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El segundo día de Venecia parece poner en duda el mantra que ha circulado durante los días previos al arranque del festival.

Dicen los entendidos que Hollywood le ha dado la espalda al certamen después de que este abriera las puertas a las plataformas cuando Cannes se las cerraba. Bien, ayer Ink lo desmentía y hoy Wild Horse Nine lo ratifica.

Es pronto para decirlo, porque solo han pasado dos días, pero lo cierto es que la película de Martin McDonagh se ha llevado el mayor aplauso hasta el momento.

La cinta del director de Tres anuncios en las afueras apunta de nuevo a conquistar al público y, quién sabe, si también a la Academia de Hollywood. Tiene todos los ingredientes para hacerlo: un guion ágil, un sentido del humor sarcástico y, sí, también un mensaje político. Aunque la cosa se le complica.

Wild Horse Nine sigue las aventuras de dos agentes de la CIA enviados a Chile para preparar el golpe de Estado contra Allende. Uno de ellos, interpretado brillantemente por John Malkovich, es el perro viejo: de vuelta de todo, confiesa sus planes, se muestra orgulloso de haber acabado con varias democracias y se comporta de forma caprichosa. El joven, como es obvio, trata de controlarlo. Pero, claro, hay gato encerrado. Ambos tienen agendas paralelas, también al margen de la CIA, que no sale muy bien parada.

La segunda película de la jornada con sabor a Hollywood, pese a estar fuera de él, es Bucking Fastard. Werner Herzog ficha al pirata Orlando Bloom y junta a las hermanas Kate y Rooney Mara para hacer otra genialidad. Una historia de amor, un amor fuera de toda norma y de todo control, aunque se lo impongan.

Las protagonistas son unas gemelas que se enamoran de un hombre tras las noches que pasaron con él. Las chicas confiaron y, al sentirse traicionadas, tomaron medidas extremas que las llevaron a juicio y, después, a ser apartadas de la sociedad. ¿Amar está prohibido? Esa podría ser la pregunta que lanza el alemán al mundo en una cinta que bebe del realismo mágico y del universo de Lynch, a quien dedica la película.

Cabe citar también un filme tan aburrido como torpe. Eso sí, político hasta la médula. Podría hacer las delicias de Giorgia Meloni, y eso que su director, Gianni Amelio, seguramente no quisiera. Pero es que Nessun dolore es tan torpe que convierte una historia sobre la culpa en un elogio de la xenofobia.

Cine de extrema derecha, ¿sin querer?

El protagonista de la cinta italiana es un hombre que no puede lidiar con la muerte de un niño inmigrante que fue atropellado en la calle después de que él le gritara que se alejara de su lado. Como se siente mal, cuando presencia una situación similar en el hospital, acoge a otra inmigrante víctima del rechazo generalizado. Ella le toma el brazo y le llena la casa de personas sin hogar, todas racializadas. ¿Qué pasa después? Que el culpable acaba en la cárcel tras ser denunciado por sus vecinos.

¿Quién se lo cree? Nadie, excepto la extrema derecha. Lo único que salva a la cinta es que, antes de arrancar, explica que esta es "una historia que todavía no ha pasado". Un adverbio que, tras ver la película, parece casi una advertencia.

Y, para terminar el día, ha venido Shinya Tsukamoto a hacer también una incursión en Hollywood y en uno de sus grandes tópicos: los veteranos de la guerra de Vietnam y sus traumas, con Mr. Nelson, Did You Kill People?

Los que crean que apenas puede quedar algo por contar están en lo cierto. La película del japonés no aporta nada nuevo. Este es otro filme en el que un veterano de guerra no puede adaptarse a la vida normal debido a sus traumas. Él, junto al espectador, los revivirá de nuevo con todo lujo de detalles, tal y como se los cuenta a su psicólogo y Tsukamoto se empeña en mostrar.

El creador de la saga Tetsuo despliega aquí todos sus conocimientos sobre el cine de terror y acción para mostrarnos lo descarnada que es la guerra. Aquí hay sesos, violencia seca y cruda, como seguramente fue, y sonido a todo volumen, muy del gusto de Christopher Nolan.

O sea, que la única diferencia entre cualquier película sobre Vietnam y Mr. Nelson no es otra que el exceso. El exceso de violencia —¿necesaria?—, de drama e incluso de referencias: desde Apocalypse Now hasta El gran dictador, con un discurso final en el que el director justifica por qué ha vuelto a este universo de Vietnam.

Y sí, es la respuesta que todos sabemos, pero ya se sabe que el público, para Hollywood, necesita que se lo expliquen. Nosotros no lo haremos: seguiremos aferrados al cine y al festival.

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