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Luis Sans, propietario de Santa Eulalia y presidente de la Asociación del Paseo de Gràcia

Luis Sans: “Habrá rotación de tiendas, pero no veremos un Paseo de Gràcia desértico”

El propietario de Santa Eulalia critica que ciertas consignas independentistas perjudican la llegada de visitantes del resto de España en un momento crítico para el turismo

8 min

Al frente de la mítica tienda de moda Santa Eulalia, fundada en 1843, Luis Sans es la voz más reconocible de la milla de oro de Barcelona. Su tienda de lujo se ha convertido con el paso de los años en una tronera desde la que ha visto cómo el Paseo de Gràcia ha ido mutando con los tiempos para abrirse al mundo y a las grandes marcas. Ahora, superado lo peor de la pandemia, el presidente de la Asociación del Paseo de Gràcia explica a Crónica Global cómo la actividad empieza a recuperarse, aunque no descarta la rotación de algunos de los comercios que pueblan la exclusiva calle.

Pese a que el ritmo y las ventas distan mucho de sus niveles habituales, sobre todo por la ausencia del cliente premium, chino y norteamericano en su mayoría, Sans detalla con alivio que las perspectivas han cambiado con respecto a un par de meses atrás. Con todo, critica ciertas consignas independentistas que juegan en contra de la llegada del visitante del resto de España en un momento en el que el turismo internacional llega a cuentagotas. A pesar de ello defiende que “en Cataluña siempre se ha recibido muy bien a todo el mundo, venga de donde venga”.

-Pregunta: ¿Qué Paseo de Gràcia ha dejado la pandemia?

-Respuesta: La situación está mucho mejor que hace un tiempo. Va recuperando el ritmo. Ahora en Paseo de Gràcia ves gente por la calle, aunque, obviamente, la influencia de clientes internacionales que había antes no está. Han empezado a venir tímidamente clientes del resto de Europa pero, claro, es un proceso que está en ciernes.

-¿Falta el cliente que más gasta?

-El cliente europeo gasta, pero también gasta mucho el americano, el ruso, el chino o el de Oriente Medio. Pero algo es algo. Por nacionalidad quien más gasta es el chino y aquí de momento no hay ninguno. Es un proceso lento.

-¿Cómo está siendo el inicio del verano?

-Las rebajas están desperezando el comercio, aunque vamos mucho peor que el año pasado. Pero se va haciendo.

-¿Provocará esta crisis la mortalidad de algunos comercios del Paseo?

-No lo creo. Puede que alguna tienda pueda cerrar pero no lo creo porque todas pertenecen a grandes cadenas con músculo financiero. Siempre hay rotación, tiendas que cierran y otras que abren, pero de ahí a ver un Paseo de Gracia desértico, de ninguna manera.

El Paseo de Gracia de Barcelona, sin taxis y casi vacío en la segunda semana del estado de alarma por el coronavirus / EUROPA PRESS
El Paseo de Gracia de Barcelona, sin taxis y casi vacío en la segunda semana del estado de alarma por el coronavirus / EUROPA PRESS

-Viendo cómo está yendo el año, ¿están todas las esperanzas puestas en la campaña de Navidad?

-No solo Navidad, espero que a partir de septiembre u octubre haya una recuperación del turismo, de las ganas de comprar de los españoles y que poco a poco se recupere la dinámica.

-¿Acabará esta pandemia por rematar al pequeño comercio?

-En algunos sectores y en algunas partes el pequeño comercio estaba en retirada en favor de otros formatos comerciales y esta pandemia va a acelerar esa tendencia. Va a seguir lo que ya estaba pasando, que muchas tiendas independientes se ven obligadas a cerrar y esto va a hacer que el proceso vaya mucho más rápido.

-En el caso de Santa Eulalia, ¿ha servido para impulsar las ventas online?

-Por suerte inauguramos la nueva web en febrero y hemos invertido más dinero. Parte de la venta en tienda la hemos recuperado por el canal online.

La tienda de moda Santa Eulalia, en el Paseo de Gràcia
La tienda de moda Santa Eulalia, en el Paseo de Gràcia

-Ha sido crítico con ciertas consignas del independentismo por el impacto que tiene a la hora de atraer turismo del resto de España, ¿se debería mostrar un mensaje más amable?

-La estrategia es equivocada. Cada uno puede tener la opción política que considere y eso no se puede juzgar. Lo que no es lícito es menospreciar. Si hay personas que piensan que Cataluña debe ser independiente, es su opinión. Pero es un error que a raíz de esto se menosprecie al resto de España. Se han dicho cosas que entiendo que hayan disgustado a gente del resto de España y que por respeto no se tendrían que decir. Uno puede afirmar lo que quiera sin tener que despreciar al resto de ciudadanos. Lo que dijo el presidente de la Cámara de Barcelona de que España era paro y muerte, pues no tenemos que crear más tensiones. No solo por el tema económico sino por convivencia. Todos tenemos clientes, proveedores, amigos y ¿por qué tenemos que estar con mal rollo?

-¿Están echando en falta ese público del resto de España?

-Van viniendo. La gente sabe distinguir un mensaje político de la realidad de los ciudadanos. En Cataluña siempre se ha recibido muy bien a todo el mundo, venga de donde venga, y obviamente también a la gente del resto de España. No solo hablo de ahora sino que es una cosa histórica. Somos hospitalarios y nos gusta que nos vengan a ver.

-¿Bastará para salvar el verano?

Se está recuperando pero la gente ahora que se acerca el verano, más que visitar ciudades le apetece irse a la costa. Pero sí que se ha notado que viene gente del resto de España.

-¿Este parón es una oportunidad para abrir el melón del modelo turístico?

-Esto nos tiene que hacer reflexionar a todos sobre la necesidad de atraer un turismo de más calidad. Es una reflexión que todos tenemos que hacer y no solo en Barcelona sino en toda España, donde se ha atraído un turismo de calidad media orientado al sol y playa y con servicios medios. Tiene que servirnos como país para buscar un turismo que deje mejores ingresos y genere un mejor servicio, que repercutirá en empleo e infraestructuras de más calidad.

-¿La sequía turística servirá para dejar atrás la turismofobia y valorar el peso de esta industria?

-La turismofobia derivaba de una mala gestión de los flujos turísticos. Cuando viene mucha gente y con comportamientos quizá no respetuosos, hay gente que lo rechaza. El problema no lo tiene el turismo sino la gestión que se hace de él. Si se le permite ocupar pisos ilegales o armar follones en la calle, la gente no lo quiere.