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Albert Serra haciendo una película sobre Magallanes, el conquistador, parece extraño. Aunque, si uno lo piensa, el cineasta catalán ya habló de colonos en Pacifiction. La situación y el contexto, en cambio, eran otros.

En esta ocasión, el realizador no ha tenido nada que ver con el resultado del filme. Eso afirma. Él solo ejerce de productor de Magallanes, película dirigida por el filipino Lav Diaz, conocido por sus largas cintas que retan al espectador por sus tiempos.

Es aquí donde se entiende esa unión de ambos cineastas, pero se mantiene la duda. ¿Qué hacen Serra y Diaz hablando de este controvertido personaje? ¿Por qué, además, es un mexicano, Gael García Bernal, quien lo interpreta?

Algunas de estas preguntas quedaron sin respuesta cuando Crónica Global entrevistó a Serra en el BCN Film Fest, donde presentó la película, que hoy ya está en salas. Eso sí, reflexiones sobre voluntad artística y teatro no faltaron.

—Lav Diaz y usted se conocieron en 2013 en Locarno, pero empezaron a entablar amistad en 2018, cuando el filipino acudió a la Filmoteca de Catalunya.

Albert Serra: ¡Sí! Fue divertido, él venía además a presentar una obra de teatro y tal.

—¿Y allí les vino la idea de la película o cómo fue?

—Fue una iniciativa del productor portugués. Evidentemente, la idea surge de Lav. Estábamos en Locarno y el productor portugués nos comentó que tenía esta idea.

Tenía sentido, porque la expedición de Magallanes es española. Él era portugués y murió en Filipinas, donde dejó esta impronta de catolicismo y de lengua española.

—En cualquier caso, desde Andergraun, su productora, casi nunca han producido nada que no fuera suyo. A excepción también de Misericordia, de Alain Guiraudie. Si bien es cierto que el cine de los tres presenta conexiones, ¿qué le impulsa a producir a otros? ¿Esa amistad?

—Sí, pero sobre todo que el director tenga la cuestión artística como prioridad absoluta y número uno. El resto ya lo hacen otras personas y mejor. Entonces, ayudar a gente que lo necesita en ese nivel es un factor, y si además hay una amistad personal, o una relación que viene de más lejos, o una admiración —que siempre hay, si no, no se podría trabajar—, pues mejor.

Pero hacer películas por hacer, o producir por producir, o por una cuestión de dinero, o una cosa con la que no tienes nada que ver, no. Tiene que ser una cosa de gente seria.

—¿Y es de los que intervienen en algún momento como productor?

—No me gusta intervenir, porque siempre he odiado cualquier forma de poder; lo odio, le tengo manía. Por eso en mi vida nunca he dado una orden. Además, creo que es una actitud perfectamente adecuada para producir películas artísticas: el responsable es el director, y yo, como productor, simplemente le he de dar las herramientas, los instrumentos para desarrollarlo a su manera. No tengo ninguna opinión sobre cómo se deben hacer las cosas.

—Pero corre el riesgo de que después no le guste la película.

—Bueno, a mí no me ha de gustar, le ha de gustar al director. Si me tuviera que gustar a mí, haría yo la película. Y, a ver, son gente de experiencia suficientemente contrastada; no necesitan ni mi opinión, ni mi ayuda, ni mucho menos que yo sancione positiva o negativamente nada de lo que hacen. No hi faig res.

—¿Pero ahora que se ha abierto a producir, podría hacerlo con catalanes y otros españoles?

—No tenemos nada especialmente a favor ni en contra de eso. Simplemente es la persona lo que cuenta y la visión artística. Lo que veo más jodido últimamente es la gente joven.

—¿Por qué?

—No parece que tengan tanta pasión artística; siempre están obsesionados por el éxito. No tenemos tantas posibilidades de conocer a... Si conoces a alguien que realmente tenga el objetivo artístico como una divisa absoluta e irrenunciable, nos lo puedes presentar, porque no hay muchos.

El cineasta Albert Serra Gala Espín Barcelona

—Conozco a uno, pero hace teatro.

—Pues en el teatro no le dejarán hacer mucho. Siempre he sido de la opinión de que es muy difícil innovar en teatro hoy en día, porque la gente está demasiado pendiente del público y es un desastre.

—En el cine igual, ¿no?

—Pero cuando haces una película, tú la presentas y suele salir un año y medio o dos después. Los que te han dado el dinero al principio ya ni se acuerdan de lo que les habías explicado. Por tanto, todo lo que viene después les encanta verlo. Esta es la ventaja: durante todo este periodo puedes ir creando, experimentando, buscando esa película ideal... Y nadie se quedará allí patitieso si después es un poco diferente, simplemente porque no lo recuerdan.

En cambio, en el teatro, la gente está en tiempo real y quiere el aplauso, que es inmediato. No se puede vencer, y menos hoy en día.

Tengo la teoría de que el teatro está en decadencia, aunque ya lo estaba antes, porque necesita el aplauso del público en directo. Con las redes sociales todo el mundo busca eso: el éxito, que le reconozcan y le aplaudan. Eso ha transformado la mente de la gente y el teatro es la víctima número uno de ello. Y lo necesita, quiere el aplauso en tiempo real, de inmediato.

Ya poca gente puede soportar el hecho de que el público le chille, que no le guste o que no entienda lo que hace. Y, a ver, si no lo entienden, son tontos. Por eso es muy difícil para mucha gente tener esta actitud de focalizarse realmente en la cuestión artística y hacer abstracción de todo eso. Ya no digo tener alguna forma de indiferencia o de desprecio; solo abstracción de la reacción del público. Poca gente está mentalmente preparada para hacer esto.

Entrevista al realizador Albert Serra Gala Espín Barcelona

—Por el posible fracaso o rechazo.

—Correcto, y porque hoy en día en teatro muchas cosas funcionan porque la gente va hoy y la obra durará lo que dure mientras la gente vaya. Entonces, ¿qué harás? ¿Una cosa que a la gente le desagradará? Si no eres capaz de hacerlo, entonces este arte está perdido.

Por eso, yo puedo ir a cualquier obra de teatro de cualquier teatro de Europa y, antes de entrar, ya puedo decirte exactamente lo que pasará, cómo lo harán, etcétera.

—¿Por culpa del texto o por el público?

—Por cómo está montado el sistema del teatro actual.

—¿Y el del cine cree que es muy diferente? Porque, claro, usted también es un poco un 'outsider'.

—Sí, hay mucha más gente outsider, porque la gente no está controlada cuando se está fabricando la obra. Todo el mundo está más abierto; allí no te mira nadie del público. Y como filmas mucho más de lo que después sale, puedes permitirte el lujo de cagarla, en el buen sentido de la palabra, y probar cosas diferentes. Luego, el montaje dará coherencia a todos estos intentos de encontrar cosas interesantes. Es un tema que me apasiona, la verdad.

—También puede ser más costoso.

—Sí, pero no hay propuestas artísticas en el teatro.

Albert Serra Gala Espín Barcelona

—Bueno, aquí tenemos a Angélica Liddell, por ejemplo.

—Sí, claro. No digo que no haya tampoco, solo que muy pocos.

—Hablando de montaje de cine, usted está inmerso en uno. De hecho, parecía que su película iba a ir a Cannes y no fue.

—A ver, es que es un montaje largo, complejo, como el de todas mis películas. Tal vez el más complejo de todos los que he hecho. Es un proceso lento, pero seguro.

—Lo curioso es que, viniendo de usted, que no se posiciona políticamente (aunque siempre hay una posición), en 'Out of This World' se pone político y con tema actual como el conflicto de Ucrania.

—No lo era tanto cuando lo pensamos; ahora se ha vuelto actual. El mundo va evolucionando en la dirección en la que yo, personalmente, ya intuía que evolucionaría. Fíjate que en Pacifiction ya pasaba.

—En cualquier caso, ¿ha rodado allí?

—No, en Letonia, pero representa Rusia.

Entrevista al director de cine Albert Serra Gala Espín Barcelona

—¿Y se meterá en cuestiones políticas?

—La política es un contexto: es el principio de la guerra de Ucrania. Pero aún no lo sé, lo encontraremos en el montaje.

—Que no saben cuánto va a durar.

—No. Las otras pelis sí lo saben porque tienen un guion, lo ruedan, todo está estructurado y solo hay que juntar. Así yo montaría el 90% de las películas que ves en cualquier lugar en 20 minutos.

—Por tanto, ¿la clave para usted está en el montaje?

—Bueno, has de tener un buen material de rodaje, porque si eso no está es una fatalidad. No es tan fácil, sobre todo a nivel de actores. De hecho, en el 90% de las películas los actores son malísimos.

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