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La quedada borbónica y el rey de Tabarnia

Felipe VI no tiene a Suárez, González, Tarradellas y Carrillo y debe lidiar con Rajoy, Sánchez, Rivera, Iglesias, Rufián y Puigdemont. Juan Carlos I cumple ochenta

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La familia del Rey, que no es lo mismo que la Familia Real, se ha juntado por Navidad para agasajar a Juan Carlos I, el monarca emérito. Hacía años que en La Zarzuela no se veía una quedada borbónica tan completa, con las infantas Margarita y Pilar, la también infanta Elena, los nietos Victoria Federica y Froilán (1.400 euros fue la cantidad que le distrajeron en el bingo del Canoe), la princesa Leonor y la infanta Sofía, primos, tíos postizos, cuñados y un amplio etcétera del que sigue fuera la rama Urdangarin-Borbón. En suma, casi toda la baraja: cuatro reyes, la mayoría de figuras y todos los palos.

El caso es que Juan Carlos I va a cumplir 80 años el próximo 5 de enero, razón de la borbonada referida y razón por la que el Rey reinante le ha levantado el veto para participar en la Pascua Militar, festividad de Reyes. La abdicación le sienta cada vez mejor a don Juan Carlos. Ya no cojea, camina algo más erguido, habla sin vacilaciones, disfruta de un estómago a prueba de huevos fritos con chorizo y está de un humor en general excelente, salvo cuando se le ningunea en el plano institucional. Su hijo el Rey Felipe recibe más elogios que censuras y las condesas viejas vuelven a ser monárquicas, avanza Emilia Landaluce en La Otra Crónica de El Mundo. Detalle importante en un país en el que los primeros republicanos y los últimos monárquicos se hacían llamar juancarlistas para esquivar el tema.

Felipe VI capea el temporal sin la complicidad y facilidades que la clase política de la Transición dispensó a su padre. Carece de un Suárez, un González y un Tarradellas. Ni siquiera tiene a un Carrillo. Se debe enfrentar sin cuenta en Twitter a tipos como Pablo Iglesias o Gabriel Rufián, que sólo saben decir que no le han votado. Rajoy y Sánchez mantienen las distancias, como si el Rey les fuera a perjudicar más de lo que ya se perjudican solos, y Rivera se moja lo justo. A mayor abundamiento, ha resucitado el carlismo de la mano de Puigdemont.

Adiós a la bula mediática

Tampoco tiene el Rey quien le escriba. La Corona perdió definitivamente la bula mediática en la cacería de Botsuana. Para los fotógrafos, tanto montan Piqué y Shakira como Felipe y Letizia. Belén Esteban es la princesa del pueblo y hay más gente que se iría de cañas con ella que con la Reina. Es lo que hay, 

Con eso y con todo, el Rey no sólo ha estado al quite catalán sino que ha sabido enderezar el rumbo de una institución que los partidos consideran prescindible. Sin embargo, ha jugado un papel más que notable en la crisis catalana, cosa que no pueden decir todos los líderes políticos. No se ha ganado más enemigos de los ya que tenía y sus dos últimos discursos han suscitado, por comparación, una cierta onda felipista en pertinaces salones republicanos porque consideran que no es lo mismo la monarquía multinacional del Borbón que la república plurinacional del coletas. Es más, ahora mismo en la Esquerra hay paisanos que prefieren el yugo felipista a la república carlista y Tabarnia es monárquica porque Tabarnia será cristiana o no será.