Menú Buscar
Mayelin Santana 'tuerce' un habano en su visita a Barcelona.

'Torcer' para dar con el habano perfecto

El ‘torcido’ de los cigarros puros da a cada pieza un aroma, tamaño y fortaleza propios y singulares

Margalida Vidal
4 min

Hace 18 años, Mayelin Santana Gonzalo se apuntó a un curso de torcedores en la provincia de Cienfuegos, en el sur de Cuba. Desde entonces, hace habanos. El proceso artesanal detrás de la elaboración de un puro cubano, los más prestigiosos del mundo, es todo un ritual. Incluso una ciencia. Esto sí, inexacta; cada pieza es única. Desde la producción de las hojas de tabaco, pasando por la colecta, el secado y la selección, hasta llegar al torcido de los puros y su distribución.

Es una cultura muy arraigada en Cuba, de la que sus habitantes se enorgullecen. “Mi abuelo ya sembraba tabaco, es muy habitual allá”, explica Santana. Y aquí es muy preciado. 

Mayelin ha dejado su tierra natal durante unas semanas para viajar a Barcelona y dar a conocer su oficio. El olor característico de los puros hace detenerse a los peatones curiosos que pasan por delante del estanco donde se ha instalado para hacer habanos. En 10 minutos tuerce dos puros mientras revela cómo se hace un buen cigarro.

El secreto de los habanos

Maestros torcedores, maestros ligadores, maestros catadores… Cada uno tiene su función en la elaboración de los puros. Pero el verdadero secreto, según Santana, es el torcido. De ello depende el aroma, el tamaño y la fortaleza de cada pieza. Según su vitola, es decir, la anilla identificadora con la marca y el tipo de puro, cada pieza tiene unas características concretas.

 Cada tipo de hoja aporta un elemento distinto a los puros.

Cada clase de hoja aporta un elemento distinto al producto. La artesana enumera las diferencias: el volado son las hojas más bajas de la planta; el seco, responsable de dar el aroma, comprende la parte central; y el ligero, el conjunto de hojas superiores, se usa para conseguir una fortaleza determinada y solo se introduce en tabacos específicos.

Todo ello sale de las mismas tabaqueras, cultivadas en extensos campos al sol. Pero existe una cuarta categoría, cuyo cultivo se cubre con unas telas mosquiteras gruesas para conseguir unas hojas finas, elásticas y sedosas. Estas son las que conforman la última capa que cubre el puro.

Tradición y difusión

El proceso no está mecanizado. Son los torcedores quienes se ocupan de elaborar los habanos a mano, con la única ayuda de un cortador y una guillotina. En la fábrica de Cuba tienen también una prensa, relata Santana, donde se colocan los puros para que queden más compactos.

“Mientras trabajamos nos leen noticias y cuentos, como se ha hecho toda la vida, y cuando vienen visitas, en vez de aplaudir, chavediamos [golpean con el cortador en la tabla]”, afirma la torcedora. La tradición sigue despierta y prácticas como estas todavía se conservan.

La innovación en el negocio es la promoción, que llega a todos los rincones del mundo. Incluso en Estados Unidos, donde el deshielo ha hecho legal desde enero consumir puros procedentes de Cuba.

Cursos, jornadas, exhibiciones, concursos y este viaje, una especie de gira que ha llevado a Santana a Azerbaiyán y España. Después de pasar por Madrid y Barcelona, esta próxima semana terminará su difusión de El arte de hacer habanos en Girona, donde concluye su recorrido.