Para muchos está sobrevalorado, otros lo consideran un genio. Sus películas son puro guion y, tal vez, porque no hay apuestas formales, ya está llamado a llevarse algún premio en el Festival de Venecia.
Ya quedan pocos días y pocas películas a concurso por presentarse, pero la octava jornada de la Mostra ha sorprendido.
El aterrizaje de Un bon petit soldat ha sentado como un pequeño alivio ante el fracaso de las propuestas hollywoodienses de Company y Bunker. Claro que tampoco lo pusieron muy difícil.
Stéphane Brizé firma aquí una cinta tan bien contada e hilada por las acciones que, en una época en la que los personajes deben contar todo el rato en pantalla aquello que les pasa, que las acciones sean las que hablan ya se aplaude.
Una actriz de premio
La protagonista, una Alba Rohrwacher digna de llevarse la Copa Volpi, entra a una empresa como jefa de recursos humanos y se va a encontrar con que no la dejan hacer nada. Todas sus acciones son juzgadas y, mientras, ella ve a su hijo solo a través de vídeos que le manda el padre.
Todo lleva a una escena (que no es la final) en un bar donde, sin gritos, en una conversación, todo ocurre. Y nada. Pero es, tal vez, la escena más dramática y emotiva vista en la Selección Oficial.
Y eso que en las tres horas y media de Dau drama hay. Mucho y de una espectacularidad apabullante.
Con una fotografía del horror completamente acorde, una ambientación potentísima y un montaje perturbador, Ilya Khrzhanovsky te mete de lleno en la película aunque uno no quiera.
'Dau'
La cinta narra la historia del científico soviético Lev Landau que se negó a desarrollar la bomba atómica para los rusos, pero sin un solo toque de hagiografía.
El personaje es tan despreciable como las acciones que toma contra él el Estado soviético (amenazas, torturas, palizas, espionaje, traiciones...). Ególatra, machista, interesado.
Fotograma de 'Dau'
Pero lo que hace potente a la película es que esta miseria de la URSS y de Dau parecen contaminar todo lo que la rodea: la escena, los movimientos de cámara y el montaje.
Lástima que, tras la media parte, toda la fuerza con la que engancha al espectador se pierda por querer meter más la llaga en los comportamientos domésticos que en las trampas del Estado (que las hay).
Un poco de calma
Por suerte, toda esta intensidad y desazón ha tenido su momento distendido. Aunque con su toque dramático, como no. Lo aligeró un poco Guria, película del no muy conocido cine georgiano, dirigida por Levan Koguashvili y presentado en la sección Spotlight.
La cinta traslada al espectador hasta 1992, cuando el pueblo que da nombre a la cinta celebra un concurso de mises. Esa es la premisa, pero el film es mucho más.
Todo parte del protagonista, un vendedor de avellanas que acaba de enviudar y a quien sus amigos quieren buscarle nueva novia con el concurso de mises. Entre medias, pasarán muchas cosas.
Asaltos, peleas entre amigos, secuestros de jóvenes, matrimonios por secuestro y lodo, mucho lodo, que ensucia la imagen.
Una conexión inesperada
En un blanco y negro que ayuda a ensuciar un poco más la imagen cargada del barro de la cinta, el recurso del neorrealismo italiano se acerca más a una fábula tragicómica que retrata la miseria del ser humano.
Todo, y aquí la conexión con Dau, en una Georgia recién salida de la URSS, pero que parece clavada en el fango que ha quedado. Por suerte, aquí está contado con una sonrisa.
Navidad italiana
Fuera de competición se ha presentado la enésima película italiana en Venecia, Il fuoco che ti porti dentro, de Edoardo De Angelis.
Se podría decir que es una comedia de Navidad. Pasa en Nochebuena y con una familia que solo se habla a los gritos y desde el maltrato.
Con unas frases tan hirientes como cómicas por la manera en que se lanzan y se filman, y una cámara que trata de seguir los dardos desde los primeros planos de los personajes, la asfixia de esta casa traspasa la pantalla.
Las frases hacen reír, sí, mucho. Pero nadie quisiera estar allí. Excepto los que llevamos ya 8 intensas jornadas de festival. Una comedia tan bien filmada y dialogada como esta era necesaria.
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