Ha pasado poco más de un mes desde que Aina Clotet ganara el Premio Revelación de la Semana de la Crítica del Festival de Cannes con Viva, un galardón que ha servido para ratificar la valía de la también actriz como directora.
La catalana, que ya sorprendió al público con la serie Això no és Suècia, presenta ahora su debut en el largometraje, una obra en la que aborda algunos de los grandes conflictos de la sociedad actual: el miedo a la muerte, la soledad y la ansiedad que generan las expectativas que impone la sociedad y que uno mismo se autoimpone.
Para ello ha creado a Nora, una mujer que ronda los cuarenta años y que acaba de superar un cáncer de mama. Al regresar a la normalidad, se da cuenta de que quizá la vida que lleva no es la que realmente desea. Se separa de su pareja, se enamora de un hombre más joven y aspira a presentar en Estados Unidos los resultados de una investigación sobre la longevidad celular en la que participa.
Nora es Aina Clotet, pero como actriz. Ella se ha encargado de casi todo: dirección, interpretación, guion e incluso producción. Y ha sido premiada en Cannes. Ahora solo espera que el público responda, una tarea que reconoce difícil.
—Viniendo de la serie y sabiendo que tiene cosas suyas, ¿teme que el espectador pueda pensar que es autobiográfica?
—Espero que no resulte confuso, porque siempre digo que es ficción total. Lo que pasa es que hay muchas cosas que son mías, en el sentido de que aborda temas que tengo ganas de explorar, que me han ocupado y preocupado. Pero el drama, lo que sucede y las escenas son ficción.
Sí quería explorar el miedo y la soledad, porque todos queremos encontrar ese amor que nos dé un lugar en el mundo. Y lo importante es, en el fondo, encontrar nuestra propia fuerza interior y enfrentarnos a nuestros miedos. De ahí nacen las ganas de encontrar un argumento que nos ayude a explicar todo esto.
—Todo eso parte de una enfermedad que acaba de superar la protagonista, un cáncer de mama. ¿Es necesaria una situación crítica para darse cuenta de lo que uno quiere o de lo que sucede a su alrededor?
—Las situaciones más duras de la vida o las que más te remueven son las que te hacen replantearte tu escala de valores para saber quién eres, dónde estás y hacia dónde quieres ir. Puede ser una enfermedad, la pérdida de un ser querido, una ruptura, una crisis, una guerra o cualquier cosa que pueda suceder.
—Un poco triste, ¿no?
—Bueno, creo que son precisamente esas noticias las que nos recuerdan la impermanencia, que fue un título que también se barajó. Esas noticias también te hacen cuestionar la esencia de la vida porque, evidentemente, estamos de paso y muchas veces lo olvidamos. También es normal, porque no podemos estar todo el rato pensándolo, aunque quizá nos olvidamos de ello demasiado. Porque, si estamos de paso, ¿por qué actuamos y vivimos de esta manera?
La actriz Aina Clotet
—Las noticias, de hecho, son un telón de fondo importante. Aparecen y se escuchan en varias escenas, como un contexto que recuerda que el mundo se está muriendo.
—Sí, me ha gustado mucho incorporar ese entorno a la película, porque recuerda que todo se acaba y se está muriendo. Se escucha hablar de la sequía, de jóvenes que necesitan medicación, de enfermedades... Todo parece estar enfermo y muriéndose.
Nosotros queríamos encontrar un contexto que realmente enmarcara la crisis de la protagonista. Cuando rodamos vivíamos una sequía muy extrema en Cataluña y tuvimos delante ese marco ambiental, que potenciamos un poco porque servía como espejo para reflejar la crisis de la protagonista.
Ella es una mujer que, en el fondo, busca el agua, que tiene sed de vida en un mundo que cada vez tiene menos agua y busca un equilibrio emocional. Y está en un mundo en el que la salud mental ocupa cada vez más espacio, mientras ella es una bióloga que busca alargar la vida de las células y tiene miedo a la muerte.
En el fondo, la película es eso: nos recuerda que en cualquier momento nos puede pasar algo e irnos al otro barrio. Quería que se sintiera esa sensación de impermanencia mientras tenemos miedo a algo que no deja de ser una proyección, para hablar precisamente de lo contrario: de la importancia de dejar el control y vivir el presente sin proyectarnos constantemente. Porque, en el fondo, proyectarnos es lo que crea más ansiedad y más miedo.
—¿Nos pueden las expectativas? Al personaje, seguro.
—Bueno, vivimos en una sociedad muy exigente y, además, las mujeres tenemos una exigencia añadida en muchos aspectos por la herencia de una sociedad muy demandante con la mujer. Todo eso incrementa la ansiedad y la voluntad de hacerlo todo bien en todos los ámbitos de la vida. Eso es imposible y nos desconecta de nosotras mismas.
La película habla también de las estructuras, de las ideas preconcebidas, de tu cuerpo, de lo que tú querías y creías que debía ser y de lo que finalmente necesitas que sea. Y plantea preguntas como: ¿qué te está diciendo tu cabeza? ¿Qué te está diciendo tu cuerpo?
Aina Clotet
—En este sentido, la cinta abarca muchos temas. Usted también se ha hecho cargo del guion. ¿Fue difícil trasladar todo eso al papel?
—Ha sido un trabajo muy bonito que hemos hecho con Valentina Viso. Empecé sola durante unos años, haciendo tratamientos y laboratorios de guion. De hecho, ella era mi script doctor antes de incorporarse al proyecto como guionista. Fue superinteresante.
También fue un proceso largo, porque no es fácil levantar proyectos y tardas los años que tardas. Pides ayudas públicas, te las deniegan, vuelves a presentarte y pasa el tiempo. Sin embargo, esos años me han permitido añadir capas, reescribir y repensar qué era exactamente lo que quería explicar.
Tienes que escoger temas que realmente te interesen e ir renovando el amor hacia el proyecto. Así surgieron personajes secundarios que alimentaban la historia de la protagonista o, en la fase final, apareció el contexto del que hablábamos.
—Todo sin abandonar el humor e incluso poniendo a los personajes en evidencia. Algo que ya hizo en Això no és Suècia. ¿Le gusta?
—El humor viene de un lugar muy orgánico y de una manera concreta de mirar la vida. Y eso lo compartimos con Valentina Viso. Juntas encontramos esa mirada irónica y cómica sobre la vida que nace de la voluntad de reírnos de nosotras mismas y después del mundo.
Aina Clotet en 'Viva'
—Y ha conquistado incluso a Cannes. ¿Cómo fue el proceso?
—Siempre sueñas con presentar tu película en el mejor festival del mundo. Enviamos la cinta, como hace todo el mundo, pensando que era algo casi irreal, imposible. Y de repente recibimos la llamada diciendo que les había gustado la película y que estábamos en la shortlist, aunque sin decirnos cuántas películas había.
Además, nos llamaron muy pronto, porque la enviamos en febrero, pero nos dijeron que hasta abril aproximadamente no podrían comunicarnos la decisión final.
—Nervios, ¿no?
—Fue una espera muy larga en la que, estadísticamente, pensaba que era imposible. Intenté aferrarme a la alegría de que ya hubiera gustado a un comité tan selectivo y de haber llegado a esa fase final, convenciéndome de que sería un no porque me parecía absolutamente improbable. Finalmente nos llamaron y nos dijeron que sí. Fue impresionante.
—Y luego llegó el Premio Revelación. ¿Cómo lo vivió?
—Fue profundamente emocionante. Creo que nunca había llorado tanto mientras recibía un premio. Escuchar a personas a las que admiro tanto decir cosas tan bonitas sobre mi trabajo y sobre la película me produjo un agradecimiento inmenso.
Empecé a llorar y no podía parar. Agradecí todos los años de trabajo y a toda la gente que lo había hecho posible. Intentaba disfrutar de algo que era difícil imaginar que pudiera suceder, pero quise vivirlo al máximo.
La actriz Aina Clotet
—Que es precisamente un poco de lo que habla la película. Pero claro, usted empezó como actriz. ¿Cuándo sintió la necesidad de dar el salto?
—Fui a la universidad y estudié Comunicación Audiovisual. Allí descubrí que me gustaba escribir y pensé que quizá algún día me gustaría dirigir. Pero entonces estaba muy concentrada en mi carrera como actriz, una profesión que me apasionaba y en la que quería formarme, viajar y crecer. Aun así, nunca dejé de escribir.
Al llegar a la treintena pensé que quería dirigir. Escribí mi primer cortometraje, seguí desarrollando proyectos e intentando levantarlos, y ha sido un trabajo de muchos años.
—Pasarse a la dirección siendo actriz, ¿ayuda o genera prejuicios en el sector?
—En mi caso nunca me lo planteé porque me había formado en la universidad y después seguí estudiando mucho. Tengo una mentalidad muy académica, de corredora de fondo, y estaba dispuesta a pasar todos los exámenes necesarios.
Es verdad que existe cierta mirada de juicio, pero también es cierto que la gente ya sabe quién eres. De todos modos, no es fácil para nadie. Son muchos años de trabajo, hay muchísima competencia, en el buen sentido, y resulta muy complicado conseguir financiación para una película.
Aina Clotet
—Aun así, usted y su hermano se han lanzado a ello. Ambos reconocen que cuesta. ¿Queda mucho por hacer?
—A nivel institucional se están haciendo las cosas bastante bien. Se está apoyando el cine, el audiovisual y la cultura. Siempre se puede hacer más, pero creo que existe una voluntad real de hacerlo y eso se está notando.
En el último Festival de Cannes hubo mucha representación española. En Cataluña están apareciendo muchas voces nuevas y se está pudiendo hacer un cine muy diferente, ecléctico y con personalidad propia.
Eso sí, no se puede abandonar este impulso y, evidentemente, se podría hacer mucho más, porque el cine nos proyecta al mundo como cultura y nos explica como sociedad, algo muy importante en un momento como el actual.
Apostar política y socialmente por la cultura es apostar por una sociedad sana. Igual que lo es apostar por la educación y la sanidad, que son los tres grandes pilares de cualquier sociedad.
—O sea que está satisfecha.
—Diría que, a nivel institucional, no se puede aflojar. Se están llevando a cabo buenas prácticas, aunque siempre se puede hacer más.
Aina Clotet
—¿Cómo?
—Hay que seguir trabajando en la relación con el público. Francia siempre ha sido un modelo y ahora que voy más a menudo lo veo claramente: desde pequeños, la cultura forma parte de la escuela. Estudian y trabajan su propia cinematografía.
Aun así, creo que el público está valorando cada vez más nuestro cine, pero hemos de pensar qué políticas educativas podemos impulsar para acercar nuestro cine, con nuestras lenguas, a los espectadores de casa.
Hemos de protegerlo y también proteger las salas para que nuestras películas puedan permanecer más tiempo en cartelera, porque no competimos en igualdad de condiciones con las películas estadounidenses y las grandes majors.
—Habla de acercar nuestro cine con nuestras lenguas. Usted siempre ha apostado por el catalán. ¿Qué importancia tiene para usted?
—Me sale de un lugar muy emocional, de las ganas de expresarme en mi propia lengua. No nace de una voluntad política, sino emocional.
A mí me gusta mucho la mezcla de lenguas y es importante que podamos hacer cosas en catalán, pero que admitan la mezcla lingüística y la pluralidad. Es fundamental. No debemos caer en hacer cosas en un único idioma porque eso empobrece la riqueza cultural.
La clave está en expresarse en la lengua que requiera la historia. Esa es la clave.
La actriz Aina Clotet
—Volviendo a las políticas sobre el público a las que hacía referencia. ¿Cree que existe una brecha entre el reconocimiento internacional del cine catalán y español y la asistencia del público local a las salas?
—No lo sé. De hecho, ahora estrenamos y espero, porque me haría muy feliz, que la gente vaya a ver la película al cine. Pero es complicado.
Ves los números y compruebas que es difícil. Por eso creo que las políticas públicas deben poner el foco en cómo conseguir que la gente vaya más al cine y vea más el cine que hacemos.
Porque hacemos un cine de calidad, capaz de dialogar con la sociedad y de hablarle al público en su propia lengua. Tenemos que poder llegar a él. Hay que encontrar la manera.
Y eso también debe hacerse de la mano de las políticas públicas porque todo ayuda. Sería fantástico.
