Fachada de Casa Comtal, la remodelada panadería de El Mos

Fachada de Casa Comtal, la remodelada panadería de El Mos Casa Comtal

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Cacciavillani, el argentino que rescata a las panaderías El Mos para plantar cara a Vivari

El empresario se junta con el fundador de los japoneses Kibuka y toma el control tras el concurso de acreedores

Regresarán al obrador tradicional frente al pan 'low cost'

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El empresario argentino Nicolás Cacciavilani ha tomado las riendas de las históricas panaderías El Mos para reflotar un clásico del pan barcelonés. Junto a la sociedad Pale Rider SL, se ha hecho con la unidad productiva tras el concurso de acreedores que asfixió a la marca.

La meta de la nueva gestión es clara: abandonar los procesos industriales y recuperar los métodos de trabajo artesanales, manteniendo la esencia clásica y adaptándose a los nuevos tiempos.

La "tormenta perfecta"

El colapso de la anterior gestión se explica por el desgaste acumulado de años de trabajo y el golpe definitivo de la pandemia.

El proceso concursal, tramitado por el Juzgado Mercantil número tres de Barcelona y capitaneado por AGG Advocats, afectó a seis sociedades en cadena, explicó entonces en exclusiva Crónica Global.

Productos de Casa Comtal

Productos de Casa Comtal Casa Comtal Barcelona

Estaban en juego unos 50 empleados y seis locales con ingresos cercanos al medio millón de euros anuales cada uno.

Estos activos han sido parte del plan de la nueva gestión, que busca soluciones para todas las personas involucradas y explotar al máximo las capacidades del negocio.

Vuelta a la masa madre

El plan del grupo implica una enmienda total al modelo anterior. Se acabó el producto rápido de cadena de montaje. La apuesta pasa por recuperar los obradores de barrio, el trato familiar y la materia prima de calidad.

El nuevo modelo de negocio busca al cliente que prefiere saber qué come antes que comprar con prisas. Está dedicado, en palabras del propio Cacciavilani, "a las personas que prefieren tomarse las cosas con calma y saber qué están comprando".

Quieren vencer, pues, al modelo Vivari, 365 o Santa Gloria, que ha colonizado la capital catalana en los últimos años.

Estrategia frente al empuje del bajo coste

En efecto, Barcelona ha vivido una eclosión de cadenas de panadería industrial de bajo coste.

Reorientar El Mos pasa por marcar una línea roja clara de diferenciación: pedagógica hacia el cliente sobre por qué la masa madre, los tiempos de fermentación largos y las harinas sin aditivos justifican un valor añadido respecto a la oferta masificada.

Cartel de Casa Comtal

Cartel de Casa Comtal Casa Comtal

La falta de panaderos y maestros obradores capacitados es un problema crítico en el sector. Dignificar la profesión, ofrecer formación continua y crear entornos de trabajo con horarios sostenibles dentro de la nueva estructura del grupo.

Resistencia de barrio

La idea es plantar cara al monocultivo turístico rescatando esquinas con historia. La prueba piloto arrancó el pasado jueves con la primera reapertura en la calle Comtal, obteniendo una respuesta vecinal inmediata y positiva.

El siguiente hito en la hoja de ruta será levantar la persiana, tras las obras, en el céntrico local de la calle Santa Ana.

Números rojos antes del pico

Pale Rider SL —participado por Jordi Matas, cocreador de los restaurantes japoneses Kibuka— asume que el primer año se cerrará con pérdidas debido al esfuerzo inversor para remozar las tiendas una a una. Sin embargo, los números que maneja la compañía a medio plazo apuntan alto.

Proyectan alcanzar un negocio recurrente de entre tres y cuatro millones de euros anuales cuando la red vuelva a operar a pleno rendimiento.

El retorno a lo auténtico

El rescate de El Mos evidencia un cambio de rasante en los hábitos urbanos. La congelación y la prisa terminaron por desdibujar el alma de muchas marcas históricas, pero la respuesta del consumidor actual demuestra que lo ultraprocesado empieza a cotizar a la baja.

Reabrir las puertas con el olor a harina y fermentación lenta es declarar la guerra al consumidor efímero, devolviendo el pan al lugar del que nunca debió salir.