En el colegio, Ignasi Casanova siempre tuvo claro que lo suyo era el mundo natural.
Estudió geología en la Universidad de Barcelona y después se marchó a Estados Unidos para realizar un doctorado en geoquímica en la Universidad de Nuevo México.
Allí trabajó en el prestigioso Laboratorio Nacional de Los Álamos, cuna de la bomba atómica, donde desarrolló su pasión por el vínculo entre la geología y el espacio.
Su investigación sobre el origen de los planetas y los meteoritos le abrió las puertas del Johnson Space Center de la NASA y de la Universidad de Chicago, hasta que surgió la oportunidad de regresar a Barcelona.
Actualmente, Casanova imparte clases de geoquímica ambiental y ciencias planetarias en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC).
Todo sobre la luna
Ahora, de una necesidad de trasladar sus conocimientos a un público más general, ha nacido Fascinats per la Lluna (Cossetània, septiembre de 2026), un ensayo que recorre la relación entre la humanidad y la Luna, desde las primeras creencias hasta los últimos descubrimientos científicos y las nuevas misiones espaciales.
“En algunas charlas me encuentro con personas que todavía no creen que el ser humano haya pisado la Luna”, se ríe el reconocido investigador y divulgador científico, que durante varios años formó parte del Grupo Asesor de Ciencia y Tecnología de Exploración de la Agencia Espacial Europea (ESA).
La luna llena
Fascinación milenaria
El objetivo del libro, explica, era “poner un poco de orden” entre tantas cosas que los humanos hemos oído sobre la Luna. Empezando por esa frase que todos hemos escuchado alguna vez cuando hay luna llena: “¿Te has fijado en la Luna de hoy?”
“Durante siglos y siglos, la Luna ha despertado fascinación”, insiste Casanova. Una fascinación que está presente en la mitología, la cultura popular y el arte de prácticamente todas las sociedades.
A lo largo de la historia, cada cultura ha explicado su origen a través de mitos y leyendas, a menudo vinculados a los ciclos de la naturaleza, el paso del tiempo o la vida y la muerte.
Pero más allá de la imaginación y la cultura popular, ¿qué sabemos realmente sobre la influencia de la Luna? se pregunta.
Contraste científico
En Fascinats per la Lluna, el autor revisa algunas de las creencias más extendidas, como la supuesta relación entre la luna llena y el aumento de la criminalidad o de los nacimientos, y las contrasta con las evidencias científicas.
El geólogo Ignasi Casanova.
“Existe un sesgo claro, porque nadie se fija en estos datos cuando no hay luna llena”, explica Casanova. Es decir, tendemos a recordar los acontecimientos extraordinarios que coinciden con la luna llena y a olvidarnos de los que suceden cualquier otra noche.
El ensayo permite así separar los mitos de la realidad y entender en qué puede influir —y en qué no— nuestro satélite en el comportamiento humano y animal.
La Luna como laboratorio
Por otro lado, el libro también repasa las principales misiones espaciales que han permitido ampliar nuestro conocimiento de la Luna, desde las misiones Apolo, que llevaron por primera vez al ser humano a su superficie en 1969, hasta el programa Artemis de la NASA, que plantea el regreso a nuestro satélite y contempla Marte como el siguiente gran objetivo de la exploración espacial.
“Los niños que ahora están en Primaria serán los astronautas que volverán a la Luna”, explica Casanova, convencido de que en las próximas décadas veremos nuestro satélite convertido en un gran laboratorio científico.
El geólogo no se atreve a pronosticar cuándo se producirá ese regreso ni quién lo protagonizará: estadounidenses, chinos o europeos. Pero está convencido de que tanto la Luna como Marte ofrecen enormes posibilidades para entender mejor el universo e investigar avances científicos “que acabarán teniendo influencia en el bienestar de la Tierra”.
La misión Artemis II a la luna
No obstante, la exploración espacial debe hacerse de forma responsable y sostenible. “Lo que no podemos hacer es ir al espacio como depredadores, lanzando cohetes y dejándolos caer, como hacen algunos magnates”, señala.
Evolución constante
Las posibilidades que abre la exploración espacial son infinitas, especialmente si tenemos en cuenta la velocidad a la que avanza la tecnología. Casanova recuerda que el ordenador de a bordo de la misión Apolo 11, que llevó al primer ser humano a la Luna, tenía una memoria de apenas 64 KB, “una décima parte de una calculadora de bolsillo actual”, según explica. Una capacidad suficiente para llevar a Neil Armstrong y Buzz Aldrin a la Luna y traerlos de vuelta a casa.
Sin embargo, más de medio siglo después, todavía hay quien duda de que aquello sucediera. Ante el terraplanismo y la incredulidad, incluida la de algunos amigos de su generación que siguen cuestionando que el hombre pisara la Luna en 1969, Casanova reconoce que dispone de pocas herramientas más allá de pedirles que confíen en las evidencias científicas y que, por favor, le crean.
“Ya lo decía Carl Sagan: 'Es más fácil creer que saber'”, recuerda.
