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La 83ª edición del Festival de Venecia llegó a su fin. Faltan los premios y un último día para disfrutar del cine de Lav Díaz y otros, que se pasan este sábado.

La suerte está echada. El jurado, presidido por Maggie Gyllenhaal, tiene ahora que deliberar.

Para la prensa, la cosa parece clara: Naza merece ganar el León de Oro. El resto está repartido.

Para el firmante, Bucking Fastard merece llevarse algo, por ser una de las propuestas más originales a nivel formal de este festival.

¿Un favor a Herzog?

Posibilidad tiene. La cinta fue rescatada por Alberto Barbera después de que Werner Herzog la retirase del Festival de Cannes por no ponerla a competición. ¿Se le prometería también premio en Venecia?

Sea por eso o no, la película de unas gemelas que hablan a la vez y que viven el amor de la manera más apasionada y peligrosa posible, llevándolas hasta habitar cuevas, se sale de todo registro.

Candidatas al León de Oro

La tierna Look Back de Koreeda, con esas niñas que triunfan en el manga, es una de esas adaptaciones y cantos a la amistad que conquista hasta a los corazones más duros.

Por último, el guion de Stéphane Brizé y la interpretación de Alba Rohrwacher en Un bon petit soldat podrían ser reconocidos por denunciar la opresión del sistema a la mujer trabajadora (y a todos) solo con la puesta en escena.

Aun así, cintas como la oscarizable Wild Horse Nine, la 'parasitaria' Possible Love y la mastodóntica Dau también suenan para premio.

No así las últimas películas presentadas en la Selección Oficial, que parecen recuperar el arranque político de esta 83.ª edición, pero de una forma mucho más tibia y nada afortunada.

El regreso del cine iraní

A Bit of Light, de Ali Asgari, parece puesta para cumplir la cuota iraní de todo buen festival que se precie, porque sus valores cinematográficos son escasos.

La película, que arranca con un poco creíble llanto del hijo protagonista, sigue la historia de un médico que ha decidido suicidarse ante la situación que vive el país.

Una película contemporanea

Más que por las amenazas de Trump de bombardear el país, el doctor no está dispuesto a ser perseguido por ayudar a las manifestantes que han salido a la calle para protestar contra el régimen del ayatolá Jameneí.

Eso sería todo. La película es una wannabe road movie, en la que el protagonista emprende su viaje de despedida con sus hijos, esposa y madre. Ellos quieren aportarle esa poca de luz necesaria para que no se suicide.

El problema es que en la cinta no hay emoción alguna. Nadie transmite nada y ni siquiera el juego de ir descubriendo qué sucede genera tensión. Es completamente fallida.

Tampoco mejora la cosa la enésima película italiana del certamen, Ritorno a Buenos Aires. El cineasta Marco Bechis aborda de nuevo la dictadura argentina y sus asesinatos. Esta vez, desde uno de los juicios menos conocidos, el del 2008.

Un ciudadano italiano que estuvo preso más de dos años en el Garaje Olimpo es llamado a declarar como testigo. Pero poco a poco se va viendo que no es una víctima cualquiera.

El problema de la cinta no es que se haya contado esto muchas veces, es su aproximación dramática.

Retorno al inicio

El realizador carga las tintas en el drama, con ambiente cargado y aspecto poco cuidado, pero no acorde con los hechos. Más bien con estética de telefilm, lo que no habla bien de que esté en concurso.

En este sentido, la Mostra regresa a la primera jornada, donde la política y la denuncia de Ink y La ragazza con la Leica anunciaban la militancia política de esta edición.

La llegada de Russell

Tampoco faltó la estrella de Hollywood. Si George Clooney era el protagonista de la primera jornada, el (pen)último día apareció en el Lido Russell Crowe.

Él no vino a recoger ningún premio, por eso, sino a hablar de su libro. Es decir, de su película y de él.

Russell Crowe ALEKSANDER KALKA

El actor de Gladiator ha presentado fuera de concurso el documental que ha dirigido, What Love Builds. Dirigido, producido, escrito y protagonizado.

La cinta es una recopilación de imágenes de él y de su 2024agencro, incluso previas a su salto a la fama. Un canto a su pasión y a los que lo critican por haberse pasado a la música, cuando en realidad Crowe hizo el camino inverso.

Russell Crowe en 'What loves build'

Y básicamente la película es eso. Una defensa de sí mismo y de su banda y un canto de amor a la música, que es lo que en realidad ama y que, dice, lo ha hecho ser como es. Lástima que el público solo vea un vehículo para ensalzar su ego, con largas escenas de sus canciones y que esta sea la despedida de Venecia.

Otro 'egotrip'

Y, ojo, que lo de los egotrips no es solo cosa de Hollywood. El cineasta chino Yonfan hace lo mismo en la eterna Intermission.

En sus 3 horas y 45 minutos, el cineasta y fotógrafo repasa toda su carrera, para aquellos que la desconocen. Eso sí, tanto les da un cargo como se ríe de sus fracasos e intentos fallidos.

Aun así, no es más que un acumulado de escenas de sus películas con intervenciones de él tanto en voz como en busto parlante. Hay que estar muy metido en su cine para que pueda gustar.

En fin, habrá que esperar ahora a los premios, a ver si aquí la 83.ª edición del Festival de Venecia se luce para bien.

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