Los recelos mostrados en los últimos tiempos por la cúpula directiva de Iberdrola sobre el mercado español por la inseguridad jurídica que generaba un marco regulatorio demasiado cambiante no se han correspondido con la apuesta inversora de la energética durante el último año, en el que después de mucho tiempo España ha vuelto a ser el primer destino en este capítulo. Y, además, precisamente en un 2022 en el que la compañía ha registrado sus máximos históricos tanto en beneficios como, precisamente, en inversiones.

Los resultados anuales publicados por Iberdrola el pasado miércoles afloran una espectacular cifra de 10.730 millones de inversión a lo largo de 2022, cantidad de la que un 27,1% se dedicó al crecimiento orgánico de la empresa en el mercado interno. 

 

De este modo, España volvía a superar a EEUU, que durante los últimos años había sido claramente el primer destino inversor para la corporación presidida por Ignacio Galán.

Para muestra, el ejercicio anterior a la llegada de la pandemia, en el que EEUU acaparó algo más de un tercio de las inversiones de Iberdrola, concretamente un 34,6%, más de 13 puntos por delante de España, que aglutinó el 21,4% del total.

Recelos

Un año antes, las diferencias entre ambos no fueron tan amplias pero, sin embargo, el peso de España en el total fue más reducido y apenas alcanzó el 19%, frente al 24,4% de EEUU. 

El pasado mes de noviembre, durante la celebración del Día del Inversor, en el que Iberdrola presentó al mercado la actualización de su plan estratégico hasta 2025, tanto el por entonces recién nombrado consejero delegado de la compañía, Armando Martínez, como el director financiero, José Sáinz Armada, se deshicieron en elogios hacia el mercado estadounidense debido a su estabilidad regulatoria y los atractivos que ofrece para la inversión.

Contra el Gobierno

El contrapunto lo marcaba el mercado español, del que la energética admitió recelos debido a las reiteradas modificaciones regulatorias que presenta. Por entonces, acababa de aprobarse en el Congreso el nuevo impuesto con el que el Gobierno pretende gravar lo que considera como beneficios extraordinarios derivados de los elevados precios en el mercado.

Un figura fiscal que ha generado un fuerte choque entre el Ejecutivo y el sector, que ha terminado en los tribunales merced a los múltiples recursos presentados contra la medida, entre los que se encuentra el de Iberdrola, que fue la primera en anunciarlo de parte de su presidente.

El dinero de los accionistas

“Nosotros somos gestores y, como gestores, nuestra obligación es poner un dinero que no es nuestro, sino de los accionistas, allí donde mejor rendimiento pueda generar”, señaló el Ejecutivo en aquella multitudinaria cita con analistas e inversores en Londres. 

No ha sido precisamente España el mercado en el que Iberdrola ha protagonizado su mejor desempeño en 2022. Al contrario, la propia compañía ha admitido que ha supuesto un pesado lastre para sus cuentas, con un descenso de los beneficios del 19%, que contrasta con el incremento del 11,7% registrado en los resultados globales para totalizar 4.339 millones de euros.

Más inversiones, mayor beneficio

Una cantidad que supera los objetivos consignados a comienzos del año, que apuntaban a 4.200 millones en su horquilla más elevada, y una variable que volverá a tener en el mercado interno un freno en este 2023 si se cumplen las guías que Iberdrola ha compartido con los inversores. 

Así, la compañía espera que sus beneficios podrían elevarse entre un 8% y un 10% pero también que el efecto negativo del nuevo gravamen detraerá unos 200 millones del resultado neto, lo que dejaría la mejora en torno al 5%.

Para el año que acaba de empezar, la compañía también espera batir el récord de inversiones, por encima de 11.000 millones de euros; por ver está si España mantiene el peso que ha tenido en 2022 o el equipo gestor aplica los mensajes que dirige a los mercados.