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Un contenedor de Cosco, una de las grandes empresas del sector, en una terminal de estiba en un puerto español / EFE

Los estibadores se aprovechan de la división entre las empresas

Algunas compañías no comparten la negativa de la patronal Anesco a la propuesta de conservar el 100% de los actuales puestos de trabajo

3 min

Los estibadores se saltan la patronal para ir directamente a las empresas. Los sindicatos han cambiado su estrategia para conseguir su principal objetivo: que las compañías garanticen la contratación del 100% de los trabajadores actuales después de la reforma. Y para hacerlo han aprovechado la amenaza de huelga y la división entre las empresas de la patronal.

Mientras que la línea de Anesco es de rechazo a la propuesta, la diferencia de opiniones entre las empresas de estiba de los puertos españoles se ha impuesto. Un grupo importante de ellas prefiere pactar con los sindicatos, liderados por la Coordinadora Estatal de Trabajadores del Mar (CETM), y aceptar sus exigencias sin condiciones.

La dirección ha establecido como posición oficial de la patronal unos requisitos a la subrogación del total de trabajadores. A principios de semana envió una propuesta a los sindicatos para recortar la plantilla y rebajar un 10% el sueldo antes de asegurar el empleo de los más de 6.000 estibadores de todos los puertos del país.

Diferencias desde el principio

La diversidad de opiniones en la patronal no es nueva. Fuentes del sector cercanas a la negociación del nuevo convenio aseguran que al inicio del conflicto, a finales de enero, ya existía la división. Grandes compañías, como JP Morgan, que controla una de las principales empresas de estiba, Noatum, tenían mucho peso en la patronal y eran favorables a la reforma que impuso el Gobierno de forma unilateral.

“Algunas empresas siempre han sido más favorables a negociar con nosotros y a llegar a acuerdos que nos beneficiaran a ambos, mientras que otras se han mostrado más hostiles”, afirman fuentes sindicales. A medida que el conflicto ha evolucionado, ha abandonado la política –el Congreso aprobó el real decreto ley sobre la reforma del sector–, y se ha trasladado a los puertos, la división se ha mantenido.

La huelga como arma

Los estibadores son conscientes de ello y lo han aprovechado. Se han pasado a la negociación directa con las empresas, sin pasar por la patronal. Como arma, tienen la amenaza de huelga. Tras tres jornadas de paros en todos los puertos, que, según el Gobierno, han provocado pérdidas de unos 150 millones, la convocatoria sigue en pie para varios días hasta principios de julio.

Pero este miércoles la huelga no fue igual: los estibadores pararon de trabajar sólo en aquellas empresas no dispuestas a alcanzar un acuerdo. Las demás, han mantenido su actividad habitual.

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