¡Cuatro horas! Cuatro horas de metraje para hablar de Elon Musk, un personaje que solo busca protagonismo y que va a estar muy orgulloso de que el Festival de Venecia presente una película sobre él en su 83.ª edición.
No va a concurso, pero no hace falta. Todo el mundo habla ya de esta historia, al menos por hoy, lo que seguro contenta sobremanera al fundador de Tesla. Pero este cronista no ha querido hacerle este favor al multimillonario sudafricano. Lo siento.
En su defecto, en este ecuador del festival prefiere hablar de la película que tiene ya todos los números para llevarse el León de Oro.
Sí, ya se ha dicho de Primetime, Possible Love y hasta de Mr. Nelson, Did You Kill People?. Pero eso fue antes de la aparición de Look back de Hirokazu Koreeda.
La llegada de Koreeda
El realizador japonés, a veces irregular, ha vuelto a conquistar los corazones de los espectadores de la Mostra de Venecia con otra de sus historias de infancia.
Pero de las cuidadas, de las que miran con mimo a sus personajes y a lo que hacen, en este caso a lo que dibujan. O sea, al manga. Y no solo.
Habla del acoso, de perseguir las ilusiones de uno sin importar el qué dirán, de la sociedad del exitismo y, aunque no lo parezca, de la violencia que empieza a atravesar también a una sociedad que parece tan educada y ordenada como la de Japón, especialmente en los films de Koreeda.
Si a eso se le suma el cariño del cineasta en el retrato de sus protagonistas, el cuidado de la música, los planos detalle de cada trazo que dibujan las protagonistas y unos momentos emotivos que subrayan la emoción a través del paisaje y los objetos, sale Look Back, una película redonda y merecedora del León de Oro. Al menos, por ahora.
Una serie B en Venecia
La cara opuesta a Look Back es L'estranea, de Paolo Strippoli, una cinta con un guion tan curioso como mal hecho. Sí, aquí uno de los personajes muestra una herida y es en la escena siguiente cuando se muestra cómo se la ha hecho. Y no es un salto temporal.
Se trata de una nueva incursión del cine de género en este festival y ya van incontables. Esta vez para hablar de los riesgos de pedir todo aquello que se desea.
La protagonista es una madre de una familia rica e ideal que, cuando su hija está a punto de perder una pierna, tiene un encuentro con una especie de Fausto con el que acuerda salvar la pierna de su hija a cambio de que su hijo tenga un problema con el peso.
Y allí se desata el caos. Las situaciones son bizarras, las intervenciones de Valeria Bruni Tedeschi como diablesa son para reírse y es que, si uno no se toma la película a risa, como una serie B bizarra, uno solo puede acabar con una úlcera. Aunque también hay mucho fan en redes.
Y Zizek puso la cabeza
Por suerte, el filósofo Slavoj Zizek vino a poner cordura. Sophie Fiennes graba las reflexiones del esloveno en The Pervert's Guide to Utopias, un viaje no solo por el pensamiento del autor, sino también por algunas de las mejores (y no tan buenas) películas del séptimo arte.
No es la primera vez que Zizek reflexiona ante la cámara y, por suerte, es un placer. Esta vez lo hace para hablar de la necesidad de utopías y eso no significa ponerse pesado y dar solo a la derecha.
Zizek reivindica también la necesidad de desconectar y pasarlo bien. Por eso ama el cine, por eso y porque propone utopías, piensa el mundo como él. Y además se disfraza de lo que haga falta para ello, hasta de Kirsten Dunst en Melancholia.
Y al contrario que pasaba hasta ahora, las secciones paralelas tampoco se han aportado mucho. Tal vez la más interesante haya sido Una storia, presentada en Orizzonti.
La película, dirigida por Anna Foglietta, es muy monótona, como la vida de sus protagonistas cuando su hija se va a la universidad. Los meses pasan y, poco a poco, se hace obvio el desgaste, que a sus vidas les pasa algo.
Todo, absolutamente todo, se sabe desde el principio, pero hay un juego con el montaje y, más concretamente, de la transición entre planos que está bien y el final, con la conversación a pantalla partida y con los rostros casi uno encima del otro, generan algo muy poderoso. Lástima que, para entonces, el espectador ya quiera irse para su casa.
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