El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, en un fotomontaje  / CG

El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, en un fotomontaje / CG

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Goirigolzarri, hombre clave en la fusión entre Caixabank y Bankia

La trayectoria y perfil del economista vasco facilita una operación que se espera cerrar en cuestión de semanas

5 septiembre, 2020 00:00

José Ignacio Goirigolzarri es el ejecutivo que se ha convertido en otra de las claves que llevarán en los próximos meses al nacimiento del primer banco de España. La entidad resultante de la integración de Bankia en Caixabank desbancará al Banco Santander de Ana Botín. Si en 2012 la integración de la gobernanza de ambas entidades dinamitó el primer intento de fusión --Isidro Fainé y Rodrigo Rato querían mantener el poder--, el papel del economista vasco facilita ahora la operación.

De entrada, su trayectoria es reconocida por el accionista mayoritario del banco catalán. El presidente de la Fundación Bancaria La Caixa, Isidro Fainé, siente desde hace tiempo admiración por el banquero y por su trayectoria profesional. Su nombre fue uno de los que sonó con más fuerza cuando el Banco Central Europeo obligó a reestructurar el grupo financiero en el verano de 2016. Finalmente, Jordi Gual asumió la responsabilidad con las funciones no ejecutivas que le requerían desde Bruselas.

El último del ‘clan Neguri’

El sector le reconoce la valentía a Goirigolzarri de ponerse al frente de Bankia en su momento más difícil, en mayo de 2012. Llevaba tres años en la reserva por la decisión de Francisco González de apartarlo de la cúpula del BBVA para acaparar él todo el poder. Al quitarse de encima al último representante en la cúpula del llamado clan Neguri, González le convirtió a una edad temprana en un banquero prejubilado de dilatada experiencia; el currículum que se requería en ese momento para reflotar Bankia.

El consejero delegado de Caixabank, Gonzalo Gortázar (i), y el presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri (d), junto a las oficinas principales de ambas entidades / FOTOMONTAJE CG

El consejero delegado de Caixabank, Gonzalo Gortázar (i), y el presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri (d), junto a las oficinas principales de ambas entidades / FOTOMONTAJE CG

Tomó las riendas de un grupo financiero bajo la lupa judicial y cuya cúpula estaba sentada en el banquillo de los acusados. Incluso se arriesgó a acabar imputado por el agujero que existía y que requirió el rescate público, tal y como se le reconoce desde el sector. “Tiene sentido de Estado”, indican.

Reestructuración de Bankia

Su trabajo en la entidad es reconocido y aplaudido. “Se comió el marrón”, coinciden los interlocutores consultados. Entre otras cuestiones, bajo su batuta se aprobó el mayor expediente de regulación de empleo (ERE) que se ha aplicado hasta la fecha en España. Implicó el despido de unos 7.000 empleados y el cierre de más de 1.000 oficinas.

No es una cuestión menor, ya que el banco que nazca de la fusión en ciernes contará con unos 51.500 trabajadores y más de 6.700 oficinas. Los sindicatos ya han lanzado un aviso sobre las medidas sociales que requerirán ante la futura reestructuración que se espera y Barclays ha dado la primera cifra: sobran, como mínimo, 1.411 sucursales.

Discreción en lo político

La figura de Goirigolzarri ha salido reforzada al sacar Bankia a flote. Ha pasado de ser un gestor a contar con predicamento en los foros económicos. Además, se le reconoce la capacidad de eludir controversias políticas. De trato fácil, se ha sabido mantener en una neutralidad compleja en el contexto político actual, un terreno pantanoso con extremos cada vez más definidos.

También juega a su favor que no es un banquero de Madrid, una imagen que generaría tensiones especialmente en Cataluña. Se le otorga una “humildad intelectual” que facilitaría la integración de dos entidades con “culturas muy parecidas”, una fórmula manida para indicar que tanto Caixabank como Bankia intentarán evitar a toda costa que las controversias de la fusión se hagan públicas.

Pugna en la segunda línea

La presencia de Goirigolzarri facilita el reparto de responsabilidades en la primera línea de mando. Los analistas destacan que su perfil se compensa con el del consejero delegado de Caixabank, Gonzalo Gortázar, quien tiene todos los números para seguir en el cargo en el grupo resultante. Del primer espada de Caixabank destacan su perfil de banquero centrado en la gestión y con pocas intenciones de asumir un papel más institucional.

El consejero delegado de Caixabank, Gonzalo Gortázar / EFE

El consejero delegado de Caixabank, Gonzalo Gortázar / EFE

De esta forma, las discrepancias sobre cómo se diseña la futura entidad se darán a partir de las segundas líneas. Aunque se plantee como una absorción de Bankia por parte de Caixabank, no está tan claro que la estructura de la futura gobernanza en su visión más amplia decante la balanza a favor de la entidad de origen catalán.