La actriz María Rodríguez Soto

La actriz María Rodríguez Soto GALA ESPÍN

Creación

María Rodríguez Soto, una 'reina loba' en el TNC: "Hay hombres a los que les cuesta más hablar con las mujeres, es así de triste"

La actriz da vida a Marguarite d’Anjou, un personaje crucial en la obra de Shakespeare al que Pau Carrió da el protagonismo que merece

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Maria Rodriguez Soto siempre está con una sonrisa. Despierta ternura y candidez cuando uno se la encuentra en el hall del TNC a la espera de hacer esta entrevista.

Aquí, en la sala pequeña del Teatre Nacional de Catalunya, va a meterse en la piel de Marguarite d’Anjou, la reina loba de Shakespeare. Lo hace de la mano de Pau Carrió, que, cogiendo este personaje shakespeariano, le da el protagonismo que se merece.

La actriz dice que ahora está relajada. “Los nervios ya los he pasado”, reconoce. Y se le nota. Está lista, preparada y con ganas de estrenar esta reina loba que la va a tener dos horas y cuarto sobre el escenario, su hábitat. Aunque ahora también lo es el cine.

Ella, que hace apenas dos años confesaba a Crónica Global que con el cine tenía “una relación más distante” y que aún no se sentía “tan segura”, vuelve a ser candidata a los Premios Gaudí por Frontera, de Judith Colell.

La verdad que es una nominación que no me esperaba”, confiesa. Ella está “agradecida” y “contenta” por ello. No espera nada. Solo lamenta que su compañero en el film, Miki Esparbé, no comparta nominación con ella.

Pero eso es otra historia. Ni siquiera sabe si va a llevarse el premio ni cómo llegará a la gala del 8 de febrero en el Gran Teatre del Liceu. Ahora está con La reina lloba y con el teatro, su querido teatro.

Entrevista a Maria Rodriguez Soto

Entrevista a Maria Rodriguez Soto GALA ESPÍN

¿Tenías conciencia de este personaje antes?
Sí, era consciente de su existencia, sobre todo por Ricardo III, porque los tres Enriques me los leí cuando iba al Institut del Teatre y no me acordaba de nada.
¿Ha tenido que releer entonces o ha confiado en el texto de Pau Carrió?
He hecho investigación. He visto la serie de la BBC, que tiene un capítulo dedicado a este personaje. Pero me he dejado guiar mucho por el texto, porque, en el fondo, es algo nuevo. Tienes la partitura ahí y ya puedo buscar referentes externos, que en el fondo tampoco hay otro referente de fmujer de esta época que haya hecho esto.
María Rodriguez Soto

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Sí, porque parece una mujer fuera de época, porque a pesar de ser vapuleada por la vida y los hombres es firme y valiente. ¿Cómo la define usted?
Bueno, su vida está marcada por su padre, que la vende para ser reina de otro país, y ella se queda alucinada. De repente, ella es reina de la potencia mundial en aquel momento y, al ver lo que hay, piensa “¿esta mierda funciona así, qué os habéis pensado?” Así que llega un punto que necesita ponerse en primer término como la reina que es y que le han dicho que será.
En el fondo, ella adopta muchas de las maneras de funcionar de los hombres. Y eso es lo bonito e interesante de este personaje, en él se unen la feminidad y la masculinidad.
Ella pone los pies sobre la mesa, porque si no, no hubiera hecho nada de lo que hizo. Y claro, termina como bruja. Pero ella no tiene ningún problema en decirlo, a pesar de que en aquel momento te quemaban en la hoguera por ser. Ella no tiene miedo, ni en decirlo ni en echar maldiciones de todo tipo.
La actriz María Rodriguez Soto

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Pero se la ve como un ser malo.
Bueno, ¿mala? Hace lo que hacen todos. No hace nada distinto a los hombres. Tiene las mismas ganas de llegar al trono que todo el mundo, es igual de sádica que todo el mundo.
Lo que pasa es que es una mujer, y se explica más que los demás, pero no hace nada fuera de lo que hacen todos los demás.
O sea, ¿diría que, como siempre pasa en Shakespeare, las mujeres siempre se presentan como malas, cuando no lo son más o menos que cualquiera?
Exacto. Ellas son las grandes malas o las grandes víctimas, como Ofelia. Y ella tiene un poco de las dos, pero, en cambio, no tiene una obra propia.
Aquí sí, hay un personaje que nos hemos inventado y lo hemos hecho como nos ha dado la gana. Sí que la gente que vea la obra va a pensar que es mala, pero insisto en que no lo es más que el resto.
Quiero decir, esta es una historia de venganza, de amor y de odio. Las emocionalidades más estomacales están en primera línea en esta obra.
Entrevista a María Rodriguez Soto

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¿Y cómo es pasar por todo ello durante las dos horas y cuarto de obra que está sobre el escenario?
Ahora ya me he hecho a ello, pero en los primeros pasos acababa como si hubiera hecho un maratón. Te lo juro. Ahora ya el cuerpo ha asumido que ha de hacer eso. Pero es cansado y, a la vez, también tiene algo muy gratificante, porque, al no parar, el viaje es absoluto. No hay tiempo de descanso, pero tampoco de desconcentración.
Escena tras escena vas encontrando cosas gracias al texto, que habla de unas emociones muy básicas que todo el mundo puede entender. Asimismo, se explican desde un lugar tan mental, que podríamos decir que son como dos cosas muy opuestas.
Uno de los grandes retos de esta obra ha sido unir esta intelectualidad a la hora de hablar de estas emociones y sentimientos absolutamente básicos. Y además decirlo de esta manera tan preciosa.
Hablar desde el corazón y desde la cabeza a la vez es una flecha que hace posible llegar.
¿Pero cómo se enfrenta a un personaje así desde el siglo XXI?
A ver, estamos haciendo una obra que no existía. Se ha cogido un texto que hace tiempo que existía, pero hay algo de sentido común. Inevitablemente,
hay crítica y posicionamiento sobre esto.
Hacemos clásicos para entenderlos y reivindicar desde el lugar donde estamos ciertos valores. En este caso la obra pone en el centro a esta mujer y a la reina de Inglaterra. Somos dos actrices en el escenario con un reparto lleno de hombres. ¿Que nos gustaría que todas fueran mujeres? Sí, pero Pau lo dejó claro: ha sido la masculinidad la que ha hecho caer a las mujeres. Tenemos que poner a muchos hombres y dos mujeres.
María Rodriguez Soto

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Dos reinas.
Sí, pero dos reinas consortes, que, no nos engañemos, llegan a reinas con la trata de blancas. Pero cuando ve lo que hay, que Enrique VI es un fanático religioso y demás, vio que tenía que tomar las riendas de todo.
¿Es, por tanto, la mirada del hombre la que hace verla así?
Totalmente. El personaje da una réplica que dice “en esta isla, lo que más temen es que el poder esté en manos de los jóvenes o de las mujeres”. Y, en el fondo, es algo que pasa también ahora. Somos la generación tapón. Lo hablamos constantemente, este es un país en el que les cuesta dejar el poder.
Bueno, e igual que con Marguerite d’Anjou muchas políticas actuales han adoptado también unos roles parecidos a los de los hombres en el poder, ¿no cree?
Claro, porque hay algo de buscar mimetizarse con la manera masculina de tener el poder: gritar, imponerse. Yo misma le he dado toques absolutamente masculinos, porque es lo que ha mamado, pero también en otros momentos me dirijo a las tropas desde otro lugar, buscando una sensibilidad diferente, que puede ser igual de válida a la hora de alimentar los ánimos.
La actriz Maria Rodriguez Soto

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Claro, pero el poder también en la mujer tiene algo de firmeza. Pienso en Thatcher, Esperanza Aguirre, Ayuso…
Quizás es gente que ha conseguido un poder en un momento que era mucho más difícil que ahora y para poder asumirlo seguramente adquirieron estas maneras de funcionar de los hombres poderosos. Pero hay cambios.
Ahora se está feminizando bastante también en el mundo del cine y hay muchas ayudantes de dirección que son mujeres. Yo misma noto mucho en un set cuando hay una mujer o cuando hay un hombre dirigiendo.
Y las mujeres que son más grandes, que son ayudantes de dirección, tienen las mismas maneras de funcionar que los hombres; pero en las mujeres más jóvenes ya es diferente, ya no han necesitado levantar la voz para que la gente les preste atención.
¿Eso se nota como actriz?
Yo tengo que decir que no lo he notado. Claro que también he tenido la suerte de trabajar con gente que está con los pies en el suelo. Pero pasa, estoy convencida de que sucede con directores o directoras más grandes.
También sucede que hay hombres a los que les cuesta más hablar con las mujeres, ¡es así de triste! Hay mucha lucha por hacer.