El economista Eloi Serrano Tecnocampus
Eloi Serrano, el economista que recuerda el legado de Ernest Lluch: “Su muerte me provocó una crisis vital”
El director del Cadesc apuesta por reforzar el papel de la economía social como motor de desarrollo inclusivo en Cataluña
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Eloi Serrano (Badalona, 1976) se crió en el seno de una familia muy comprometida políticamente, con ideas libertarias que acabaron dejando huella en su futuro como persona y como profesional.
“En mi casa se hablaba mucho de trabajar ‘para’ la comunidad, más que en el sentido individual, y, sobre todo, había una enorme preocupación por la cultura”, explica este reputado economista e investigador mataronense, actualmente director de la Cátedra de Economía Social del Tecnocampus-Universitat Pompeu Fabra (Mataró) y del recién creado Centro de Análisis y Desarrollo de la Economía Social de Cataluña (Cadesc).
El asesinato de Lluch
La dedicación de Serrano a la economía social —entendida como el conjunto de actividades económicas y empresariales llevadas a cabo por entidades y empresas privadas que persiguen el interés colectivo de sus integrantes y de la comunidad local por encima del lucro— se remonta a noviembre del 2000.
Fue entonces cuando, poco después de obtener la diplomatura en Empresariales, se quedó atrapado en un atasco en la autopista de camino a su primer trabajo, en el departamento financiero de la Mutua de Sabadell. ETA acababa de asesinar a Ernest Lluch. “Su muerte me provocó una especie de crisis existencial”, recuerda.
Tecnocampus de Mataró Google Street View
Cambio de planes
Serrano, que entonces tenía veintipocos años, se dio cuenta de que su recién estrenado estilo de vida, poco dinámico y desconectado del pensamiento socioeconómico del momento, no era lo que quería.
“Esa misma tarde me planté en la UAB para matricularme a la carrera de Administración y Dirección de Empresas y ampliar mis estudios”, explica.
Coyuntura
Unos años después, Serrano se doctoraba en Historia Económica, la rama de la economía que estudia los hechos y estructuras económicas del pasado.
“Los modelos nos ayudan a interpretar la realidad, pero para comprender la situación económica de un momento concreto y elaborar hipótesis hay que tener en cuenta los procesos históricos”, explica Serrano, convencido de que la gran crisis del 29 del siglo pasado guarda muchas similitudes con el escenario socioeconómico global.
Enseña y promueve
Tras presentar su tesis doctoral sobre las inversiones españolas en Hispanoamérica (1980-2007) y una breve estancia como investigador en la London School of Economics (LSE) bajo la tutela del prestigioso hispanista e historiador Paul Preston, Serrano empezó a dar clases de Historia económica en la Facultad de Economía de la UAB. También se incorporó como economista en Tusgsal, la empresa de transporte público de Badalona, constituida en 1985 como una sociedad laboral, en la que la mayoría de los trabajadores son también accionistas.
“Fue mi primer contacto directo con la economía social”, explica Serrano, que desde entonces ha dedicado su carrera a enseñar, promover y defender este modelo empresarial que en España contribuye con alrededor del 10% del PIB y emplea a más de dos millones de personas.
Cooperativas, mutualidades y cofradías
El sector incluye desde cooperativas, mutualidades, cofradías de pescadores y sociedades laborales, a empresas de inserción y centros especiales de empleo, entre otros.
En Cataluña, donde el sector representa hoy un 3% del tejido empresarial, un 6% de los puestos de trabajo y más del 8% del PIB, según cifras de la Fundació Espriu, destacan las empresas del Grupo Clade, como Abacus Cooperativa, Som Energia, Àuria, Caixa d’Enginyers, La Fageda y Cooperativa Plana de Vic.
Empleados de La Fageda
Un medio
“La economía social concibe el dinero como un instrumento, un medio para generar trabajo y mantener la actividad, no como un fin en sí”, aclara el profesor de Tecnocampus, sede de la primera Cátedra de Economía Social de Cataluña que dirige.
La Cátedra de Economía Social de Tecnocampus Mataró, una ciudad con una fuerte tradición cooperativista, se creó en 2016 en torno a dos grandes objetivos.
Conceptos estereotipados
En primer lugar, normalizar la economía social como disciplina académica, y, en segundo lugar, “airear la facultad de Administración y Dirección de Empresas de conceptos estereotipados, fruto de muchos años de un discurso liberal fuerte.
Por ejemplo, la idea de que minimizar salarios y aumentar facturación equivale a maximizar beneficios, y que eso siempre es positivo.
“Hay que enseñar a los estudiantes de ADE que existen otros dos tipos de empresa, más allá de la privada: las empresas públicas y las empresas de economía social, que priman el bienestar social por encima del lucro”, añade el profesor, que desde hace unos años es también presidente del consejo de administración de Aigües de Mataró.
Tiempos de cambio
Durante mucho tiempo “se ha asociado ganar dinero a un símbolo de inteligencia”, pero esta filosofía tiene que cambiar.
Y este cambio empieza en la facultad, sensibilizando a futuros emprendedores y empresarios de que hay otras maneras más sostenibles y equitativas de generar riqueza y desarrollo.
“Desde la Cátedra cerramos convenios con empresas de economía social para saber qué necesitan y cómo podemos ayudarlas a crecer”.
Espacio de referencia
A pesar de los beneficios asociados a la economía social —impacto positivo en la comunidad local, generación de empleo, enfoque en la persona, desarrollo sostenible—, reconoce que se trata de una opción relativamente desconocida para aquellos que se plantean emprender y que el marco universitario es insuficiente para incidir en la esfera pública.
Por esta razón, desde la Cátedra de Tecnocampus se ha impulsado la creación del Cadesc, un think tank que nace en enero de 2026 con la misión de convertirse en un espacio de referencia y excelencia en investigación, innovación y acompañamiento empresarial en el ámbito de la economía social en Cataluña y en España.
Capital de la economía social
“En un contexto definido por los retos de la transición verde, la digitalización, la financiera y las tensiones geopolíticas globales, la creación del Cadesc responde a la necesidad de reforzar el papel de la economía social en la consecución de un desarrollo económico inclusivo y sostenible, en línea con los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la ONU”, argumenta.
"Mataró combina una rica tradición cooperativa, que comenzó en 1864 con la creación de la primera cooperativa en España, la Obrera Mataronense", recordaba el pasado octubre la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, al anunciar que Mataró sería la capital española de la economía social del 2026.
Interior de la nave de la Obrera Mataronense MNACTEC
Primera ciudad catalana
Desde 2020, el Ministerio de Trabajo y Economía Social designa una ciudad como capital española del sector, que se convierte en el escenario de actividades, eventos, jornadas y encuentros para difundir la economía social.
Mataró es la primera ciudad catalana galardonada con esta distinción, a la que ya han optado Murcia, Valencia, San Sebastián, Santiago de Compostela y Teruel.
Resolver problemas unidos
“La economía social puede dar una respuesta efectiva a problemas estructurales que la economía capitalista no sabe solucionar, como la falta de acceso a la vivienda o la generación de empleo”, dice Serrano, poniendo como ejemplo países como Francia, Finlandia o Canadá, donde los modelos cooperativistas tienen fuerte presencia en el mercado.
"La clave --concluye-- está en creer que los problemas individuales no se resuelven de forma individual, sino colectivamente”.