacer teatro que tenía él?

--Gerardo ha hecho teatro hasta hace tres años y su teatro, su manera de hacer y entender el hecho teatral, sigue presente. Era un gran creador de escena, fue un escenógrafo extraordinario, una profundidad que ha creado estela. Era un gran esteta. Y como director siempre tuvo una sabiduría enorme a la hora de montar sus textos. El legado de Gerard como creador y arquitecto de realidades imaginadas en los escenarios está muy presente, y ha dejado una huella imborrable.

Carlos Hipólito en 'Oceanía' / JOSÉ ALBERTO PUERTAS
Carlos Hipólito en 'Oceanía' / JOSÉ ALBERTO PUERTAS

--¿Oceanía saldrá de gira?

--Sí. Hoy por hoy hay 35 actuaciones programadas que me mantendrán ocupado hasta final de año, y pueden salir más. Afortunadamente.

--Todo un lujo en los tiempos que corren.

--Ya lo creo. Ahora mismo es muy complicado hacer giras. Los ayuntamientos están sin dinero. Se creó mucho atasco durante la pandemia en los teatros por compromisos adquiridos anteriormente.

--¿Hay mucho overbooking?

--Durante prácticamente un año y medio estuvo muy difícil la movilidad entre comunidades y era muy complicado hacer giras. Primero, por el confinamiento, y luego por la reducción de aforos, que en algunos casos era del 30% y hacía casi inviable poder hacer la función. Las representaciones se paralizaron y los compromisos adquiridos con determinadas compañías se pararon, y luego se quisieron cumplir esos acuerdos. Eso ha ido generando un tapón que ha provocado que las nuevas producciones esperen a poder salir. Otras se han quedado en el camino y no se han podido recuperar. Está complicado, y se va a normalizar poco a poco. Lo hace, pero es muy grande la huella que ha dejado.

--¿Y al público lo ha empujado más a ir o fue sólo un boom?

--En parte sí es cierto. También ha habido un exceso de ficción consumida a través de las pantallas, al estar cerrados en nuestras casas. Ha habido mucho streaming, mucha serie, propuestas de ver teatro en las pantallas, y hay una especie de deseo de ver cosas en directo. En la música también ha pasado. La emoción que tú sientes cuando ves un espectáculo en persona es muy diferente al que sientes al verlo en una pantalla, porque hay una energía que se crea en la sala, porque sucede todo delante de tus ojos y en tiempo real. Eso ha hecho que mucha gente tenga ganas de volver al teatro y, los que ya eran aficionados, han vuelto con una actitud casi militante.

--¿Al margen de la gira tiene otros proyectos?

--Yo he querido vivir Oceanía a pleno pulmón. He desechado todas las posibles cosas que tuviera que compaginar con ello de audiovisual. Estoy dedicado en cuerpo y alma al monólogo, y no lo compagino con nada. Puede que igual es posible que más adelante, cuando estemos de gira, pueda meterme en algún rodaje. Mientras tanto estoy disfrutando Oceanía con alegría y no con angustia porque no me dé la vida.

--Y eso que usted ha hecho muchos personajes en el audiovisual.

--A mí siempre me atraen los buenos personajes. He tenido la suerte de poder rodar cosas preciosas para televisión y películas. Y en el escenario ni te cuento. El escenario ha sido mi casa desde hace 42 años. Porque prácticamente he estado subido en ellos sin interrupción durante todos estos años. Últimamente, en televisión, donde hay más producción ahora, también he hecho cosas muy bonitas. El escenario no lo dejaré nunca, puedo resistir más tiempo sin pisar un plató que sin pisar un escenario, eso es verdad (sonríe).

--¿Qué tiene que lo engancha tanto?

--El escenario es el lugar natural del actor, es donde el actor es más dueño de su trabajo. En un rodaje, haces tu personaje y hay muchas manos que lo manipulan después: quitan una escena, ponen otra, le añaden música… En el escenario estás tú en tiempo real, haciendo tu trabajo y recibiendo la respuesta inmediata del público a lo que estás haciendo. Allí es donde los actores somos los reyes, en el escenario.