La actriz Pepa Charro BARCELONA
Pepa Charro aparca a La Terremoto y vuelve al teatro de la mano de Cesc Gay: “He tenido que inventarme movimientos y gestos para controlarme”
La actriz regresa a Barcelona para meterse en la piel de Natalia, su personaje en '53 domingos'
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Pepa Charro ha aparcado un poco a La Terremoto de Alcorcón. Le da pena, admite, pero entre manos tiene un proyecto nuevo, todo un reto para ella: interpretar a Natalia en la comedia 53 domingos, de Cesc Gay.
La primera obra de teatro que escribió el cineasta catalán vuelve a la cartelera de Barcelona (y de media España) con un reparto en el que la madrileña se agarra los machos y reúne toda su energía para dar lo mejor de sí.
Lo hace a partir del 2 de septiembre en el Teatre Condal de Barcelona, la ciudad que la hace feliz, reconoce. “Es la ciudad de toda España donde más he trabajado”, revela en una entrevista con Crónica Global.
Ese amor se siente y ahora, con algo de miedo, espera que el público catalán vuelva a abrazarla en esta particular reunión de hermanos, donde.
Escena de la obra de teatro '53 domingos' BARCELONA
—Un reto, supongo, ¿no?
—Sí, es un gran reto.
—¿Cómo decide meterse en este fregao'?
—Llevamos mucho tiempo con este proyecto, pero por temas de agenda era muy difícil cuadrar. Yo, desde el minuto uno, sabía que quería hacer algo así.
Bueno, yo empecé haciendo teatro, con Diabéticas aceleradas, al principio del todo, en el año 2000. Eran comedias banales y divinas que hacíamos en Mallorca y saliendo de gira.
¡Yo cerré el Arnau! Siempre he podido decir: “Yo cerré el Arnau y reabrí El Molino”. Aquí también he hecho Flor de Nit, en el 25 aniversario, en una colaboración, y ahora, por fin, teatro.
—O sea, que está volviendo.
—Sí, pero estoy un poquito asalvajada. En los últimos diez años he hecho un poco lo que me ha dado la gana. Con La Terre yo me lo he inventado y me ha funcionado. He hecho mucha tele, sobre todo después de la pandemia, porque el tema del teatro estaba peor, y me lo he pasado bien.
Pero pensaba que estaba más suelta con el tema del escenario, porque estuve también ocho años haciendo The Hole. Lo que pasa ese era un espectáculo que te permitía improvisar constantemente, que es lo que a mí me gusta. A mí nadie me controlaba los movimientos, nadie me controlaba las palabras y, de repente, sumergirme en un texto de Cesc Gay, que es un director súper estricto con los movimientos y con el texto, pues me está costando muchísimo.
La actriz Pepa Charro BARCELONA
—Sí, hemos visto unas escenas e incluso hay un control de sus andares en el escenario.
—Sí, claro. He tenido que inventarme movimientos y gestos para controlarme, porque yo soy una tía muy grande en el escenario y sé que tengo mucha energía, y él quería que la bajara un poco. Entonces he tenido que buscar tips.
—¿Como el andar?
—Sí, tipo andar con pasitos más pequeños, que ridiculizan un poco al personaje, que me ayudan a pensar un poco más lo que estoy haciendo y a bajar un poco la energía y la velocidad.
Bueno, por supuesto, también una peluquita. Cuando hicimos las fotos del cartel no estaba, pero yo ya estaba pensando que la tenía que colar. Con peluca me siento mucho más cómoda en un escenario, siempre.
—Le hace de máscara, supongo.
—Sí, cada uno se monta la suya a su manera y yo la necesito más física porque es en lo que más me he movido. Desde La Terremoto siempre he ido con su peluquita.
Entrevista a Pepa Charro BARCELONA
—Pero no es por timidez, ¿no?
—No, no es por timidez. Lo que pasa es que te permite ver la vida de otra manera. Un trozo de flequillo como el que llevo te transforma un poco, ya hace que todo sea diferente.
Cuando haces una obra de teatro, y más de este tipo, en los ensayos vas con tu ropa y funciona de una manera, pero en cuanto te vistes del personaje, te calzas los zapatos del personaje —los zapatos también son muy importantes, por lo menos para mí—, ya es otra cosa.
Con este personaje, por ejemplo, necesitaba un zapato que me hiciera como botar para lograr ralentizar mis movimientos.
—Volvemos a la contención.
—Sí. Yo entiendo que hay otros actores con mucha más técnica que yo, por supuesto, a los que no les cuesta nada subir, bajar y demás. Pero yo vengo de esa espontaneidad, esa locura y esa energía de bajar y subir del escenario, inventarme cosas, no respetar una marca.
—Aquí, no.
—Cesc funciona con muchísimas marcas. Las vueltas que damos a las mesas durante una hora y media funcionan como un running gag, luego está el texto, que repite muchísimas frases. Entonces, para mí, repetir frases con movimientos era algo que no había trabajado. O sea, eso es un reloj total.
—Pero se la ve cómoda ahí arriba.
—¿Te gusta, entonces? Es que yo estoy todo el rato pensando: “¿No luzco muy grande?”. No sé…
Pepa Charro BARCELONA
—¿Vio la película antes de meterse en la obra?
—El resto de mis compañeros no han querido ver ni la función de teatro ni la película. Yo lo he visto todo, porque tenía que hacer una especie de máster del universo. ¡Y las tres versiones son muy diferentes! Pero yo he estado trabajando un poco, no para copiar, pero sí para intentar ver cómo funcionan las energías y preparar este personaje para que se acerque a la Natalia que Cesc me pide.
—Vamos, que se ha puesto con todo.
—Bueno, me gusta mucho investigar. Como soy una gran copiona, ya lo sabéis… A Madonna la tengo frita. Pero creo que lo intento hacer con respeto.
Fuera bromas, no intento copiar, simplemente intento aprender de ellas.
—Se le ha quedado. Durante este rato que hablamos, su gestualidad es muy contenida. No sé si usted, que se conoce tanto Barcelona, después de la función no querrá recorrer el Paral·lel de arriba abajo.
—Sí, porque yo soy bastante de desfogar, así que creo que lo voy a necesitar cuando acabe. A la semana de funciones no sé qué va a pasar. Igual me tengo que ir a tirar por el Dragon Khan para quitarme un poquito esta contención. Pero bueno, creo que es un experimento muy chulo.
—Pero usted ya ha hecho más cosas que no eran La Terremoto.
—He intentado hacer más cosas aparte de La Terremoto, sí. He hecho cuatro pelis con Agustí Villaronga, que siempre confió en mí. Y, aunque eran dramones, mis personajes eran un poco aquellos con los que el espectador se podía relajar un momento, porque tenían humor.
Eran esos personajes que sí me permitían, muy bien dirigidos, jugar a la comedia en un dramón y sin pasar esa línea que es tan delicada y tan obtusa a veces.
Entrevista con Pepa Charro BARCELONA
—¿Aquí no pasa un poco lo mismo? También hay algo de drama, pasado por el humor, con las peleas entre hermanos, eso sí.
—Y mi personaje, al final, es la hermana de ese núcleo familiar que se encarga un poco de todo. Y esto lo conocemos en mil familias alrededor nuestra, si no es en la nuestra. Hay una persona que toma la posición de la madre o el padre y que no está para llevar el peso de la familia. Natalia, mi personaje, es un poco eso.
Es una función que te deja un pellizco en el alma. Como también lo hacía, por ejemplo, The Hole.
—Por último, ahora que se ha metido un poco aquí, ¿le apetece más el drama?
—Me apetece mucho el drama, porque, igual que la gente que ha hecho más drama habla de la dificultad de la comedia, a mí la comedia no me cuesta nada, es en lo que me he formado y educado desde que empecé a subir a un escenario.
Entonces, el drama me pica mucho la curiosidad. Agustí sí que me ofrecía esa pequeña versión de drama y, bueno, El amor brujo, que hice en el Teatro Alcázar de Madrid. Fue bastante divertido porque no había mucha dirección, por no decir prácticamente nada, y yo me permitía jugar todos los días a hacer unos dramones…
Un día me tiraba al suelo, otro lloraba como una loca. Me lo pasé muy bien. Entonces, creo que el drama es muy guay.
—¿Y más en teatro o en cine?
—Yo soy muy de teatro, me gusta más el teatro. El teatro, para mí, es pura vida y es diversión. Ver las caras de la gente es muy importante, ellos guían tu interpretación. Yo estoy deseando.
Pepa Charro BARCELONA
—Bueno, ¿y cómo es también este reencuentro con Barcelona? Porque usted, ya lo contaba antes, ha venido mucho.
—Muy feliz. Lo que te decía de cerrar el Arnau. Actué con Merche Mar en El Molino. He estado en el Victoria, en las galas del Pare Manel, he visitado mucho, muchísimo, el Rincón del Artista. Muy fan de Don Jaime. También yo he sido siempre muy de la revista.
—¿Y de dónde le viene?
—No sé de dónde me viene toda esta afición a la revista, siendo madrileña. Porque allí había revista, pero no era la revista del Paral·lel, ¿sabes? Y, de repente, de toda la vida he tenido una especie de pasión por esta avenida que no he entendido… Porque de mi familia no viene. No tengo ningún familiar catalán, no tengo ninguna relación… Ahora sí. Ahora ya es familia mi gente de aquí. La ciudad de toda España en la que más he trabajado es Barcelona, más que en Madrid. Es una ciudad que yo adoro.
Yo, cuando estábamos en El Molino, tenía miedo. Reabría y allí estaba yo con La Terremoto de Alcorcón, de L’Hospitalet, y había mucha gente que quería estar en el espectáculo.
Pero me acuerdo de cuando me dijeron: “Esto es como Messi y el Barça; al principio había mucha reticencia, pero una vez que el pueblo catalán te acepta, su amor es profundo y es el mejor”.
Y sí, para mí es el mejor público, la mejor ciudad. Yo soy muy feliz aquí.