Adan Kovacsis

Adan Kovacsis

Creación

Adan Kovacsis celebra a Csontváry

Era un farmacéutico que a los 27 años de edad tuvo una visión mística en la que oyó una voz ultraterrena que le decía: “Vas a ser el pintor más grande del mundo, más grande que Rafael”

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Acaba de publicarse una nueva versión (ed. Lumen) de los Sonetos a Orfeo de Rilke.

Con prólogo de Andreu Jaume y traducción de Adan Kovacsis. Mayor garantía de solvencia, rigor y penetración, imposible. No lo digo sólo por Andreu Jaume, es que la firma de Kovacsis es blasón de cualquier libro: ya sean sus propios ensayos (Guerra y lenguaje, Acantilado, 2020, o esa reciente maravilla, híbrido de memoria personal, evocación literaria y meditación sobre el lenguaje que es Acaece, sin embargo lo verdadero, en la misma editorial, 2025); ya sean sus numerosas traducciones de autores fundamentales germánicos o húngaros, desde Karl Kraus y Schnitzler a Kertéz y el último premio nobel, el húngaro László Krasznahorkai. Traducciones multipremiadas por Alemania, por Hungría, por España.

Tengo por leer su recién publicada (en Ediciones del Subsuelo) Invitación a la casona, un prometedor relato largo o novela breve. Y en breve aparecerá su última traducción de Krasznahorkai: Herscht 07769, una novela de 400 páginas que consiste en una sola frase.

En fin, Kovacsis, chileno hijo de emigrantes húngaros, asentado desde hace décadas entre nosotros, es un hombre de letras incansable, un humanista y un lujo cultural. Hablando con él el otro día a propósito del silencio, del elocuente silencio que cayó sobre Karl Kraus cuando estalló la primera guerra mundial, le invité a participar en el juego de los domingos. Aceptó en seguida. Al cabo de unas horas me envió Kovacsis este mensaje electrónico que me descubre (creo que a la mayoría de los lectores de Crónica Global se lo descubre también) a un pintor fascinante:

Tormenta en el gran Hortobágy (1903)

Tormenta en el gran Hortobágy (1903)

“Celebro la obra de Csontváry (seudónimo de Tivadar Kosztka), que comenzó muy tarde a pintar, expuso en Budapest y en París a comienzos del siglo XX, pero sin gran éxito. Viajó mucho. En su país se lo tuvo por loco; murió pobre en 1919. Los parientes se disponían a vender los lienzos como telas para toldos cuando un joven arquitecto, que buscaba una oficina para alquilar, los descubrió en el desván y los compró. Ahora se exponen en la Galería Nacional de Budapest, en un museo dedicado a su obra en Pécs y en varios otros museos.

Paseo en coche con luna nueva en Atenas (1904)

Paseo en coche con luna nueva en Atenas (1904)

Me cautiva su intensidad, el carácter peculiar, simple e inigualable, de sus colores, la fascinación por las puestas del sol, por los crepúsculos (nadie los pintó como él), pero también por la luz eléctrica, el carácter fantasmagórico de sus cuadros, que muestran la realidad y al mismo tiempo la tierra vista con los ojos del más allá. Hay algo metafísico en sus cuadros. Hay algo kafkiano en sus cuadros.

“¿Con quiénes se puede comparar? Con el Aduanero Rousseau, por supuesto, y con De Chirico y a veces con Magritte y con otros...”

Csontváry (1853-1919) era un farmacéutico que a los 27 años de edad tuvo una visión mística en la que oyó una voz ultraterrena que le decía: “Vas a ser el pintor más grande del mundo, más grande que Rafael”.

Para cumplir ese designio pasó años viajando para visitar los museos y conocer la obra de los grandes maestros del pasado. Padeció esquizofrenia y delirios religiosos, y en su país se le llamaba “el pintor loco”. Ahora le consideran uno de los mejores pintores húngaros de la historia. Publicó también algunos escritos en los que predicaba el pacifismo, la dieta vegetariana, la fe. No he visto nunca ninguno de sus cuadros, algunos de los cuales son de enormes dimensiones, pero, por las reproducciones que he visto en la Red, fue desde luego un artista original e impactante, pero lamentablemente no sé más de él que lo que nos cuenta Kovacsis.