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La app y plataforma de videollamadas Zoom / ZOOM

Las videollamadas aumentan el deseo de operaciones estéticas

Para muchos usuarios, verse como no desean en las videoconferencias supone un estrés mayor que la propia reunión

6 min

La pandemia de coronavirus ha cambiado muchas cosas en el día a día de las personas y una de ellas ha sido el modo de comunicarse, ya que el distanciamiento social (y antes el confinamiento) ha provocado que las aplicaciones de videoconferencias hayan experimentado un inusitado crecimiento.

Quien más y quien menos utilizó alguna de las más populares para hablar con sus seres queridos durante los meses de confinamiento en el hogar, con especial relevancia para Zoom, la cual vivió un incremento de descargas tal que sus creadores tuvieron que asumir la caída del servicio en algunos momentos, ya que no se esperaban ese crecimiento exponencial.

Verse frente a los demás

Pero su uso no es lo único que ha crecido, sino que está ligado al aumento de solicitudes de operaciones estéticas que se está produciendo en los últimos meses. La causa no es otra que el verse en la pantalla del ordenador compartiendo espacio con otras personas, especialmente cuando se trata de compañeros de trabajo o reuniones laborales.

Es en ese momento cuando numerosas personas consideran que su aspecto no es el más idóneo o cuando descubren que su imagen dista de lo que desean o de las que ven en otros participantes de la videoconferencia.

Más atentos de la imagen

Las videollamadas se han convertido en una constante en las relaciones laborales, ya que de ese modo son posibles las reuniones de equipo o con clientes sin necesidad de desplazarse a ningún lugar -y así mantener las medidas de seguridad para evitar contagios-. Pero parece ser que para muchas personas esta situación es más estresante que el hecho de “arreglarse” para acudir a la reunión física.

Eso al menos es lo que se desprende de un estudio que la compañía Highfive realizó incluso antes de los periodos de cuarentena que se han vivido en muchos países del mundo. Las conclusiones del mismo son que los usuarios que emplean plataformas de videollamadas, tales como Skype, FaceTime o Zoom, entre otras muchas, no están satisfechos con el modo en que se ven en la pantalla.

Interfaz de Zoom / EUROPA PRESS
Interfaz de Zoom / EUROPA PRESS

A disgusto con el aspecto

De hecho, al 38% no les gustaba verse mientras hablaban con los demás y el 48% reconocía estar más pendiente del aspecto que mostraba en pantalla que de la propia naturaleza de la llamada. Es decir, probablemente no resultaban todo lo proactivos que debían a causa de estar atentos a si se veían bien o mal.

Y eso no es todo, además, un 59% reconocía que al verse constantemente en pantalla, era más consciente de su apariencia… y eso provocaba a su vez que el 35% considerase que en las videollamadas se veía menos agraciado que en la vida real. Y para rizar el rizo, hasta un 34% aseguraba que tardaba más tiempo en preparar su aspecto físico antes de la videorreunión que el tema que se iba a tratar.

Más cirugías

Aunque no hay datos concretos al respecto, numerosos medios se han hecho eco en todo el mundo de que las clínicas de cirugía estética han visto crecer el número de solicitudes de intervenciones para hacerse retoques: desde aumentar el pecho, hasta los implantes capilares, pasando por las correcciones en el rostro. Y es que con este tipo de aplicaciones, los trabajadores han visto cómo aumentaba la presión por su propia estética (esa presión es en la mayoría de las ocasiones inducida por ellos mismos). Eso ha llevado a querer verse más atractivos.

Claro que lo que mucha gente debe tener en cuenta es que el aspecto que aparece en las cámaras no tiene por qué corresponderse con la realidad. A fin de cuentas, no todas las ópticas tienen la misma calidad ni todas las estancias cuentan con la mejor iluminación. Es más, una luz inadecuada puede aumentar los pequeños defectos del rostro.

No es nuevo

No obstante, no es la primera vez que los cirujanos plásticos han experimentado un aumento en las peticiones a causa de la tecnología, ya que en los últimos años se ha venido produciendo un fenómeno preocupante para muchos especialistas.

Son muchos los usuarios, especialmente los más jóvenes, que se acercan a las clínicas a solicitar cambios en sus rostros y sus cuerpos para parecerse al modo en que se ven con los filtros de aplicaciones como Snapchat o Instagram.