Mar Manrique, experta en cultura digital

Mar Manrique, experta en cultura digital GALA ESPÍN Barcelona

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Mar Manrique, experta en cultura digital: “En internet también nos han vendido esta ‘mentirijilla’ de la meritocracia”

La creadora de la newsletter Fleet Street, y copresentadora de Watif TV, publica el ensayo Un trabajo soñado (Península)

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La carrera de Mar Manrique (Barcelona, 1998), experta en cultura digital, es el vivo ejemplo de las oportunidades que ofrece internet.

Recién graduada en Periodismo, hace justo cinco años, puso en marcha una newsletter, Fleet Street, que hoy supera los 10.000 lectores, y que no ha dejado de abrirle puertas y darle alegrías.

Por citar solo dos hitos recientes: su papel en el lanzamiento del stream Watif TV, que copresenta junto al periodista Emilio Doménech, y el Premio APM al Periodista Joven del Año.

Mar Manrique, experta en cultura digital

Mar Manrique, experta en cultura digital Gala Espín Crónica Global

Pero, lejos de convertir estos logros en una receta de éxito, Mar parece haber aprendido más de sus errores que de sus aciertos; de los problemas de internet más que de las virtudes.

En su nuevo ensayo, Un trabajo soñado (Península), reflexiona sobre lo que significa vivir de internet: lo bueno, lo feo y lo malo.

- Internet se ha convertido para muchos en una especie de “sueño americano” contemporáneo, un lugar en el que todo el mundo puede triunfar, pero también puede ser una auténtica pesadilla. ¿Hacia dónde te inclinas más?

- Yo creo que estoy un poco en medio del camino. A nuestra generación, los nativos digitales —o casi— se nos ha vendido una idea de meritocracia: que si haces un grado, un máster, acabarás consiguiendo ese trabajo soñado. Y eso también pasa en el entorno online.

En internet también se nos ha vendido esta “mentirijilla” de la meritocracia: que si publicas mucho, si estás dentro de esa rueda de hámster y produces constantemente, podrás llegar a esa cúspide de vivir de tus propios proyectos, de ser influencer y cobrar tres mil euros por una story

La realidad es que vemos que mucha gente se queda por el camino. Y ahí es cuando se convierte un poco en pesadilla, porque estás todo el rato intentando producir y seguir esas lógicas de internet, que te exigen ir acelerado y estar siempre al máximo, pero te quedas a medio camino. Veo a mucha gente que empieza newsletters o podcasts y a las pocas semanas lo deja. Y da pena, pero también lo entiendo, porque les han vendido una idea de éxito muy concreta: que puedes “petarlo” y que con un solo vídeo puedes alcanzar millones de visualizaciones.

Y la realidad no es esa. Ya no es solo cuestión de constancia, muchas veces hay un factor de suerte y de azar: a veces el “hada” de Internet te toca y a veces no. 

- ¿Dónde está el límite entre vocación y autoexplotación y por qué internet lo desdibuja más?

- Cuando yo salí de la universidad y daba charlas a recién graduados, siempre les aconsejaba: crea un proyecto propio. Haz un podcast, una newsletter, una estrategia de redes; especialízate. Sé muy pesado en redes sociales, sé muy pesado en internet, publica constantemente.

Con el paso del tiempo, lo que veo es que este sistema es muy perverso. Yo pasé por el aro, pero creo que no era tan consciente de que esa línea entre vocación y autoexplotación se desdibujaba muy rápido. Me he encontrado muchas veces volviendo de una boda o de una fiesta, a las cinco de la mañana, revisando las faltas ortográficas de mi newsletter porque se enviaba al día siguiente. Y eso creo que es muy peligroso.

Ahora, cuando doy charlas a recién graduados, ya no les aconsejo solo crear un proyecto propio, sino que les digo: mira el sistema por lo que es, mira lo que te pide el periodismo —o cualquier profesión—, mira si te apetece crear esta marca personal y si te apetece exponerte a esta autoexplotación, porque no creo que ahora mismo haya una solución clara a eso.

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- Dices que vivimos en un mundo cada vez más “trabajocentrista”. ¿En qué sentido?

- Pues en que el primer pensamiento que tengo al despertarme tiene que ver con el trabajo. Lo primero que hago es mirar el correo electrónico, abrir Slack para ver si me han escrito mis compañeros, y también estoy expuesta a los mensajes de WhatsApp, porque tengo un grupo de trabajo en el que estamos todo el rato hablando.

La vida personal se desdibuja mucho y el trabajo entra constantemente en ella. Sobre todo por la tecnología, que hace que estemos súper conectados con nuestros compañeros y con nuestros jefes, y eso hace que poner límites sea muy complicado.

Ya no es solo una decisión individual de decir: “Me desconecto y a partir de las nueve no miro el móvil”. Porque si mi jefe me está escribiendo a esas horas, yo estoy participando en un sistema en el que no solo tengo una responsabilidad individual.

Y creo que ahí está lo difícil. La solución tiene que venir de algo más grande, no sé si de arriba o más comunitario. Porque si yo pongo límites, puede que eso acabe provocando que me echen. Siempre habrá alguien dispuesto a contestar esos correos a las nueve de la noche, porque necesitas cobrar un sueldo y pagarte el alquiler.

Mar Manrique, experta en cultura digital

Mar Manrique, experta en cultura digital GALA ESPÍN

- Lo mencionas en el libro: España concedió cerca de 28.000 autorizaciones de residencia para teletrabajadores en 2024. Se ha popularizado la idea de trabajar desde cualquier lugar, incluso desde una playa con un coco en la mano, como viste tú en Fuerteventura, cuando estuviste conviviendo con nómadas digitales. ¿Qué aprendizajes sacaste de esa experiencia?

- Yo siempre había imaginado que ser nómada digital era una experiencia súper liberadora, casi catártica. Por lo que había leído y por las conversaciones con personas que ya lo eran, lo veía como la posibilidad de que trabajo y ocio se dieran la mano: tener una reunión y, después, ir a hacer surf, por ejemplo. Era un planteamiento muy idílico.

La realidad que encontré es otra. Puede ser un trabajo muy solitario y a veces cuesta desconectar, porque los horarios te los marcas tú mismo, algo que también ocurre con los autónomos. 

Por otro lado, lo que vi en el co-living en Fuerteventura me mostró que el concepto de nómada digital ha cambiado por completo. Ya no hablamos solo de personas que saltan de ciudad en ciudad, de Berlín a Lisboa. Hoy también son personas que deciden ir a un co-living por una semana de vacaciones para conocer gente con intereses similares.

El concepto se ha expandido y creo que seguirá evolucionando. No es necesario estar siempre moviéndose de un lugar a otro. Todos necesitamos un ancla, un hogar. Como digo en el libro, la novedad constante también cansa.

Portado de 'Un trabajo soñado', de Mar Manrique

Portado de 'Un trabajo soñado', de Mar Manrique Península

- Este fenómeno tiene un impacto claro en ciudades como Barcelona. ¿Qué efectos crees que está teniendo este fenómeno a nivel social y urbano?

- Bueno, ese es el tema. En el co-living de Fuerteventura coincidí con dos chicas alemanas que vivían en Barcelona. Hablaban español, se habían integrado, pero trabajaban para empresas externas, así que tenían un salario mucho mejor. Su círculo social era casi exclusivamente de expats.

Me contaban que querían comprarse una vivienda aquí. Yo veía que estaban viviendo ese sueño catalán-español que cualquiera querría tener. A mí me encantaría comprarme un piso en mi pueblo, pero sé que no lo voy a conseguir. Ellas, en cambio, podían hacerlo gracias a sus mejores condiciones salariales.

Esto es como con la inteligencia artificial: no somos del todo conscientes del impacto que tiene en el trabajo, en el periodismo o en la brecha de la vivienda. Estos días se ha viralizado un gráfico en el que se ve cómo desde 2018, los salarios netos y brutos han bajado mientras los alquileres se han disparado. En este contexto, los nómadas digitales dejan a la gente local sin herramientas reales para encontrar su propio espacio.

Creo que es preocupante, aunque no es el único factor que explica los problemas sociales o económicos de Barcelona.

- El teletrabajo…. ¿favorece o dificulta la conciliación?

- Nos lo han vendido como algo que facilita la vida, pero la realidad es bastante distinta. Lo hablaba con Leticia Sala, que me presentó el libro. Ella es madre y explicaba que trabajar desde casa mientras cuidas a un hijo pequeño convierte la idea de “conciliar” en un absoluto delirio. Es una mentira, porque estás siempre pegado a la tecnología, pendiente de que no piensen que no estás cumpliendo con tu trabajo.

Siento que el teletrabajo más bien ha exacerbado lo negativo: hace que estemos más enganchados y comprometidos, más atrapados en el trabajo que nunca.

- Escribes mucho sobre "la marca personal". Promete autonomía y visibilidad, pero también implica estar constantemente expuesto. ¿Hasta qué punto nos estamos convirtiendo en producto?

- Somos como detergentes esperando en la balda del supermercado a que alguien nos escoja. No solo los perfiles creativos, también los consultores y los psicólogos están colgando TikToks. Todo el mundo está utilizando las redes sociales como herramienta de trabajo y como marca personal, y esto hace que se desvirtúe y se desdibuje el propósito inicial por el que surgió internet.

Entrar dentro de esas lógicas es súper cansado. Corremos el peligro de que todas las redes sean una prolongación de LinkedIn. Instagram ahora funciona como LinkedIn, Twitter lo mismo. Todo el rato estamos expuestos a esa posible mirada del reclutador, a ver si nos pueden conseguir algo de trabajo o algún rédito económico.