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Bengala que se consume como los propósitos de año nuevo / UNSPLASH

¿Por qué fracasan la mayoría de los propósitos de año nuevo?

Una serie de consejos para que las buenas intenciones no se queden a las puertas de 2020

Juan Antonio Marín
6 min

Con la llegada de un nuevo año, llegan también los conocidos propósitos de Año Nuevo. Estas buenas intenciones que casi todas las personas albergan en su interior y que suelen estar relacionadas con una vida más sana, la práctica de deporte, dejar el hábito de fumar o encontrar un trabajo mejor.

Sin embargo, todos estos propósitos suelen quedarse solo en eso. ¿Por qué ocurre esto? El psicólogo y experto en coaching Jon Pera, que ha trabajado para Leroy Merlín antes de fundar su propia consultora, explica que existen algunas barreras que frenan a la mayoría de las personas cuando quieren alcanzar sus objetivos.

Falta de motivación

El principal problema es la falta de motivación. Un mal que tiene su origen en objetivos poco claros o no muy definidos. Si una persona quiere hacer deporte porque ha visto en un programa de televisión que eso es bueno para su salud, pero nunca ha hecho deporte y le horroriza ponerse a correr, lo más probable es que acabe olvidando su propósito lo antes posible.

Y es que para conseguir un nuevo hábito es necesario, al menos, mantenerlo durante 21 días. Así lo formuló el psicólogo (y reconocido cirujano) Maxwell Maltz. Lo interesante es que se dio cuenta de que, después de operar a sus pacientes, estos tardaban aproximadamente 21 días de media en acostumbrarse a su nuevo aspecto. Esto le puso sobre la pista para seguir investigando y teorizar sobre cómo una persona es capaz de olvidar algo grabado en su mente para abrazar una nueva forma de vida.

Falta de constancia

Esto lleva al segundo punto que hace que los buenos propósitos se hundan a mitad de camino. Cambiar un hábito, como se ha descrito anteriormente, lleva una media de 21 días. Esos 21 días suelen costar un gran esfuerzo y hay personas que no están dispuestas a llevar a cabo este cambio en sus vidas.

Pizarra para escribir los propósitos de año nuevo / UNSPLASH
Pizarra para escribir los propósitos de año nuevo / UNSPLASH

De hecho, un estudio llevado a cabo por la UPCCA (Unidad de Prevención Comunitaria de Conductas Adictivas) de la Comunidad Valenciana explica uno de los preceptos más básicos de la psicología: los hábitos se crean en tres fases: la activación, la acción y la recompensa. Para cambiar de hábitos, como por ejemplo dejar de fumar, hay que tener muy claro cuál es la recompensa y cómo llevaremos a cabo la acción cuando ocurra el activador.

Falta de un método

El gran enemigo de los buenos propósitos de año nuevo es la falta de un método que permita seguir siendo constante a la vez que se comprueban los beneficios de nuestras acciones. En el típico objetivo de año nuevo de acudir al gimnasio, el método suele estar más claro, ya que el entrenador puede cambiar la rutina para que el trabajo siga siendo estimulante con los meses, pero con otro tipo de propósitos puede no ser tan visible.

Por ejemplo, la OMS recomienda reducir el consumo de carne procesada y carne roja, ya que es muy beneficioso para la salud y también para reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera, provocadas por la industria cárnica. Sin embargo, para una persona a la que le gusta mucho comer este tipo de alimentos, ver la recompensa a corto plazo no es muy sencillo. Es aquí donde entran las autorecompensas, es decir, pequeños premios que la persona puede concederse por haber logrado su objetivo.

Falta de objetivos

Por último, hay que hablar de la falta de objetivos reales. Es muy común ver a personas que se apuntan a todo en año nuevo: dejar de fumar, beber menos alcohol, apuntarse al gimnasio, a clases de inglés… Sin embargo, este tipo de objetivos no son realistas, ya que pasar de no hacer nada a tratar de hacerlo todo también puede ser muy frustrante para la persona que lo intenta.

Según el libro Agotamiento ocupacional, la frustración, ya sea en el trabajo o con dichos propósitos, tiene su origen en una falta de objetivos realistas o realizables. Al no cumplir con lo que se había fijado en un principio, aparece la frustración, la culpa y las ganas de seguir con el hábito nocivo anterior. En conclusión, mejor tener un propósito pequeño y fácil de cumplir que muchos y muy dispersos.