Fotomontaje con el empresario Jonathan Andic y la plaza Francesc Macià

Fotomontaje con el empresario Jonathan Andic y la plaza Francesc Macià Crónica Global

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Andic, Vila Casas, Cellex y los viejos vicios de los nuevos burgueses catalanes

‘Crónica Global’ recopila una lista de los últimos escándalos del patriciado catalán, con historias de dinero, sexo, traiciones y perversiones

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Hace casi un siglo del demoledor retrato que Josep Maria de Sagarra escribió sobre la burguesía catalana en Vida Privada (1932). En su obra, las viejas familias patricias y aristocráticas aparecieron moralmente podridas y atrapadas en una espiral de dinero, sexo, traiciones y perversiones.

Si hoy Sagarra se levantara de la tumba y escribiera un nuevo relato del patriciado catalán, el telón de fondo habría cambiado: los salones aristocráticos y los grandes cafés serían oficinas de fondos de inversión o lujosos showrooms. A las familias herederas del textil o el farma se le habrían sumado startuperos, brokers, criptobros y expats. El Liceu sería sustituido por el club de Polo. Los escenarios y los códigos habrían cambiado, pero la hipocresía, el dinero, las apariencias y los vicios serían los mismos.

La imagen de Jonathan Andic engrilletado y acusado de matar a su padre, el hombre más rico de Cataluña, es el tema del año. Pero para quien conoce la historia de los burgueses catalanes del último siglo y su currículum de perversiones y traiciones, no sorprende. Ya no se puede épater le bourgeois, aquel grito de guerra de los poetas decadentes y simbolistas del siglo XIX francés. ¿El motivo? La lista de escándalos es tan larga, y las inmoralidades tan perversas, que a nadie ya le extraña nada. Los ricos son raros, y entre los raros, los más raros son los ricos catalanes.

Crónica Global ha recopilado algunos de los escándalos más sonados de los últimos años en Cataluña. El más reciente es el más impactante. El fallecido –o asesinado– Isak Andic era, además del hombre más rico de Cataluña, buen amigo de estas familias pudientes que hoy especulan con lo que sucedió aquel fatídico 14 de diciembre en Montserrat, cada cual con sus teorías sobre la Fundación, el móvil del presunto crimen o el hecho de que el hijo de Jonathan naciera nueve meses después de la muerte del padre, en lo que algunos imaginan una noche de celebración o un desesperado intento por escapar de lo que judicialmente se conoce como herencia indigna.

Ha sido, al margen de esta novedad, un invierno intenso en las sobremesas de los privées de la zona alta de Barcelona, donde crece la sensación de desamparo y desubicación, con un modus operandi navajero, antaño exclusivo de los barrios de periferia y después ocupante de los callejones de las viejas ciudades.

El paradigma de Cellex y Vila Casas

Si hay dos casos que ejemplifican con precisión quirúrgica el modelo de podredumbre catalana en su versión más sofisticada, esos son las fundaciones Cellex y Vila Casas. Dos instituciones nacidas de la filantropía genuina de dos patricios (Pere Mir y Antoni Vila Casas) y convertidas, tras su muerte, en escenario de expolio, luchas de poder y retribuciones opacas. Muerto el mecenas, albaceas, herederos y viudas se lanzaron sobre el dinero con el cadáver aún caliente.

Pere Mir, que forjó su fortuna al frente de Derivados Forestales y que volcó su patrimonio en la filantropía a través de dos fundaciones (Cellex, centrada en la investigación médica, y Mir Puig, de perfil más asistencial), había canalizado más de 120 millones de euros hacia hospitales, universidades y centros de investigación. Un legado extraordinario que sus albaceas convirtieron en materia prima para el enriquecimiento propio.

La instrucción abierta en el Juzgado número 12 de Barcelona cifra en al menos 6,2 millones de euros el perjuicio patrimonial causado a las fundaciones, con hasta 16 operaciones presuntamente fraudulentas: transferencias a cuentas personales, donaciones de joyas y bienes inmuebles, subidas de sueldo injustificadas y pensiones vitalicias.

El caso estalló en abril de 2025, cuando el Protectorado asumió el control de las fundaciones tras un requerimiento judicial. Poco después, los Mossos detuvieron a los tres albaceas del testamento: Jordi Segarra, el renombrado oncólogo Josep Tabernero y el abogado Juan Francisco Capellas.

Por otro lado, la historia de la Fundació Vila Casas es una corruptela más d'anar per casa. Fundada por el empresario farmacéutico Antoni Vila Casas, la crisis estalló cuando, tras su muerte en septiembre de 2023, el testamento destapó que sus activos habían sido legados a las sociedades patrimoniales, no a la Fundació. A partir de ahí, el relato se precipitó: la viuda del fundador cesó al tesorero y lo sustituyó —junto a su hija— por personas de su entorno más íntimo, incluido su actual marido.

Fuentes próximas alertaron de una presunta trama de retribuciones opacas que habría beneficiado a varios patronos, con pagos encubiertos, gastos personales a cargo de la entidad y una reestructuración que colocó a familiares directos al frente. Y como colofón, el patronato ha acordado querellarse contra su exdirector general Joan Torras por administración desleal, apropiación indebida y falsedad documental, acusándole de haberse apropiado de unos 400.000 euros.

El siempre delicado Barça

Esta manera de corromper, traicionar y defenestrar –desde el sentido metafórico al más literal– ha salpicado a empresas, fundaciones, partidos políticos y también al deporte, sector millonario donde todo el mundo tiene intereses y que en Cataluña tiene nombre propio y domicilio en la calle Arístides Maillol de Les Corts.

Si bien el Barça nunca ha sido ajeno a los navajazos, en los últimos años los escándalos se han sucedido uno tras otro en el fútbol catalán, con una FCF en permanente sospecha y unas recientes elecciones a la presidencia del Barça donde el fair play ha brillado por su ausencia.

Bajo la permanente sombra de Negreira, Joan Laporta se impuso con contundencia a Víctor Font. En las vísperas de los comicios, este medio explicó su obsesiva noche parisina, al más puro estilo Eyes Wide Shut, en la que, con una conducta pasada de vueltas, presuntamente acosó verbalmente a trabajadoras. El defenestrado eterno candidato a la presidencia blaugrana, sea como fuere, cayó en desgracia, y no logró caer simpático al soci ni consiguió, como pretendía, proyectar a su adversario como un chorizo. También contó con la prescindible ayuda de Xavi Hernández, que despotricó de Laporta en La Vanguardia. Infructuosamente.

Es habitual referirse al presidente culer como “un lladre, però el nostre lladre”, y también vincular todo lo que ocurre en el club con, entre otros, el gigante audiovisual Mediapro, cuyos fundadores se han peleado entre sí y pasado a mejor vida en el grupo. Del triángulo Laporta-Roures-Cruyff podrían correr ríos de tinta.

La demolición de Mediapro

Hoy en manos chinas, al menos sobre el papel, Mediapro ha vivido desde dentro un gran divorcio entre dos de los prohombres catalanes: sus fundadores Jaume Roures y Tatxo Benet. Peleados y fuera de la empresa, su cisma también ha contribuido a destrozar al gigante audiovisual, otrora un tótem de la comunicación audiovisual y hoy al borde de la quiebra.

Benet también está enfadado con Sandro Rosell, hasta el punto de que ambos no pueden coincidir en las mismas fiestas, y que ha obligado a intervenir al mismísimo Josep Pujol, hijo del expresident para quien la Fiscalía pide 14 años de cárcel. "Si él va, yo no voy", aseguran que dice el expresidente culé, quien pasó dos años en la sombra por un delito que nunca se probó, y de cuya motivación se podría especular también largo y tendido.

Un narco en el palco del Godó

Que los ricos han perdido su clase también se percibe cuando, en el palco del Godó, aparece Chencho, el 'ex-narco' catalán extraditado por la administración Trump, junto a los hermanos Gallardo, dueños de Luz de Gas, la discoteca favorita de los jóvenes y de los viejos de bien.

Por último, Miguel Ángel Cadarso, el gran relojero catalán, ha sido señalado recientemente por embestir reiteradamente un coche con una niña dentro en el Paseo de la Bonanova con su Maserati de altísima gama.

En el capítulo empresarial, los terremotos se cuentan por decenas. Los Grífols, los Lara o los Rubiralta podrían copar páginas enteras de enemistades fratricidas y engaños. Pero esa es otra historia. Esta, sin embargo, termina aquí.